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Red Internacional

Francia. Macron -Le Pen: un debate que no augura nada bueno para las mayorías populares

El "duelo" Macron – Le Pen finalmente tuvo su debate, uno de los peores de la Quinta República. Una mascarada tecnocrática que vino a cerrar una campaña presidencial que buscó ignorar la realidad del pueblo trabajador y su principal preocupación: el bajo poder adquisitivo de los salarios. Esta inquietud recibió una única respuesta: eso lo decidirá la clase empresarial.

Jueves 21 de abril | Edición del día

Pocas veces habíamos visto un debate tan aburrido. Primer debate de esta elección presidencial, esta "remake" del 2017 (donde ambos candidatos, que también llegaron a la segunda vuelta, realizaron un debate) es en definitiva sólo la coronación de una campaña que suscitó un profundo desinterés dentro de amplias franjas de trabajadores y trabajadoras, la juventud y las clases sociales populares como se evidencia por el récord de abstención en la primera vuelta de esta elección.

Una campaña donde se expresaron los rasgos de las máscaras democráticas como ilustra la crisis abierta en torno a los aportes que reciben los partidos del régimen, los espacios dados a la extrema derecha, la ausencia de debates y, finalmente, este "duelo" televisivo protagonizado por dos candidatos de agenda profundamente antisocial, autoritaria y racista.

En la forma, se dio una cortesía recíproca entre los dos candidatos, inluido un intercambio de cumplidos al final del debate. Esto también demuestra la proximidad de sus respectivos proyectos. Sobre el fondo, el tenor de las discusiones esencialmente tecnocráticas ignoró las preocupaciones de la mayoría de la población después de cinco años de ofensiva neoliberal. Aunque el formato del debate puso como primer tema a abordar la cuestión social. Mientras los editorialistas de los grandes diarios mantenían las ilusiones de un programa de Marine Le Pen presentado como "muy social", en contraposición con el de Emmanuel Macron.

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Si algo demostró este debate es que en materia de salarios y de medidas contra el alto coste de la vida, el programa de Marine Le Pen es: no digamos nada.

Podríamos resumir la secuencia en este intercambio: Emmanuel Macron le pregunta a Marine Le Pen "¿Pero usted no va decir nada sobre el salario, señora Le Pen?". Ella responde: "No, pero te animo a que lo hagas" y el presidente-candidato concluye: "¡Cómo yo!" Al negarse ambos a hablar de aumento salarial, en realidad demuestran que la política de los dos candidatos está totalmente subordinada a los deseos del MEDEF (N.E.: Movimiento de Empresas de Francia. Organización patronal creada en 1998 que agrupa a empresarios de la industria, el comercio y los servicios).

En cuanto a las pensiones, el tema no mostró más diferencias entre los candidatos, excepto una vez más en aspectos técnicos y estéticos. Sin embargo, Marine Le Pen había intentado durante la campaña dar una apariencia “social” al oponerse a Macron y su intento de llevar la jubilación a los 65 años, con su promesa de una “jubilación a los 60”. Una promesa que en realidad sólo concierne a “quienes comenzaron con un trabajo registrado antes de los 20 años”, como se encargó de aclarar durante el mismo debate.

Un juego de espejos que se extendió -en forma de chicanas- a temas internacionales

Mientras Emmanuel Macron la increpó a Marine Le Pen "hablas con tu banquero cuando hablas con Rusia?" en referencia al préstamo que obtuvo en 2014 la candidata de Rassemblement national (N.R.: "Agrupación Nacional", heredera del ultra derechista Frente Nacional) con un banco ruso cercano al Kremlin. Le Pen respondió: "usted recibió a Vladimir Putin con gran pompa en Versalles”.

De todos modos Macron dejó claro su programa militarista, de reforzamiento de la OTAN cuando planteó que quería una "Europa fuerte (...) con potencias fuertes como Francia”.

Sobre ecología Marine Le Pen se posicionó a favor de la “deslocalización” y el “ patriotismo económico” para que "dejemos de importar la mitad de nuestras frutas y verduras”, llamándolo "hipócrita climático". Ahí dijo media verdad, refiriéndose a Macron que mientras organiza y asiste a cumbres climáticas, que terminan en fracaso, permite que empresas petroleras como Total continúen contaminando a pesar de hablar de "transición ecológica", un argumento utilizado para despedir trabajadores. La otra media verdad que ocultó Le Pen (y también Macron) es que ambos son defensores de las ganancias de las grandes empresas responsables de la crisis climática.

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Recién bien avanzado "el debate" se pronunciaron las palabras seguridad e islamismo. Esto en última instancia es expresión de que para ambos candidatos, el tema no es el más importante en la actual campaña. Además los dos, en los hechos, buscan atraer a un sector de los votantes de la izquierda institucional representada por Jean-Luc Mélenchon, que en este caso ha rechazado mayoritariamente la ofensiva autoritaria y racista del gobierno.

Macron es bastante criticado por los sectores populares por su política represiva, securitaria, pero también por su base de derecha que quisiera que avance mucho más. Mientras Le Pen, por su parte, busca suavizar su retórica. Aunque en la cuestión del velo de las mujeres musulmanas dijo lo que piensa: "quiero luchar contra el islamismo. No lucho contra el islam, sino contra la ideología islamista que ataca los fundamentos de nuestra República”. Para esta candidata ultra reaccionaria de la "ideología islamista" se desprende fácilmente el concepto de terrorismo.

De esto se sirvió Emmanuel Macron para hacerse pasar por un liberal preocupado por el respeto a "la constitución", y hacer olvidar cinco años de ofensiva autoritaria, xenófoba e islamófoba con la Ley de Seguridad Global, la Ley de Asilo e Inmigración y la Ley de Separatismo.

Al final, este debate entre las dos vueltas se habrá parecido al de 2017. El actual presidente, el que más tenía que perder tras una en apariencias "no campaña", optó por pasar a la ofensiva, que sin duda es su campo favorito, pero no hizo más que reforzar la soberbia que lo caracteriza.

Sea como fuere, este debate permitió a Macron y Le Pen prefigurar sus planes de batalla para el próximo quinquenio. Dos programas que muestran su claro apego a sus sacrosantos beneficios del empresariado y el mantenimiento o incluso el reforzamiento de la política racista, como ilustra la prohibición del velo reafirmada por Marine Le Pen.

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Un debate que no solo suena a un refrito de 2017 sino que ilustra el desgaste del macronismo, frente a una Marie Le Pen que buscó mostrarse más segura que cinco años atrás, hablando de cifras y tratando de captar votos por fuera de su espacio, mientras trataba de ocultar su estrategia de satanización de los sectores populares, sobre todo inmigrantes.

Independientemente de los resultados de la segunda vuelta del domingo 24, tanto Macron como Le Pen, no son un buen augurio para el pueblo trabajador de Francia. Para afrontar el próximo quinquenio, más que nunca, tendremos que preparar la respuesta en la calle frente a las políticas antisociales, racistas y autoritarias que se avecinan.


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