Géneros y Sexualidades

#8M2020: TRIBUNA ABIERTA

#NiUnaMigranteMenos: la historia de Delia y las trabajadoras textiles bolivianas en Argentina

Delia Colque, migrante boliviana que trabajó en un taller de costura nos cuenta su experiencia. Este 9 de marzo, luego de haber retornado a Bolivia, comprometida con #NiUnaMigranteMenos participó de la Marcha por el Día Internacional de las Mujeres para seguir luchando y para que se visibilicen sus demandas y su realidad.

Ana Fernanda León

#YoCorresponsal

Miércoles 11 de marzo de 2020

Delia Colque nació en El Alto, tuvo una infancia “normal”, en la cual la violencia era parte de su cotidiano vivir en casa. Tras salir del colegio, ella decidió estudiar comunicación social mientras tenía trabajos esporádicos para poder costear sus estudios y necesidades de familiares. Un día, tras recibir golpes por parte de su padre, al enfrentarse con él por la violencia que él ejercía contra su madre y hermanos, decidió abandonar sus estudios y aceptar la oferta de su tío para trabajar en su taller de costura en Argentina.

Sus compañeres de la universidad le apoyaron a reconocer que la violencia que vivía en su hogar no era normal y pudo identificar la importancia de la emancipación femenina y desnaturalización de la violencia. Para ella, salir del país representaba romper con ese ciclo de violencia, además que con el dinero que ella recibiría por su trabajo en el taller de costura en Buenos Aires, ella podría por fin conseguir que su madre y sus hermanos tengan la independencia económica necesaria para cambiar de hogar y alejarse de su padre.

Delia y otras chicas partieron con ella a Buenos Aires con la promesa de recibir un sueldo de 300 dólares, gastos de vivienda, comida y transporte. En la frontera boliviana-argentina la pareja de su tío las estaba esperando con nuevas condiciones, recibir sólo un sueldo de 100 dólares, pero contar con los demás gastos pagados. Todas quedaron decepcionadas, sin embargo, ya estaban en la frontera, sin dinero para retornar. Aceptaron la nueva condición ya que nunca habían llegado a ganar esa cantidad de dinero.

Delia y sus compañeras se convirtieron en esclavas del taller. “Estábamos en una condición de explotación brutal, sin documentos, nos habían prohibido salir a la calle. Nos hemos tenido que aguantar todas esas situaciones, peor aún, a una de mis compañeras la violaron el día que llegamos” aclara Delia, quien recuerda con dolor la experiencia de su compañera. “Han intentado violarnos a todas nosotras, nos han acusado de un montón de cosas, entre esas de robo, y es así como nos han botado, sin algún tipo de remuneración”.

Por todas estas condiciones de explotación que estas mujeres proletarias inmigrantes han decidido organizarse y conformar Ni Una Migrante Menos. Además, en un contexto con políticas anti migratorias que se han ido generando en el gobierno de Macri, la promulgación del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 70217 que tenía el objetivo de modificar las políticas migratorias, haciendo énfasis en acelerar las expulsiones y la conformación del Centro de Detención para Inmigrantes que prácticamente es una especie de cárcel para inmigrantes.

“El objetivo principal por el que luchamos es la derogación de este DNU, además, de la eliminación de este Centro de Detención para Inmigrantes. En esta lucha han surgido varios otros temas que son comunes entre las mujeres” aclara Delia y considera que, dentro del grupo de migrantes, las mujeres se encuentran en una situación extrema de precariedad y vulnerabilidad. “Al ser migrantes, se sufre de discriminación, racismo y xenofobia estructurales”, señala Delia, quien además aclara que “existe una profundización de la violencia de género gracias al DNU” ya que, si una mujer migrante denuncia alguna situación de violencia, la pareja de esta mujer corre el riesgo de ser deportado, y este factor condiciona a las mujeres para no denunciar, además de que en muchos casos son sus mismas parejas quienes las amenazan y extorsionan para retirar las denuncias.

Para el 8 de marzo del 2017, estas mujeres comenzaron a articular su movimiento con otros colectivos para visibilizar sus problemáticas. De esta forma, se han ido conociendo las demandas del movimiento de mujeres migrantes, entendiendo que estas mujeres viven en Argentina, son tan ciudadanas como cualquier argentinx ya que aportan económica, política y culturalmente a esa sociedad.

Delia empezó a trabajar en la Fábrica textil Tessicot S.A. el año 2010. Al inicio fue difícil para ella adaptarse al ritmo de trabajo de esta fábrica, si bien eran menos horas de trabajo en comparación a un taller, donde se puede trabajar hasta 17 horas en una sola jornada laboral, en dicha fábrica solamente se trabajaban 10 horas de lunes a viernes, con todos los beneficios sociales, la forma de explotación era diferente. En la fábrica, la producción era por hora, se determinaba una cantidad de prendas por hora y se pagaba por esta producción. Esta era la trampa de la fábrica y la forma en que explotaban a estos proletarios. Se pagaba a los trabajadores por esa producción, que más o menos cubría el salario mínimo, pero, si ellos producían más en ese tiempo, podían incrementar un poco su salario. Es así como la fábrica incrementaba su producción en menos tiempo, manteniendo sus costos bajos y optimizando su ganancia.

El 2015 la fábrica demandó a los trabajadores incrementar la producción en plazos cada vez más cortos de tiempo laboral. De lo que antes un grupo de 7 trabajadores producían en un tiempo determinado 27 unidades de poleras ya sea para Adidas o para Nike, debían producir 33 en el mismo tiempo. Y esta cantidad iba constantemente en crecimiento. Esta presión y sobreexplotación dañó la salud y la mente de estos trabajadores. Con la victoria de Macri en las elecciones, el panorama se veía más oscuro para estos proletarios, sobre todo porque abrió el espacio a las importaciones que perjudicaron al rubro textil, entre otros, ya que la mano de obra asiática es mucho más barata que la latinoamericana, lo que provoca que los precios de estos productos sean más competitivos. Las fábricas comenzaron a cerrar y aquellas que no lo hicieron debían “aumentar su productividad”. La sobreexplotación en este sector se disparó y por tanto, su necesidad de organización y sindicalización.
Cuando conformaron el sindicato, percibieron los muros de la discriminación. Los postulantes para ser representantes de este sindicato debían ser al menos en un 75% de procedencia argentina, y sólo el 25% podían ser migrantes.

Lastimosamente, algunos de los compañeros de origen argentino pero migrantes internos no quisieron apoyarlos ya que para muchos era impensable que los migrantes se organicen y sindicalicen. Todos estos obstáculos no impidieron a estos proletarios organizarse y tomar las fábricas en las que trabajaban para exigir mejores condiciones laborales. Finalmente, los trabajadores más activos en este sindicato fueron perseguidos políticamente y despedidos.

Delia decidió regresar a Bolivia tras su despido. Sin embargo, su militancia y la de sus compañeras no han terminado. La organización sindical en estos sectores es fundamental para romper con la explotación de estos trabajadores, que por ser migrantes no tienen derechos y alternativas. La situación de las trabajadoras migrantes, la violencia y explotación a la que están expuestas en este sistema capitalista, colonizador y racista obliga a pensar también la realidad de los trabajadores migrantes en Bolivia. Las olas de migrantes venezolanos y las condiciones en las que se encuentran deben llamarnos a reflexionar y solidarizarnos.

En este 9 de marzo, Ni Una Migrante Menos participó de la Marcha por el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras para que se puedan visibilizar de nuevo sus demandas históricas como de muchas otras mujeres trabajadoras migrantes, multiexplotadas por este sistema capitalista, racista, machista, que coarta las libertades de las mujeres proletarias y las pauperiza para seguir explotándolas en todas las dimensiones posibles.






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