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Red Internacional

Operación retorno. ¿Qué significa la vuelta de Bachelet a Chile?

La ex presidenta de Chile anunció que no se presentará para un segundo mandato al frente de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU alegando “razones personales”.

Martes 14 de junio | Edición del día
EFE/EPA/VALENTIN FLAURAUD

Michele Bachellet fue presidenta de Chile en dos mandatos, 2006-2010 y 2014-2018, y en ambas oportunidades entregó la banda presidencial al derechista Sebastián Piñera. Luego de su último gobierno asumió la jefatura de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU que encabezará hasta el próximo 31 de agosto.

“Es hora de volver a Chile y a mi familia” dijo en su cuenta de Twitter y causó revuelo en la política chilena. Casi inmediatamente Gabriel Boric saludó su retorno, frotándose las manos. Es que el presidente actual se encuentra navegando aguas turbulentas y cree (como muchos) que la ex presidenta puede ayudarlo a sostener el timón.

¿A qué regresa Bachelet? Su círculo cercano señala que su regreso ya se venía fraguando al menos desde el verano y no estaría motivado solamente por lazos afectivos. Faltan solo 12 semanas para el plebiscito que consultará al pueblo chileno sobre la nueva constitución, redactada por una asamblea constituyente nacida como el desvío institucional de la rebelión de 2019. A diferencia de las elecciones regulares, este plebiscito será obligatorio.

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El panorama no pinta bien para Boric, cuya presidencia también es hija casi directa de la rebelión y el hartazgo con el régimen de los 30 años. Un sondeo del Centro de Estudios Públicos, publicado la semana pasada, mostró que un 25% está por aprobar el texto y un 27% por rechazarlo, mientras un 37% está indeciso. Un 44% asegura, además, que no está interesado en el trabajo de la convención. Varios analistas apuntan a que el retorno de Bachelet puede inclinar la balanza hacia la aprobación, sobre todo si en ese 37% la mayoría son mujeres mayores de 55 años de los estratos más populares que históricamente han apoyado las candidaturas de la ex presidenta.

Dada esta necesidad, el "mundo progresista", del presidente para abajo, ha salido a recibir su llegada con los brazos abiertos. La operación es tan grande que no hay espacio para la crítica a Bachelet sin ser tildado de "colaborador con la derecha y el rechazo [de la nueva constitución]". La ironía del caso es que la ex presidenta jugó un rol clave en reprimir, desviar y desarmar políticamente a la generación estudiantil que impulsó a los actuales inquilinos de La Moneda.

Pero Bachelet está bastante lejos del progresismo. Como una de las líderes de la Concertación de Partidos por la Democracia, es fiel representante de los partidos de los 30 años que gobernaron Chile desde la salida de la dictadura de Pinochet, alternándose en el poder.

Su segundo mandato concluyó con una profunda crisis política. Los fuertes lazos de su gobierno con el empresariado quedaron al descubierto en medio del escándalo que sacudió a toda la casta política por el financiamiento irregular de sus campañas.

Además, estuvo marcado a fuego por la represión desplegada contra los movimientos huelguísticos que tras el 2011 aparecieron fuertemente en el panorama chileno. El caso más emblemático fue el asesinato de Nelson Quichillao a manos de carabineros, que aún esta impune.

Pero la represión no solo afectó a trabajadores y estudiantes. El pueblo mapuche sufrió una particular escalada en los ataques de uniformados contra las comunidades para garantizar el negocio de las forestales. El propio subsecretario de Bachelet estuvo involucrado en un montaje policial contra dirigentes del pueblo mapuche que terminó por causar una importante crisis en la policía.

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Esta operación retorno puede ser utilizada por algunos sectores como una forma de apuntalar un gobierno que asumió diciéndose de izquierda, pero cuyo programa se parece cada vez más al de la vieja concertación, siendo incapaz de terminar con la herencia neoliberal.




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