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Red Internacional

Editorial. Una democracia de clase

Una semana en la que se dinamitaron los discursos sobre el “consenso democrático” tras los hechos que demuestran cómo funciona el poder real. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los jueves de 22 a 24 h por Radio Con Vos, 89.9.

Jueves 8 de diciembre de 2022 | Edición del día
  • Esta semana, en el transcurso de algunos días, presenciamos una serie de hechos que dinamitaron todos los discursos que se venían pronunciando sobre la necesidad de un “consenso democrático” o de un acuerdo mínimo sobre reglas transparentes de funcionamiento de la sociedad. Y dejaron en evidencia cómo opera verdaderamente el poder real. Se pueden tener dos actitudes frente a estos acontecimientos: uno es la indignación moral (en muchos casos justa), pero que siga repitiendo los mismos discursos de siempre, u otra posibilidad es tratar de sacar conclusiones políticas. Vamos a intentar ir por este segundo camino.
  • Repasemos someramente los hechos: el fin de semana vio la luz la filtración de una serie de conversaciones de un grupo de chat de Telegram que conformaron empresarios de medios (en particular del Grupo Clarín), funcionarios macristas y jueces. La información habría sido obtenida mediante un hackeo al teléfono de Marcelo D’Alessandro, actual ministro de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires y uno de los participantes del chat. En el intercambio de mensajes aparecen Jorge Rendo y Pablo Casey, directivo y abogado del Grupo Clarín respectivamente; el juez Julián Ercolini, que impulsó, entre otras, la causa “Vialidad” que terminó en la condena a Cristina Kirchner; Juan Bautista Mahiques, fiscal general de la Ciudad de Buenos Aires; su padre, el juez Carlos Mahiques; el juez penal económico Pablo Yadarola; Leonardo Bergroth, ex miembro de la SIDE; Tomás Reinke, publicista; el juez Pablo Cayssials y el mismo D’Alessandro.
  • El grupo se habría conformado con el objetivo de encubrir un viaje realizado en octubre pasado y que tuvo como destino el Lago Escondido y la estancia del magnate británico Joe Lewis, amigo personal de Mauricio Macri. En el intercambio se habla desde fraguar documentos y facturas para justificar el viaje y su financiamiento (se presume que lo pagó Clarín), pasando por intentos de operar a periodistas u operar a través de periodistas, hasta la amenaza de “cargarse un mapuche” para tapar la noticia. Un intercambio jocoso, que evidenció mucha confianza, casi como una familia.
  • ¿Qué mostró todo esto? Bueno, las relaciones carnales entre el Poder Judicial, el poder mediático-empresarial y el poder político, en este caso de representantes de Juntos por el Cambio.
  • Pero, ¿además que evidenció? También reveló que sigue funcionando el espionaje ilegal, los servicios de inteligencia (orgánicos o inorgánicos) a las órdenes de fracciones políticas porque es imposible desvincular el momento y el contexto en el que estos chats se dieron a conocer: horas antes de conocerse el fallo contra la vicepresidenta. O sea, otra de las promesas albertistas (del presidente Alberto Fernández) que terminó negada.
  • A las pocas horas, conocimos el fallo condenatorio contra Cristina Kirchner en la causa “Vialidad” emitido por un tribunal muy cuestionado integrado pormagistrados que iban a jugar al fútbol a la casa de Mauricio Macri. Jueces que fueron claramente parciales porque castigan a un sector y absuelven in limine a otro. Una casta que nadie eligió, pero que sin embargo se reservaron el derecho de decidir quien se puede presentar a las elecciones y quienes no, justamente al decretar la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos a la vicepresidenta.
  • Que hubo corrupción no lo niega nadie. Incluso el “argumento” que presentan es que “siempre hubo” o “cuando yo llegué ya era así”. Ahí existe una responsabilidad política de todos y todas, incluida la vicepresidenta Cristina Kirchner. Así como también en el nombramiento de estos jueces cuyos pliegos fueron aprobados por la mayoría del peronismo y JxC.
  • Mención aparte, en el medio de este lío, merecen Javier Milei y los libertarianos que cuando salen a la luz los privilegios de una verdadera casta, la madre de todas las castas, no solo no la condena, sino que los defiende.
  • Ahora, creo que esto conduce a un debate más profundo. Un debate que se venía retomando a partir de la película Argentina, 1985 y que ayer se discutió, por ejemplo, en una mesa en la que participaron Carlos Pagni, Rita Segato y Eduardo De Pedro en el Centro Cultural Kirchner en un evento organizado por la revista Crisis. Tiene que ver con la democracia como sistema y las libertades democráticas como conquistas. Dos cuestiones que parecen identificarse, pero que sin embargo no son lo mismo.
  • Cuando se discute esta cuestión ¿qué se argumenta desde los defensores de este régimen? Bueno, que la cuestión turbia de los servicios de inteligencia es porque habitan en los sótanos y constituyen una deuda de la democracia; que la casta judicial es una imperfección de la democracia que hay que corregir; que la corrupción estructural —que en general favorece a una misma clase— es una falla que hay que arreglar; que las actuaciones delictuales de las Fuerzas de Seguridad son un problema que hay que enmendar. Si a todo esto le agregamos los grandes problemas sociales (pobreza, precariedad), se suman otras deudas, errores, imperfecciones, fallas etc.
  • La realidad es que si tomamos todas estas cuestiones de conjunto ¿son todas fallas, problemas, errores o son aspectos constitutivos de un sistema político que garantiza con un discurso democrático general todas estas violaciones a derechos democráticos de la inmensa mayoría en beneficio de los derechos-privilegios de una minoría?
  • Insisto, esto no quiere decir negar las libertades democráticas, todo lo contrario: la defensa de esas libertades presupone la lucha contra ese sistema.
  • Precisamente, porque es un sistema en el que “la libertad de los propietarios prevalece claramente sobre libertades democráticas de los ciudadanos”, como escribió el historiador Enzo Traverso en su libro Revolución, una historia intelectual.
  • Creo que el debate pasa por ahí: no en discutir lo que le falta a esta democracia, sino lo que le sobra o que lo que es parte sustancial de su naturaleza de clase.

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