Política Bolivia

TRIBUNA ABIERTA

#1M: retratos de un día laboral en La Paz

Breves historias de trabajadores y trabajadoras en un día laboral recopiladas para el primero de mayo.

Ana Fernanda León

#YoCorresponsal

Sábado 2 de mayo | 11:59

Foto: Día a Día (redes sociales)

Son las 3 de la mañana, se levanta doña Juana. Le cuesta levantarse, todavía es oscuro y hace frío. Llena su caldera para calentar el agua con el que tomará su café de todos los días. Coge una marraqueta de la mesa, esta algo suave, saca de su pequeña nevera un trozo de queso. Se pone dos cucharadas de azúcar, es lo que le endulza el día. Son las 4 de la mañana, la calle estaría vacía de no ser por la presencia de algunos perros, La Paz no se puede ver todavía, pero es donde doña Juana debe llegar. Ella es consciente de que está en el grupo de riesgo, con 74 años, ella debe decidir si quiere morir de hambre o de el virus que tanto miedo provoca en la gente. El único miedo que la invade es poder perder la capacidad de movilizarse, sus piernas, las armas poderosas que tiene para combatir las distancias que la separan de su puesto de trabajo y de ingresos; lastimarse los brazos, que le permiten trabajar y ser independiente. Ella sale de su casa, preparada para su larga caminata. En la primera hora toma cinco descansos, las rodillas le duelen constantemente. Son las 4 de la mañana, se despierta Cecilia, se levanta para hervir las papas, el arroz, el pollo, picar la cebolla, la sopa y el segundo no se hacen solos. Son las 5 de la mañana, Cecilia se pone el barbijo, espera el bus que la transportará al centro de salud donde trabaja.

Son las 5 de la mañana, se levanta Mario, se viste y va a tomar su desayuno, que se lo ha preparado su esposa Delia, quien lo espera para desayunar juntos. Una vez que termina de desayunar, se despide y sale a su garaje para prender el auto para que caliente el motor y pueda emprender su recorrido hacia La Paz, debe recoger a varios trabajadores, para lo cual la ruta que tendrá en el día normalmente se ha establecido el día anterior.

A las 6 de la mañana, doña Juana no ha tenido suerte hoy, no ha encontrado ningún auto que la quiera llevar, sin embargo, ella ya está a mitad de su recorrido. Paralelamente, se despierta Elvira, se ha despertado tarde, debe apurarse para dejar el almuerzo listo, su hija mayor, Estefany se ha despertado antes, ha comenzado a preparar la comida. Son las 7 de la mañana, Elvira y Estefany salen de su casa en las laderas de La Paz y se dirigen al mercado donde venden, que es en el centro de la ciudad, están tarde, deben apurarse. Son las 7 de la mañana, se despierta Karen (nombre ficticio), para despertar ella toma una ducha, su desayuno son huevos revueltos, le gusta hacerse tostadas y tomar un jugo, en esta oportunidad será jugo de naranja. Son las 7 de la mañana, se despierta Juan Carlos, debe tomar su desayuno, preparado por su esposa Ximena, para luego comenzar a escribir ese su informe infinito. Carlos no se siente bien, tiene síntomas de una gripe, sin embargo, no pude visitar a un doctor, como consultor no cuenta con ese beneficio, prefiere tomar sobres de vitamina C en caso de que sea un resfriado. Él espera que sea un resfriado solamente.

Luego de su recorrido, doña Juana ha podido instalar su puesto en el mercado a las 8 a.m., la señorita del puesto de abajo le ha reñido, como todos los días, ya que ella es “terca como una mula, sabe que no tiene que venir e igual no más viene”. Mientras tanto, Karen prende su computadora, debe comenzar su jornada de “home office” y Cecilia ha tenido problemas de nuevo con la señora de la cama 5, debe limpiar a la señora, cambiarle su pijama y cambiar las sábanas, “…antes teníamos mucho trabajo, cuidar las camas de todo el piso, se podía hacer no más, de alguna forma ayudaban los familiares. Ahora estamos medio complicadas, nos las estamos arreglando como podemos”.

Las horas en la mañana transcurren lentamente para quienes deben trabajar. A las 10, doña Juana, Elvira y Estefany han escuchado que en la calle se han asentado otras vendedoras, corre una atmósfera tensa en el mercado. Doña Katy intenta organizar a las demás vendedoras, les insiste para ir a reñir a esas invasoras, si no, van a venir más y van a robarles a todos los clientes, les recuerda que cada uno de estos clientes es importante ya que cada pequeño ingreso de las ventas es importante para sus familias. Elvira y Estefany están muy ocupadas vendiendo. Doña Juana sugiere que tengan paciencia, ya que son momentos difíciles para todas, no cree que les roben todos los clientes. Finalmente, Doña Katy junto con un grupo de vendedoras salen del mercado con dirección a las calles que han ocupado estas otras mujeres vendedoras. Son las 10 y Karen ha recibido una llamada, sabe que el día de hoy no tendrá tiempo para almorzar. Los precios del petróleo, del oro, del zinc, entre otros, son fluctuantes, hay que hacer nuevos ajustes. Debe organizar a su equipo de trabajo, debe coordinar el trabajo con diferentes departamentos. Juan Carlos ya no soporta el dolor de cabeza, pero debe continuar trabajando, si no presenta el producto no recibirá su salario. Decide tomar pastillas y agua. Su hija está viendo televisión, es difícil concentrarse, sin embargo, se siente mejor. Una hora después, Mario ya tiene hambre, sin embargo, debe seguir recorriendo la ciudad dejando y recogiendo a diferentes trabajadores.

A las 12, las vendedoras en el mercado están comenzando a toda velocidad a cerrar sus puestos, la alcaldía ya va a llegar, hay presión. Es el momento del día que más disgusta a doña Juana, quien se demora más en cerrar su puesto que otras vendedoras, como Elvira y Estefany. Pero esto no importa, llega el momento de emprender el largo camino de retorno a su casa. Ella está preparada con fruta y coca, sólo que esta vez espera que alguien le pueda acercar a la ciudad en la que vive, El Alto.

En la tardela jornada laboral de Mario, Cecilia, Karen y Juan Carlos sigue. A Cecilia le quedan 6 horas más de trabajo, donde el enemigo más grande es la precariedad laboral y su miedo es contagiar a su familia al volver. En su casa realiza todo un protocolo para poder desinfectarse, quiere abrazar a sus hijos, no lo hace. Sus días se repiten a menos que tenga turnos en la noche. Mario retorna a su casa a las 11 de la noche, deja sus zapatos cerca de la puerta al igual que su ropa y se viste para dormir. Se lava las manos y la cara. Revisa por un momento la ruta del día siguiente. Charla un momento con su esposa y se pone a dormir. Karen termina su jornada a las 10 de la noche. Debe estar disponible todo el día, al igual que su equipo de trabajo, la diferencia de ella y Juan Carlos es que él no tiene un contrato fijo, tiene que esperar que lo recontraten para otra consultoría.

En Bolivia gran parte de los trabajadores y trabajadoras del sector “formal” o “informal” trabajan en condiciones precarias. Las jornadas laborales en el sector formal suelen exceder las 8 horas sin aumento salarial. Se les exige también la total disponibilidad de tiempo bajo el argumento de “tener la suerte de tener un contrato”.

Otro de los sectores laborales precarizados es el de los consultores que no cuentan con beneficios sociales y reciben salarios por debajo del trabajo que realizan, trabajos que son aceptados por la necesidad de tener un ingreso para sus familias. Bajo esta forma de trabajo, diversas instituciones privadas y estatales, “ahorran” sus “gastos” a costa de la vida de los trabajadores, algo muy recurrente que agrava los niveles de explotación y pauperización de los trabajadores profesionales . Peor aún de los trabajadores informales, quienes viven en una constante incertidumbre agravada por la pandemia, al igual que tensiones en su sector, la represión y violencia sufrida. La peor parte se la llevan las trabajadoras, quienes normalmente realizan doble jornada laboral, una no remunerada y la otra con menores remuneraciones que la de sus pares varones.

Frente a esta situación, diversos sectores populares se han manifestado ayer en la noche y durante el primero de mayo contra del régimen golpista y su mano militar y policial, contra la imposibilidad de adquirir alimentos, la persecución política y por la libertad de expresión. En La Paz, ayer en la noche han sonado los cacerolazos y petardos, desde las laderas hasta el centro de la ciudad e incluso en la zona sur. Estas manifestaciones realizadas más allá de cualquier partido burgués.

Agradecemos a las y los trabajadores por compartirnos sus historias y por aquellos y aquellas que no han sido incorporados en esta columna pero que resaltan que son las y los trabajadores quienes mueven el mundo y también pueden transformarlo. ¡Fuerza que la lucha sigue!






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