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La lucha por abolir la Policía es la lucha para abolir el capitalismo

En medio de los masivos levantamientos contra el terror policial, es central el debate sobre cómo librarnos de la represión estatal y lograr una verdadera abolición de estas prácticas. Se necesita comprender qué es realmente la violencia policial y su relación con el capitalismo.

Sábado 13 de junio

Después del terrible asesinato de George Floyd a manos la policía de Minneapolis por un billete falso de 20 dólares, en todo Estados Unidos estalló una revuelta nacional sin precedentes. Estos levantamientos se dieron con duros enfrentamientos entre los manifestantes y la policía y pusieron sobre la mesa el debate sobre qué hacer con la policía como institución.

Entre las diferentes consignas, circulan desde demandas para que la policía sea desfinanciada y removida de ciertos espacios como las escuelas, o incluso completamente abolida. Esta última demanda es claramente la de mayor alcance, cómo acabar realmente con la policía como institución, una consigna que se ha planteado con cada vez más fuerza, especialmente desde que el Consejo de la Ciudad de Minneapolis se vio presionado a aprobar el desmantelamiento de la policía de la ciudad.

¿Qué propusieron en Minneapolis? Cómo se explica en la siguiente nota, los detalles, de este “desmantelamiento” hasta ahora son escasos, pero lo que se ha anunciado no suena mucho a una abolición real. De hecho, la presidenta del Consejo, Lisa Bender, dijo explícitamente que "La idea de no tener un departamento de policía no es algo a corto plazo".

Queda claro que el Consejo de la Ciudad de Minneapolis tuvo que ceder a la presión de los activistas, lo que demuestra que la única manera de lograr cualquier cambio significativo es a través de la movilización de masas y la confianza en los trabajadores. Sin embargo, mientras que algunas reformas menores pueden materializarse, no hay "compromiso" real posible cuando se trata de la violencia policial. (NdelaT)

Todos los llamamientos para desfinanciar a la policía tratan de abordar el hecho de que los presupuestos que manejan están obscenamente inflados, mientras que otros aspectos como la educación tienen que luchar por recursos. En muchos casos, los departamentos de policía, las cárceles y las prisiones pueden llevarse hasta el 60 por ciento del presupuesto anual de una ciudad. Sin embargo, debemos preguntarnos: ¿por qué son tan grandes los presupuestos de la policía? ¿Es porque las ciudades tienen malas prioridades e invierten en la policía en lugar de los servicios sociales?

Los gigantescos presupuestos policiales no son casualidad, son fundamentales para el sistema capitalista norteamericamericano fundado sobre la esclavitud. Son esenciales para mantener una sociedad en la que magnates como Jeff Bezos están a punto de ser trillonarios, mientras que los trabajadores de la Amazon, muchos de ellos gente de color, viven en la pobreza. La policía es un componente intrínseco del sistema capitalista; es una de las fuerzas represivas que mantiene este orden y las profundas desigualdades que inevitablemente genera. Por lo tanto, si somos serios en cuanto a la abolición de la policía para salvar las vidas de los negros, los morenos y la clase trabajadora, tenemos que tener claro que nuestra lucha es contra el sistema capitalista y el estado que impone su dominio. No puede haber abolición de la policía en el marco del capitalismo.

Una lección de historia

La policía como institución siempre ha sido intrínsecamente racista y sexista. En el norte de EEUU, antes de que se establecieran fuerzas policiales formales, había vigilancias nocturnas. Estas vigilancias nocturnas contrataban voluntarios por un día para vigilar a las comunidades por casos de prostitución y juego. Los vigilantes nocturnos eran muy odiados por la población y despreciados por tomar medidas violentas tanto contra las actividades de ocio de los trabajadores, como contra las mujeres más vulnerables.

El primer departamento formal de policía se originó en Boston en 1838. Como ciudad portuaria, Boston era un importante lugar de comercio, y desarrolló la fuerza policial a tiempo completo para proteger los envíos de la burguesía acomodada. Para reducir el costo de la contratación de personas para salvaguardar sus propiedades, estos ricos propietarios convencieron al público de que era necesaria la policía para el bien común.

En el Sur, antes de que la policía se formalizara en departamentos, había patrullas de esclavos. Su único propósito era reprimir a los negros. Lo hacían persiguiendo, capturando y re esclavizando a los negros que habían escapado, aterrorizando a los esclavos para impedir las revueltas, y sometiéndolos a castigos extrajudiciales por infringir las normas de las plantaciones. Por lo tanto, no es sorprendente que muchos miembros o admiradores del KKK (Ku-Klux-Klan) hoy en día sean oficiales de policía. De hecho, históricamente ha habido un entrecruce significativo entre el KKK y la policía, y las dos organizaciones han trabajado mano a mano en el fortalecimiento de la supremacía blanca.

Después de la Guerra Civil, estas patrullas de esclavos se convirtieron en los departamentos de policía del Sur del país. Hicieron cumplir los Códigos Negros- cuerpos de leyes establecidos a nivel de los gobiernos estatales de los Estados Unidos, en calidad de legislación interna, destinado a poner límites a los derechos ciudadanos de la población afroamericana mediante encarcelamiento o multas por desempleo, falta de vivienda y matrimonio interracial- (N. de la T.) Esa policía sometió a aquellos hombres y mujeres que fueron libertos a deudas imposibles de pagar o los confinó a trabajos forzados similares a la esclavitud. De manera similar hoy en día, los afroamericanos son arrestados desproporcionadamente, enfrentan fianzas inasequibles, y son súper explotados como mano de obra de la prisión.

El capitalismo necesita policías

La policía existe porque el capitalismo la necesita. Así como los dueños de esclavos en el Sur utilizaban las patrullas de esclavos para mantener su "propiedad privada", la burguesía del Norte la necesitaba para reprimir a los huelguistas y enviarlos de vuelta al trabajo, para anular cualquier desafío al orden capitalista y para defender la propiedad privada de los medios de producción. A medida que la industrialización aumentaba el beneficio capitalista, la policía también se hizo necesaria para reprimir a la clase obrera inmigrante y nativa.

En el siglo XX, se profundizaron una serie de problemas sociales en los que los trabajadores se organizaron para obtener mayores derechos laborales, más control del lugar de trabajo y mejores salarios. En respuesta, casi todas las ciudades desarrollaron un departamento policial, y la burguesía comenzó a echar sus perros represivos sobre la clase obrera. Los intentos de sindicalización fueron a menudo anulados por la policía.

Propagaban ideas sobre “revoltosos” que incitaban huelgas en los lugares de trabajo. Por ejemplo, durante la huelga de 1934 en los muelles de San Francisco, la policía disparó sus escopetas contra multitudes de partidarios y huelguistas y entró en la sala del sindicato para finalizar su ataque. La policía mató a dos personas y nadie fue detenido por esos crímenes. A lo largo del siglo XX se produjeron acciones brutales similares en todo el país.

El papel actual de las fuerzas represivas no es diferente. Alrededor del mundo, aterrorizan los barrios de la clase trabajadora de la misma manera. Nunca la función o la práctica de la policía fue la protección o la seguridad de las personas. Debido a que siempre estuvo destinada a preservar la propiedad privada capitalista, es por esto, que la solución al terror policial no es una mejor supervisión o una mayor rendición de cuentas. Más bien, la solución es la abolición del sistema capitalista racista en el que los hombres blancos ricos, muchos de los cuales heredaron sus propiedades directamente de la trata de esclavos, pretenden mantener a las personas en condiciones de hambre, alojamiento precario, fatiga y alienación. Y cuanto más dura sea la opresión, más brutal será la violencia utilizada para mantener a la clase obrera "en su lugar".

Cámaras y nuevo entrenamiento

Después de la primera ola del movimiento Black Lives Matter e incluso en estos días, se escucharon reclamos para que la policía use cámaras corporales, que registren su accionar, (NdelaT) y también pedidos para que se entrene mejor a los oficiales. El argumento de estas reformas es que proporcionarían una mayor transparencia y responsabilidad para los oficiales.

El problema es que medidas como estas ya se han instituido en muchos estados de EEUU pero han hecho poco o nada para frenar la brutalidad policial. Por ejemplo, Eric Garner fue asfixiado hasta la muerte en 2014, usando un estrangulador ilegal de la policía de Nueva York, a plena luz del día, delante de una multitud, mientras todo era grabado. Tamir Rice fue asesinado en un parque público que tenía cámaras. Philando Castile hizo que su asesinato fuera capturado por las cámaras del tablero de la policía y una grabación de su novia. Derek Chauvin miró y sonrió a la gente que lo grabó matando a George Floyd. El sistema de (in)justicia es tal que incluso los asesinatos grabados de personas negras no significan que los policías asesinos serán juzgados y encarcelados.

Además, la policía a menudo apaga sus cámaras corporales cuando comete actos de violencia atroces. Hace poco, el propietario de una barbacoa de Kentucky fue asesinado a tiros por un oficial que tenía la cámara corporal apagada.

El número de personas atacadas y asesinadas por la policía se ha mantenido casi constante desde 2015, incluso después de un mayor uso de las cámaras. No necesitamos más imágenes de personas negras siendo brutalmente asesinadas por la policía. Necesitamos que este aparato represivo racista desaparezca.

El problema de la policía comunitaria

Una de las ideas reformistas que a menudo proponen los medios de comunicación y los intelectuales burgueses es la policía comunitaria. La propuesta sería que los policías estén asignados a un vecindario particular, preferentemente donde ellos mismos viven, y sólo vigilen esa área, los oficiales tendrían, supuestamente, relaciones más arraigadas con la comunidad. Según este argumento, tal movimiento disminuiría los incidentes de crimen, brutalidad y represión.

Este ideal no reconoce la función de la policía como una institución encargada de hacer cumplir el estatus quo. El programa de Servicios Policiales Orientados a la Comunidad, o COPS, establecido por el proyecto de ley del crimen de 1994 invirtió miles de millones en la mejora de la práctica de la policía comunitaria con el fin de fomentar las relaciones entre la policía y la gente. El programa, sin embargo, fue una absoluta pesadilla para la clase trabajadora negra. No sólo no hizo casi nada para reducir el "crimen", sino que también contribuyó al encarcelamiento masivo, arrojando a incontables jóvenes negros a la cárcel y dejándolos en circunstancias de mayor privación de empleo y precariedad de vivienda.

El hecho es que, mientras no se haga nada para abordar las condiciones estructurales subyacentes a las que se enfrentan las comunidades de color -segregación de la vivienda, inseguridad económica, desempleo y escasez de recursos- la actuación policial sólo puede conducir a la criminalización y la brutalidad, independientemente de si se basa en la comunidad o no.

Además, la policía comunitaria no cambia el hecho de que los presupuestos de la policía agotan los fondos para los recursos de las comunidades. Durante el apogeo de la pandemia Covid-19, las ciudades se pelearon para conseguir suministros esenciales como respiradores. Cuando los fabricantes subieron sus precios, la ciudad de Nueva York todavía tenía $5.6 mil millones asignados a la policía y $8 mil millones para la construcción de nuevas cárceles. Los policías recibieron un presupuesto gigante para su equipo antidisturbios, gas lacrimógeno y armas de uso militar, que luego se utilizaron para reprimir a los manifestantes. Las enfermeras, mientras tanto, se vieron obligadas a reutilizar los barbijos y a usar bolsas de basura en lugar de equipos de protección personal adecuados.

La policía comunitaria no significa que dicha fuerza ya no sirva al sistema capitalista racista. Un policía que conoce una comunidad, las familias de esa comunidad, y la cultura de esa comunidad seguirá brutalizando a esa comunidad porque ese es su trabajo y su función.

¿Desfinanciar a la policía?

Otra propuesta que está circulando con fuerza es la idea de desfinanciar a la policía como una solución. Es cierto que los presupuestos de las fuerzas han aumentado en las últimas décadas, especialmente después de que se aprobara el proyecto de ley sobre la delincuencia de 1994, mientras que la asistencia sanitaria y la educación han sido desfinanciadas; sin embargo, los esfuerzos actuales para invertir esta tendencia sólo supondrían una diferencia minúscula. En Nueva York, el alcalde De Blasio ha prometido recortar el presupuesto del Departamento de Policía de Nueva York y reasignar esos fondos a servicios para jóvenes. En Los Ángeles, el alcalde Eric Garcetti ha dicho que recortará el presupuesto policial de 1.800 millones de dólares a 150 millones de dólares para reasignarlos a las comunidades marginadas. Estas promesas no son más que concesiones menores que no cambiarán nada sustancial. Lo que sí cambiará algo es el total desfinanciamiento de la policía a un presupuesto de cero y, en última instancia, su abolición permanente.

Cabe señalar que las organizaciones antipoliciales como el Partido de los Panteras Negras surgieron en la década de 1960, cuando los presupuestos de la policía eran mucho más reducidos. Estas organizaciones identificaron correctamente a la policía como una fuerza represiva dentro de las comunidades negras de clase trabajadora. Como dijo uno de los miembros fundadores del Partido Pantera Negra, Huey P. Newton: "La policía en nuestros barrios ocupa nuestra comunidad como una tropa extranjera ocupa un territorio y no está ahí para promover nuestro bienestar, están ahí para contenernos. Para brutalizarnos y asesinarnos porque tienen órdenes de hacerlo".

El aumento de los presupuestos represivos y su mayor militarización fueron una respuesta a las crecientes tensiones sociales. De hecho, las primeras unidades SWAT se desarrollaron en la época de los disturbios de Watts y el auge del Partido Pantera Negra.

Desfinanciar parcialmente a la policía no es una solución. Si usamos el impulso de las protestas de actuales simplemente para disminuir los presupuestos, ¿cómo podemos evitar que los gobiernos municipales, estatales y federales los aumenten mañana? Más importante aún, ¿qué hará el desfinanciamiento parcial para terminar con la violencia sistémica contra los negros y la clase trabajadora?

Nuestra meta no debería ser disminuir el número de negros asesinados y maltratados por la policía. Nuestra meta no es un poco menos de opresión. Nuestra meta debe ser proteger las vidas de los negros y erradicar todas las fuerzas que los amenazan. Aspirar a menos que eso como objetivo final sólo nos depara un futuro de más pena y rabia por la próxima persona negra que será asesinada por violencia estatal.

Abolir la policía, acabar con el capitalismo

Las fuerzas de seguridad no pueden ser reformadas para estar del lado de la clase obrera y oprimida. Por lo tanto, la única solución viable contra el terror policial es su abolición completa. Pero, para que haya una abolición, también debe haber una abolición de las cárceles, del ejército y el estado burgués y del capitalismo en su conjunto, porque son fuerzas absolutamente entrelazadas.

Ya que la policía existe para proteger la propiedad privada y reprimir a la clase obrera, es necesario que haya una fuerza revolucionaria compuesta por la clase obrera que se oponga al capitalismo y sus violentos perros guardianes. En la lucha actual, aunque espontánea y dispersa, hay una revuelta masiva mundial contra la policía que está arrancándole grandes concesiones al estado. Con esta solidaridad sin precedentes, hay un potencial para organizar toda esa fuerza en una que se oponga directamente a la policía, a otros agentes estatales y al propio capitalismo.
Es necesario que haya un partido político independiente de la clase trabajadora que luche por otro sistema social, el socialismo. Sólo un partido así puede organizar una lucha consecuente para abolir la policia, impulsando la autorganizacion y la autodefensa democrática de la clase obrera y las comunidades negras y latinas. Para pelear por una sociedad en la que los recursos se distribuyan por necesidad y no por beneficio, dónde la seguridad este en mano de los propios trabajadores y el pueblo y en la que las prisiones, la policía y los militares puedan ser eliminados de forma permanente.

La represión es un componente integral para mantener un sistema de explotación. Por lo tanto, la policía siempre existirá dentro de un sistema capitalista. Si vamos a destruir las fuerzas de represión que matan niños, encierran a la gente en celdas, propagan la miseria y sofocan los esfuerzos para mejorar las condiciones materiales de la sociedad en su conjunto, nuestra lucha debe dirigirse hacia el sistema que se basa en esa represión y la mantiene.






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