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Polvorín en el Indo-Pacífico: pacto contra China reúne a EEUU, Reino Unido y Australia

Tras el fracaso en Afganistán, Washington hizo rápidamente las valijas para hacer negocios en el nuevo área de concentración estratégica: el Indo-Pacífico. El objetivo, como no podría dejar de ser, es conducir el “pivoteo hacia Asia” empezado por Barack Obama, e intentar contener el ascenso de China.

André Barbieri

@AcierAndy

Viernes 17 de septiembre | 22:23

El fracaso de Estados Unidos en Afganistán, que tuvo como epílogo el retiro desesperado de sus funcionarios del aeropuerto de Kabul, golpeó de manera probablemente indeleble la imagen del Gobierno de Joe Biden. Mucho más que alusiones al “momento Vietnam” del expresidente Gerald Ford, la derrota en Afganistán da continuidad al panorama de decadencia histórica, en ritmo cadenciado por la ausencia de competidores, de la hegemonía estadounidense.

Pero la razón de la torpe salida de Medio Oriente estaba clara en los mapas del Pentágono. Como dijo Mark Atwood Lawrence de Foreign Affairs, desenvolverse en Medio Oriente abría muchas posibilidades para que Estados Unidos extendiese su atención y energía hacia teatros geopolíticos más vitales, como el Indo-Pacífico. Polemizaba con la definición más “pesimista” de Henry Kissinger, que escribía en el diario The Economist, donde dijo que ningún movimiento alternativo de Estados Unidos hacia otra zona de importancia global haría superar la catástrofe en Afganistán y el daño en la confianza de los aliados.

Lo cierto es que Washington rápidamente hizo las maletas para buscar negocios en la nueva área de concentración estratégica: el Indo-Pacífico. El objetivo, como no podría dejar de ser, es concluir el “pivoteo hacia Asia” iniciado por Barack Obama, e intentar contener el ascenso de China.

Uno de los primeros movimientos se realizó esta semana. Estados Unidos lanzó una nueva sociedad trilateral de seguridad con el Reino Unido y Australia que permitirá que Camberra construya una flota de submarinos movidos a energía nuclear, un movimiento que busca fortalecer la capacidad combativa de los aliados de Washington para enfrentar a China.

Este acuerdo surge como un “alerta” a Pekín, días después de un llamado telefónico de Joe Biden a Xi Jinping, sugiriendo realizar una cumbre cara a cara con el presidente chino, sin obtener una respuesta de Xi, lo que llevó a que algunas autoridades estadounidenses concluyan que Pekín sigue el juego duro con Washington. Biden propuso a Xi realizar la cumbre como un esfuerzo para romper el impasse en las relaciones Estados Unidos-China, pero varias personas informadas sobre el llamado dijeron que el líder chino no aceptó la oferta, y en lugar de eso, insistió en que Washington adopte un tono menos estridente en relación a Pekín.

Reacciones contrarias entre las potencias

Joe Biden anunció el acuerdo en un evento virtual el miércoles con el primer ministro británico Boris Johnson y su homólogo australiano Scott Morrison. Dicho acuerdo está destinado a reforzar las alianzas en medio de las crecientes tensiones con Pekín sobre disputas que van desde el Mar del Sur de China a Taiwan.

La iniciativa de la sociedad fue conocida como AUKUS - un acrónimo que unifica las siglas en inglés de Australia, Reino Unido y Estados Unidos. Es notable como importantes socios transatlánticos de Washington, como Francia y Alemania, no son parte del acuerdo. El Reino Unido ya no es parte de la Unión Europea, por los efectos del Brexit. Australia ya era parte del llamado “quad”, que reúne también a Estados Unidos, India y Japón, surgido en 2004 cuando los países involucrados lidiaron en común contra los devastadores efectos del tsunami en Indonesia, y que desde entonces se atiene a la contención de China en Asia.

Biden dijo que la iniciativa, incluyendo el plan del submarino nuclear, era necesaria para garantizar que los países tuvieran la mejor tecnología disponible para “defenderse contra amenazas en rápida evolución”, una retórica dirigida a Pekín. “Nuestras naciones… han estado lado a lado literalmente por más de 100 años”, dijo Biden. “Hoy estamos dando otro paso histórico para profundizar y formalizar la cooperación… porque todos reconocemos el imperativo de garantizar la paz y estabilidad en el Indo-Pacífico”.

Scott Morrison dijo que los aliados tenían que elevar su sociedad a un “nuevo nivel” debido al ambiente cada vez más complejo en Asia, otra referencia velada a China. Boris Johnson dijo que estaban “abriendo un nuevo capítulo” y que trabajarían “en estrecha colaboración para preservar la seguridad y estabilidad” en Asia.

Según el Financial Times, un alto funcionario estadounidense dijo que mientras Australia adquiría tecnología de propulsión nuclear - que Estados Unidos solo compartió con el Reino Unidos - Camberra no desarrollaría armas nucleares. Biden también destacó que los submarinos no estarían armados con armas nucleares. Afirmó que los barcos aumentarían la capacidad naval australiana porque eran más rápidos y más furtivos que los submarinos convencionales. Los submarinos de propulsión nuclear pueden operar más lejos de Australia, incluso en el Mar del Sur de China, y no necesitan emerger con tanta frecuencia.

El acuerdo dividió reacciones en las grandes potencias. Del teatro asiático, Japón y Taiwán exaltaron la confección del nuevo pacto. Los gobiernos de Tokio y Taipei venían tejiendo relaciones más cercanas, incluso en el nivel militar, para contraponer el avance de Pekin en los mares Meridional y Oriental de China. En abril, parlamentarios del Partido Democrático Liberal de Japón, y del Partido Democrático Progresista de Taiwán, mantuvieron conversaciones sobre defensa, seguridad regional y diplomacia en Asia. “Mantener el Indo-Pacífico libre y abierto no solo es importante para la seguridad de países vecinos como Taiwán, es esencial para la actual economía global interconectada”, dijo Kolas Yotaka, vocero de la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen.

Taro Kono, exministro de Defensa y Relaciones Exteriores de Japón, y uno de los principales candidatos para suceder a Yoshihide Suga como primer ministro, dijo que Tokio también quería asociarse con aliados para abordar la expansión militar de China. “Aplaudimos mucho que el Reino Unido vuelva a poner los ojos en la región del Pacífico”, dijo Kono. "Es extremadamente importante para Japón trabajar en estrecha colaboración con estos tres países". Japón, y especialmente Taiwán, no podrían ser incluidos en el pacto, para no irritar demasiado a China, que tomaría la inclusión como una inaceptable declaración de abierta hostilidad por parte de Estados Unidos.

China ha modernizado rápidamente sus fuerzas armadas durante las últimas dos décadas y ha utilizado las capacidades del Ejército Popular de Liberación (EPL) para reclamos territoriales, especialmente en el Mar de China Meridional. Aviones militares chinos sobrevuelan casi a diario la zona de identificación de defensa aérea de Taiwán, que Beijing reclama como parte de su territorio y amenaza con invadir la isla si Taipei rechaza la unificación indefinidamente.

Por otro lado, China y Francia castigaron el acuerdo, por diferentes motivos. Zhao Lijian, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, acusó a Estados Unidos, Reino Unido y Australia de "doble rasero" y una "mentalidad anticuada de la Guerra Fría de suma cero". La embajada china en Washington también criticó la medida, diciendo que Estados Unidos, Reino Unido y Australia no deberían construir "bloques exclusivos dirigidos a intereses de terceros". "Deberían deshacerse de su mentalidad de Guerra Fría y sus prejuicios ideológicos", agregó Liu Pengyu, el portavoz de la embajada, dejando en claro que el AUKUS "socavaría gravemente la paz y la estabilidad regional e intensificaría la carrera armamentista".

Francia se enfureció por ser un perdedor comercial y geopolítico. AUKUS pondría fin a un programa existente de $ 90 mil millones en el que Australia compraría 12 submarinos convencionales de diseño francés. Este acuerdo comercial con París fue cancelado en nombre de la adquisición de submarinos nucleares. Canberra también planea comprar misiles de crucero Tomahawk para su armada y misiles de crucero lanzados desde el aire para la Real Fuerza Aérea Australiana, dijo Morrison.

Jean-Yves Le Drian, ministro de Relaciones Exteriores de Francia, y Florence Parly, ministra de Defensa, atacaron a Australia por actuar “en contra de la letra y el espíritu de cooperación” entre los dos países. Le Drian y Parly también acusaron a Estados Unidos de excluir a "un aliado y socio europeo de una asociación estructuradora con Australia en un momento en que nos enfrentamos a desafíos sin precedentes en la región del Indo-Pacífico".

“La lamentable decisión ... sólo refuerza la necesidad de aclarar cada vez más la cuestión de la autonomía estratégica europea. No hay otra forma confiable de defender nuestros intereses y nuestros valores en el mundo, incluida la región del Indo-Pacífico ”, agregó Le Drian, asumiendo las posiciones de Emmanuel Macron sobre la construcción de una fuerza propia de Europa que no dependa de Washington.

Phillippe Etienne, oficial del gobierno francés, tuiteó sugestivamente que “Hace 240 años, la marina francesa derrotó a la marina británica en Chesapeake Bay, abriendo camino a la victoria en Yorktown y a la independencia de Estados Unidos”.

Biden, Morrison y Johnson dijeron que además de ayudar a Australia a construir una fuerza submarina de propulsión nuclear, también impulsarían la cooperación en áreas como la seguridad cibernética, la inteligencia artificial y la computación cuántica. Un funcionario británico dijo que la alianza se centraría en la tecnología marítima y de defensa, en contraste con el acuerdo de intercambio de inteligencia conocido como Five Eyes que reúne a Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Canadá.

Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda, confesó que no fue comunicada del acuerdo AUKUS. “Este no es un acuerdo que posea nivel de tratado. No cambia nuestras relaciones existentes, incluyendo el Five Eyes o nuestra estrecha sociedad con Australia en cuestiones de defensa”. Según la ley neozelandesa, agregó los submarinos australianos movidos a energía nuclear no serían autorizados a entrar a aguas de Nueva Zelanda.

Biden no le contó a Xi Jinping de la iniciativa cuando hablaron por teléfono la semana pasada. El AUKUS fue formado una semana antes que Biden reciba a los líderes de Japón, India y Australia para la primera cúpula del Quad, descrito por Pekín como una “OTAN asiática”. Los tres países tienen disputas con Pekín. Japón disputa con China la posesión de las islas Senkaku/Diaoyutai; India tiene escaramuzas frecuentes con China para definir las líneas fronterizas en el Himalaya. Ya Australia fue castigada por China en sus exportaciones de materias primas por acusar a Pekín de esconder las causas del origen del Covid-19 en Wuhan.

Polvorín en el Indo-Pacífico

Biden aprovecha el momento para intentar demostrar compromiso con la seguridad de sus aliados luego del desastre de la retirada de Estados Unidos de Afganistán.

Richard Fontaine, jefe del Center for a New American Security, un think-tank, dijo que los submarinos eran un “gran negocio” que no solo daría a Australia mejores capacidades, sino que ayudaría a Washington, particularmente en medio de las críticas de que China está superando a Estados Unidos en la construcción de barcos y submarinos de la marina. “La verdadera medida de comparación no es China de un lado y Estados Unidos de otro. Es China de un lado con Estados Unidos y sus aliados de otro”, dijo Fontaine.

El acuerdo no llega a permitir que Australia “proyecte poder” en la región del Indo-Pacífico. Ese no es el objetivo de Estados Unidos. Washington desea que Australia se convierta en un “dolor de cabeza adicional” a China, dentro del tablero de alianzas que arma en una región que controla desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Nadie quiere tener aliados impotentes; tomados de manera aislada, ni Australia, ni India, podrían poner desafío suficiente a la asertividad del gobierno bonapartista autocrático de Xi Jinping. En conjunto, sin embargo, pueden obligar a China a abrir demasiado el abanico de opciones de defensa, lo que no es recomendable para una potencia en ascenso.

En sus cálculos anteriores, los militares chinos preveían enfrentamientos solamente contra la interferencia de las marinas de Estados Unidos y Japón. Submarinos nucleares australianos no estaban contabilizados. Xi Jinping dijo repetidamente que la unificación con Taiwán era una “misión histórica y un compromiso inquebrantable” que no podía “ser pasado de generación en generación”. Pekín prometió tomar el control de Taiwán por la fuerza si fuese necesario. La pieza australiana entra en ese ajedrez. El almirante Lee Hsi-ming, exjefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Taiwán, dijo sobre el AUKUS: “Los submarinos nucleares le dan a Australia, por primera vez, capacidad estratégica de disuasión y ataque, serán capaces no solo de proteger a sus propias vías marítimas de comunicación, sino también de posicionarse lejos de casa”.

Eso está por verse, ya que los ocho submarinos de propulsión nuclear todavía deben ser construídos, comisionados y puestos en funcionamiento. China ya desarrolló su nuevo submarino nuclear clase Jin, el Tipo 094A, que al contrario de los submarinos australianos (que no tendrían misiles nucleares), está equipado con ojivas nucleares, y misiles balísticos capaces de alcanzar blancos a 10.000 km de distancia. Ese armamento debería sustituir la vieja tecnología naval china heredera del arsenal soviético de la década de 1950. Según el Nuclear Threat Initiative, China posee cuatro submarinos de misiles balísticos, y seis submarinos de propulsión nuclear (la inmensa mayoría de los 60 submarinos chinos es movida a diesel, con tecnología anticuada). Es probable que el AUKUS signifique la aceleración del programa naval chino, que había sido impulsado desde el comienzo del gobierno de XI en 2013.

Más en general, el Indo-Pacífico comienza a transformarse en un polvorín marítimo. Esto tiene que ver con la política del establishment estadounidense de contención de China, como se revela en el documento titulado “Guía Provisoria de Estrategia de Seguridad Nacional” (Interim National Security Strategic Guidance), divulgado en marzo de 2021, según el cual China es el único competidor [de Estados Unidos] potencialmente capaz de combinar su poder económico, diplomático, militar y tecnológico, con el fin de oponer un desafío sostenido a un sistema internacional abierto y estable.

Como afirma Matthew Goodman del Center For Strategic and International Studies, Biden dejó en claro que comparte con Trump la caracterización de China como “competidora estratégica” de Estados Unidos. Biden no deshará lo que fue realizado por Trump en ese terreno, porque la contradicción entre la declinación imperial de Estados Unidos y el ascenso de China es un proceso estructural de larga data, y vino para quedarse. Por eso, aunque existan diferencias tácticas de cómo hacerlo, el Partido Demócrata no tienen ningún interés en reducir la necesidad de contener y retrasar el ascenso de China, una política de primer orden para la clase dominante de Estados Unidos.






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