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Red Internacional

Arce desconoce a legítimos dirigentes. Vuelven las movilizaciones y enfrentamientos cocaleros en La Paz

Desde el lunes 1 de agosto, las calles de La Paz, nuevamente se han transformado en campos de batalla entre las fuerzas policiales al servicio de la burocrática y oficialista dirección cocalera de Alanes, que pretende, con ayuda del Gobierno, controlar sin respaldo de bases campesinas la “Asociación Departamental de Productores de Hoja Coca de La Paz” (ADEPCOCA).

Lunes 8 de agosto | 10:19 | Edición del día
Foto: Carlos Sánchez (Página Siete)

Luego de varios meses de calma, la disposición del viceministerio de la coca, de autorizar la apertura del mercado paralelo, impulsado por Alanes en la zona de villa El Carmen, desconociendo el mercado de coca de Villa Fátima, ha reavivado el conflicto por el control del mercado de ADEPCOCA.

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Miles de campesinas y campesinos cocaleros se han empezado a movilizar todos los días en rechazo a la resolución del viceministerio y exigiendo el respeto a las bases campesinas que ya han establecido en reiteradas oportunidades a su legítima dirección.

La resolución que reabre el conflicto cocalero se produce luego de que las profundas disputas internas en el MAS llevaran a una ofensiva del “evismo” contra los sectores renovadores del gobierno, encabezados por la dupla presidencial. Esto se traduce en políticas que buscan preservar al evismo, aunque las mismas puedan traer serios problemas al Gobierno de Arce, como sucede con la disputa sobre el mercado de la coca donde afines al evismo pretenden controlarla aun sin respaldo de sus bases. Esta nueva ofensiva sobre ADEPCOCA, es en suma el resultado de un pronunciado giro a derecha por parte del Gobierno de Arce que viene implantando en forma creciente medidas de ajuste antiobrero como sucede en estos momentos en los aeropuertos del país.

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La decisión del gobierno de Arce, empujados por el evismo luego de que éste amenazara transformarse en la más sólida oposición al Gobierno, de volver al ataque contra las bases cocaleras para imponer una dirección que solo cuenta con el respaldo de la represión policial, es un intento de contener las disputas internas del MAS ofreciéndole una concesión al evismo. Es decir, concesión que consiste en que los problemas de control y erradicación de cocales se trasladen a los yungas paceños y no al Chapare cochabambino que podría tener efectos perjudiciales en la carrera electoral de Morales pensando el 2025.

La raíz de los problemas tiene su origen en el respeto que durante 14 años el Gobierno de Morales expresó ante todas las normas y acuerdos internacionales para la erradicación de cocales, y cuya última expresión fue la Ley 900 promulgada por Evo Morales un par de años antes del golpe de Estado. Recordemos que estas disposiciones fueron impuestas desde EE.UU. a los diversos gobiernos neoliberales con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico y continuadas luego por Evo y ahora por Arce.

¡Basta de injerencia estatal en las organizaciones obreras, campesinas y populares!

Ante el retorno de los enfrentamientos y del tronar de las dinamitas, se hace urgente respaldar y defender las legítimas demandas de las bases campesinas cocaleras en defensa de su asociación de comercializadores. Hay que impedir que la reaccionaria política de Arce y su Gobierno empuje nuevamente a las bases campesinas detrás de proyectos derechistas o golpistas. Es urgente impulsar de manera independiente, al calor de la movilización, la lucha por imponer el “libre cultivo, comercialización e industrialización de la coca”. Consigna que fue el motor de la resistencia campesina contra la erradicación forzosa de neoliberales durante la década de los 90.

Hoy esta demanda es más urgente que nunca, no solo para evitar los enfrentamientos entre cocaleros del chapare y cocaleros de los yungas paceños, sino fundamentalmente para establecer una política alternativa en la lucha contra el narcotráfico, no basada en la represión de las comunidades productoras sino basado en la legalización e industrialización de la coca. Solo una genuina política antimperialista, que termine con la violencia y la represión y avance en la industrialización de la hoja de coca puede abrir un camino alternativo a la violencia que hoy se desarrolla en las calles de La Paz.


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