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EUROPA DEL ESTE

Nueva protesta en Bielorrusia contra el fraude electoral

Este domingo más de 100.000 personas volvieron a ganar las calles de Minsk contra el presidente Alexandre Lukashenko que pretende seguir en el poder a cualquier precio.

Domingo 23 de agosto | 15:18

Una nueva y masiva manifestación se produjo el domingo en la capital bielorrusa como parte de las protestas que se desataron en ese país tras el triunfo electoral el 9 de agosto de Lukashenko con un absurdo 80% que, después de haber proscripto a varios candidatos y candidatas, dio a todos la certeza de que hubo fraude.

La gente salió a las calles casi de inmediato tras conocerse los resultados y frente a la represión del gobierno, las marchas crecieron, llegando al pasado 16 de agosto con alrededor de 100.000 manifestantes. Las protestas incluyeron a importantes sectores obreros (que trabajan bajo un régimen muy represivo) que hicieron paros y se sumaron a las movilizaciones con vistosas columnas.

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La nueva movilización del domingo parece haber superado la masividad del 16 según varios medios, marcando que la bronca sigue y posiblemente haya llegado a un punto de hartazgo tras 26 años de gobierno ininterrumpido de Lukashenko. No obstante se vio una mayoría de banderas rojo y blanca que usa la oposición liberal y que tiene un origen histórico en el anticomunismo, lo que podría marcar un cambio clave en el carácter de las protestas.

Acostumbrado a hacer y deshacer a su antojo, el presidente se mantiene firme, por el momento, basado en la represión. Incluso llegó a decir la semana pasada en tono provocador que “no habrá elecciones hasta que me maten” (RT, 17-8-20). Cuánto le pueda resultar esta estrategia es difícil de prever, pero mucho dependerá de que el movimiento pueda superar la dirección de la oposición encabezada por Svetlana Tijanóvskaya.

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La dirigenta, habiendo reemplazado la candidatura de su marido (preso por el régimen), obtuvo casi el 10% de los votos y aglutina tras su figura a casi todo el arco opositor, liberal, social cristiano y socialdemócrata. Pero Lukashenko, haciendo gala de su misoginia, había dicho que el país “no está preparado para votar por una mujer” (RTL, 17-7-20). Tras participar en las primeras movilizaciones, recientemente debió autoexiliarse en Lituania para no correr la misma suerte que su compañero. Semanas antes, también sacó a sus hijos del país a raíz de la persecución política que sufren las mujeres activistas (y sus hijos), hechos denunciados por Amnistía Internacional.

No obstante la represión, sigue llamando a la no-violencia (lo que en los hechos significa no defenderse de la represión) y se propone de mediadora para consensuar nuevos comicios con el gobierno.

Que la lucha se desarrolle progresivamente, es decir, en favor de los intereses de la clase obrera y demás sectores populares, va a depender de la independencia política que logre el movimiento respecto de la oposición liberal y populista, y no caiga en una lógica del tipo de las “revoluciones coloridas” a través de las cuales las potencias imperialistas impusieron a principios de siglo gobiernos afines en algunos de los antiguos países del Pacto de Varsovia.






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