Economía

Editorial

Postales de la desigualdad

Editorial en Pateando El Tablero, la izquierda en radio, miércoles de 13 a 15 horas por 101.7 Jujuy FM y por dúplex FM Stylo 105.3 (La Esperanza San Pedro).

Jueves 22 de julio | 10:54

La semana pasada dos postales fueron la contracara de una misma moneda: la desigualdad creciente entre multimillonarios y trabajadores durante la pandemia.

Una de ellas tiene al empresario argentino, Eduardo Eurnekian, quien reingresó al ranking de los multimillonarios elaborado por la revista Forbes. Éste incluye además a 31 nuevos integrantes de este selecto grupo que creció un 41 % entre marzo de 2020 y mayo de este año en América Latina según un informe del PNUD (Naciones Unidas).

Una segunda postal es la que arroja el Indec dando a conocer la denominada “Cuenta de generación del ingreso”, la misma indica cómo se reparte el ingreso generado en un año entre empresarios, cuentapropistas y trabajadores. ¿Cuál fue el resultado? En el primer trimestre del año los empresarios sacan ventaja en el reparto de la torta respecto de los trabajadores llevándose 5 puntos más, mientras los trabajadores pierden 3,7 puntos en el total respecto a un año atrás.

¿A qué responde esta realidad cada vez más desigual?

Un defensor del libre mercado y de un capitalismo sin regulaciones diría que es el resultado del esfuerzo y el mérito de unos (léase los empresarios) y de la falta de estos atributos de otros (léase los trabajadores). Y cómo a su vez, el Estado contribuye con la carga impositiva a poner trabas en el espíritu emprendedor impidiendo que haya así más empresarios exitosos.

Otra lectura que se presenta como contrapuesta dirá que es la falta de oportunidades que otorgan los gobiernos que deberían garantizar por medio de distintos dispositivos un piso de igualdad desde el cual todos puedan partir. Por ejemplo, otorgar subsidios a los desocupados y que desde ahí cada uno busque o cree su empleo y, esto incluso puede ser limitado, como este año donde el gobierno cortó el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) pese a que el empleo sigue por detrás de los valores previos a la pandemia.

Pero, ¿Qué ocultan ambas lecturas?

La primera explicación que sostienen las derechas en todo el mundo (aquí podemos encontrar desde Juntos por el Cambio hasta en forma cruda los liberales) oculta la propia experiencia de sus referentes que va a contramano de su discurso. Veamos.

En el caso de Macri, su familia hizo su fortuna en base a los favores del Estado durante la última dictadura (pasando de 7 a 47 empresas controladas) y posteriormente con los gobiernos que continuaron, en especial, con Alfonsín. Por su parte, Milei prefiere olvidarse que Eduardo Eurnekian, a quien asesora como su principal economista, tuvo una ayuda fundamental del Estado y de su amigo Menem que le otorgó la concesión de los aeropuertos en el país, algo que ratificaron los gobiernos que continuaron. Entre 2001 y 2015, Eurnekian y su grupo Corporación América lograron expandirse llegando a controlar aeropuertos en Brasil, Ecuador, Perú, Uruguay, Armenia e Italia como explica Martín Schorr en su reciente libro “El viejo y el nuevo poder económico en la Argentina”. El resultado de la ayuda del Estado para unos poco, ocurrió durante un período donde el mismo Estado lideró un proceso de disciplinamiento de la clase trabajadora por vías represivas (durante la dictadura) y económicas (apertura comercial, financiera, hiperinflación y despidos masivos) llevando entonces a reconfigurar las condiciones de vida de la clase trabajadora que experimentó un salto en la desocupación, el trabajo precario y la flexibilidad laboral hasta nuestros días.

La segunda explicación que encontramos en los espacios de centro y en los “nuevos” reformismos (que hoy en Argentina quedaron dentro del Frente de Todos) oculta que sus gobiernos mantuvieron (y mantienen) intactas las bases de esta desigualdad. A lo sumo, en coyunturas económicas favorables como entre 2003 y 2007 el Estado hizo una reversión parcial de la desigualdad por medio de subsidios a los desocupados y mejoras salariales pero que con la llegada de la falta de dólares (restricción externa) en 2012 y un mayor proceso inflacionario la misma comenzó a agotarse. Mientras tanto fortalecieron al núcleo del poder económico que saca provecho de la división de la clase trabajadora y que como sostiene Schorr “atentan contra la diversificación y la complejización de la estructura productiva, puesto que se trata de actores que, en procura de minimizar sus costos absolutos a nivel mundial o a partir de la posición dominante que ejercen en el mercado interno en vastos sectores, suelen carecer de interés real para que eso ocurra.”

En síntesis, ambas lecturas comparten una misma intensión, plantear la cuestión de la desigualdad en el plano del reparto del ingreso donde cada trabajador se encuentra en inferioridad de condiciones respecto a los empresarios. En el mejor de los casos si el trabajador puede afiliarse a un sindicato tal vez tenga más chances de defenderse, pero solo el 50% de los asalariados está registrado y las direcciones sindicales no afilian a quienes están en negro, menos aun a los desocupados. Por eso, el resto tiene que arreglárselas por su cuenta y/o percibiendo algún tipo de asistencia social. Todo esto transcurre mientras la clase trabajadora hace una nueva experiencia con el peronismo en el poder que intenta evitar que explote la "caldera" y en un país que experimenta las penurias propias de la tutela del FMI.

Para pensar por fuera de todo este abatimiento, es clave ir a la cuestión de fondo, el momento de la producción donde se genera el ingreso y cada trabajador es parte de un colectivo que gracias a su trabajo en simultáneo en el campo, la industria y los servicios pone en marcha día a día la economía. Es ahí donde radica la fuerza social de la clase trabajadora (lo vimos recientemente en el paro de choferes) y por eso es que tanto le temen y prefieren seguir abonando lecturas en pos de salidas individuales con menos o más tutela Estatal. De más está decir, que la salida a la desigualdad es desafiando los límites de este sistema donde unos pocos imponen la lógica de sus ganancias sobre las mayorías. Por eso, se requiere de una acción colectiva y que solo podrá ser obra de la clase trabajadora en su conjunto, ocupada y desocupada, junto al pueblo pobre. Un debate que lleva más de 150 años pero que no por añejo ha perdido toda su vitalidad.






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