SEMANARIO

La doble jornada, género y clase en el cine documental sobre Latinoamérica

Violeta Bruck

RESEÑA

La doble jornada, género y clase en el cine documental sobre Latinoamérica

Violeta Bruck

Ideas de Izquierda

La película que Domitila Barrios y la cineasta brasileña Helena Solberg llevaron juntas a la Tribuna del Año Internacional de la Mujer, organizada por la ONU en 1975.

La historia del cine documental latinoamericano, en especial el cine político y militante de los años 70, ha tenido en los últimos años, y de forma creciente desde hace casi dos décadas, múltiples espacios de rescate histórico y difusión. Aún así, con diversas muestras realizadas, artículos en revistas, ponencias en conferencias y libros publicados, nuevos autores y en especial autoras, pueden sorprendernos cuando casi por casualidad llegamos a encontrar sus obras que hasta el momento nos resultaban desconocidas.

Este es el caso de la cineasta brasileña Helena Solberg y su película La doble jornada (A dupla jornada, 1975). Y a esta altura, no resultará extraño que un documental que aborda la situación de mujeres trabajadoras de Latinoamérica en 1975, realizada por un equipo femenino en su gran mayoría, y con la participación de la referente de las amas de casa mineras Domitila Barrios, haya tenido mucha menos visibilidad que otras miradas y autores de la época.

La iniciativa parte de las motivaciones centrales de su directora. Helena Solberg comenzó su producción en Brasil, mientras estudiaba en la universidad en los años 60 se interesó por el cine y entabló contacto con varios integrantes del Cinema Nouvo. Para la realización de su primer corto A entrevista (1966) intercambió impresiones con Glauber Rocha, quien también la avaló para su producción. Ese trabajo reúne las voces en off de 70 mujeres de clase media alta de entre 19 y 27 años que reflexionan acerca de su lugar en la sociedad y las dudas acerca del matrimonio; mientras se desarrolla el relato las imágenes retratan de una forma casi publicitaria una mujer que se prepara para su boda. Su segundo trabajo, Meio-Dia (1970), es un corto de ficción sobre una rebelión estudiantil. Sus comienzos marcan también un punto de vista distintivo, las reflexiones acerca del lugar de la mujer en la sociedad, el machismo y la opresión aportan un tema novedoso que no era parte de la agenda de los realizadores del Cinema Nouvo.

En 1971 y a causa de la dictadura en Brasil, Solberg se muda con su familia a Estados Unidos donde se contacta con cineastas independientes y continúa produciendo. Su mirada feminista se proyecta a través de nuevas obras, The emerging woman (1974) recorre la historia de lucha de las mujeres en Estados Unidos desde 1800 hasta esos años, y para hacerla impulsa la formación del colectivo International Women’s Film Projet, junto a investigadoras y realizadoras con quienes filmará también La doble jornada, sumando a su mirada feminista una perspectiva de clase, y en 1977, con el material que le quedó afuera de este documental, Simplemente Jenny, sobre la historia particular de una de las entrevistadas.

En los años siguientes su mirada recorrió desde la experiencia de la revolución nicaragüense, la situación en Chile con Pinochet hasta la lucha por la democracia en Brasil. A su vez en nuevas producciones reflexiona sobre problemáticas de la mujer como en Carmen Miranda: Bananas is my bussiness (1995), Vida de Menina (2003) hasta la última Meu corpo, minha vida (2017) sobre el debate del aborto en Brasil.

Explotadas y oprimidas

En La doble jornada, protagonistas y realizadoras dan voz a una época y se plantan desde un punto de vista de clase entre las miradas feministas del momento. El documental trasmite experiencias de mujeres de Bolivia, México, Venezuela y Argentina, y queda afuera lo registrado en Brasil ya que el material fue confiscado por el gobierno militar.

Durante la investigación para la realización, Solberg entabló contacto con investigadoras, sociólogas y antropólogas de orientación marxista que influenciaron en sus puntos de vista y algunas de ellas participan en entrevistas.

Los testimonios de las mujeres trabajadoras son el principal elemento que articula el relato. Sus opiniones, dudas, denuncias y reflexiones se van encadenando de forma colectiva. Mientras se presentan diferentes situaciones de explotación laboral y desigualdad de género, se da cuenta de un elemento que recorre la realidad de todas: el trabajo doméstico, la limpieza y los cuidados, una actividad invisible y no remunerada, central para el sostenimiento del sistema.

Un grupo de mujeres bolivianas expone la situación y de sus palabras surge el título de la película, una de ellas comenta: “todo tiene que atender una mujer, tenemos el doble trabajo”.

Mientras un montaje de imágenes da cuenta de estas tareas, se suman las palabras de otra entrevistada: “el trabajo que la mujer realiza dentro de su casa, es un trabajo que también entra en el circuito de la producción social. Porque si no, pensemos lo contrario, si las mujeres no hicieran todas esas tareas hogareñas, cuanto más alto tendría que ser el salario para permitir un mínimo de supervivencia”.

En la calle mujeres argentinas hablan sobre el tema también desde el ángulo laboral; se denuncia que es muy difícil conseguir trabajos en fábrica y por eso se suman cada vez más como empleadas domésticas. En ese sentido también cuestionan a las mujeres de clases altas que las emplean: “No son buenas para tratarnos a las empleadas, si somos igual que ellas ¿verdad?”.

El empleo doméstico como experiencia laboral para una gran cantidad de mujeres latinoamericanas es analizado por algunas investigadoras: “lo primero que a mí me sorprendió fue que hubiera un número tan grande de mujeres en toda América Latina que se dedicara al trabajo doméstico, acá en México 1 de cada 3 mujeres que trabaja es sirvienta, en Chile aproximadamente la mitad de las mujeres que trabaja es sirvienta...”.

Las imágenes del cuidado de niños, la preparación de alimentos, la limpieza, junto a las diversas denuncias, son acompañadas por otras opiniones: “uno empieza a preguntarse si muchos de estos servicios no podrían hacerse de forma mucho más eficiente de forma comunitaria, desde las guarderías, hasta un buen sistema de preparación de comidas comunitaria, o un sistema de limpieza de ropa más eficiente de que uno tenga que ponerse a lavar la ropa en su casa”.

Y desde el equipo de realización agregan: “para el sistema el trabajo productivo de la mujer es secundario, porque la función principal que le asigna es la reproducción de la mano de obra. Desde que concibe un ser humano hasta que lo presenta en las puertas de la fábrica, la mujer madre lo ha alimentado, vestido, preparado y formado para su función de trabajador... Trátese de la madre o de la esposa, el dueño de la empresa paga un solo salario y se beneficia con el trabajo de dos personas”.

La película presenta a su vez elementos para distinguir las coordenadas de género y clase. Así por un lado se incluyen voces (solo en off) de trabajadores mineros que denuncian la explotación y reconocen la capacidad de organización de sus compañeras, como también, y a modo de contrapunto, se suma una entrevista a una mujer de la burguesía que mientras bebe un trago en traje de baño opina: “hay mujeres que trabajan solo para tener cosas, no por el pan diario de cada día, trabajan porque les gusta vestirse muy bien, para los extras, para darse el gusto…”.

En otras escenas, mujeres venezolanas suman reflexiones sobre las relaciones personales y comentan “el matrimonio, creo que es una institución que con el tiempo va a desaparecer, porque oprime a la mujer”, “hablar de una nueva familia, de un nuevo modelo... relaciones libres entre seres humanos que se quieren”.

De conjunto el relato recorre experiencias desde las viudas de los mineros en Bolivia que quedan sin sustento y se organizan, con la participación de Domitila Barrios como su principal referente, hasta obreras de importantes fábricas en Buenos Aires. Delegadas de trabajadoras telefónicas argentinas comentan “en los plenarios de delegados, si bien hay muchas mujeres, no participan activamente, es un problema de temor, la mayoría son hombres, y no se les da participación real en las decisiones”, y agregan “tienen que revolucionar toda su familia... la mujer tiene que salir de su casa para ser militante…”.

La suma de la jornada laboral y el trabajo doméstico se manifiestan en todas partes, y de forma creciente la denuncia da lugar también a reflexiones sobre las propias necesidades de la lucha.

Domitila, una protagonista más allá de la pantalla

Las voces que recorren la película no llevan nombres propios y forman una gran voz colectiva, pero entre todas hay una mujer que se destaca; ella es Domitila Barrios, referente de las mujeres organizadas en el “Comité de Amas de Casa de la Mina de Siglo XX”.

Helena Solberg conoció a Domitila a través de otra película El coraje del pueblo (1971), del grupo boliviano Ukamau y Jorge Sanjinés, en donde los propios protagonistas de los hechos recrean la historia de la masacre de San Juan, una terrible matanza contra la comunidad minera sucedida en 1967.

La realización de La doble jornada tenía como finalidad ser estrenada en la Tribuna del Año Internacional de la Mujer, organizada por las Naciones Unidas, en 1975 en México. Así Solberg propone a Domitila ser parte de la película y también consigue que pueda viajar a este evento para su presentación. Su intervención en México tuvo una gran trascendencia y junto a otros textos forma parte de la famosa publicación Si me permiten hablar... Testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia, compilado por la periodista Moema Viezzer.

En una entrevista realizada por Julienne Burton la cineasta recuerda un diálogo previo donde trataba de ayudarla para la intervención:

Domi, ¿tú sabes que tendrás que hablar ante cientos de delegados y periodistas de todo el mundo? ¿Que estarás en una plataforma frente a un montón de micrófonos y baterías? Yo estaba preocupada de que se sienta intimidada.
¿La policía va a estar ahí? me preguntó ella . ¿Van a haber gases lacrimógenos?
Por supuesto que no, le dije sorprendida.
¿Y entonces de qué hay que tener miedo?, preguntó ella, igualmente asombrada.
Esta mujer, que solía estar en un pequeño pueblo minero en Bolivia, se paró en frente de esa gran multitud, cada orador tenía diez minutos, pero cuando fue su turno, el conjunto de la audiencia gritó: ¡Déjenla hablar!, ¡Déjenla hablar!

En su participación planteó la realidad de las mujeres trabajadoras y cuestionó las ideas de un feminismo hegemónico que no cuestionaba los privilegios de raza y clase.

El registro de la entrevista para La doble jornada se realiza en una terraza, Domitila está de perfil y en algunos planos se puede ver a su pequeña hija que la acompaña y a la directora del documental. Su testimonio denuncia las condiciones de trabajo y de vida de las mujeres de las minas, las experiencias de cárcel y represión, la importancia de que existan oportunidades para estudiar y especialmente la importancia de la lucha colectiva.

En el texto Si me permiten hablar... ella recuerda el momento posterior a la proyección en México:

Entonces yo dije que esta situación se debía a que ningún gobierno se había preocupado en crear fuentes de trabajo para las mujeres pobres. Que el único trabajo que se les reconoce a las mujeres son los quehaceres domésticos y estos, incluso, son gratis. ... Por eso –les dije yo–, ustedes tienen que comprender que nosotras no vemos ninguna solución a nuestros problemas mientras no se cambie el sistema capitalista en que vivimos. Muchas de aquellas mujeres me dijeron que recién empezaban a comprenderme. Varias de ellas lloraban.

La historia por la mitad

A través de un trabajo siempre a contrapelo de la historia oficial de las cinematografías de todo el mundo vamos encontrando nuevas experiencias y referentes.

En una entrevista realizada por Julianne Burton, importante investigadora de cine latinoamericano, Solberg recuerda:

Debido a nuestras variadas nacionalidades decidimos llamarnos Internacional Women’s Film Projet. Nuestro equipo de mujeres (5 mujeres y un hombre) viajó por Latinoamérica durante tres meses... Recuerdo que un grupo de trabajadoras de fábrica de Argentina se sorprendió porque nunca habían visto a un equipo técnico que filme una película en su mayoría mujeres.

En una de las primeras escenas de La doble jornada se da vuelta la cámara para presentar a todo el equipo de realización. Las imágenes de jóvenes mujeres acomodando la cámara y los micrófonos, charlando entre ellas, trabajando juntas, son el contraplano lógico e indispensable de ese diálogo colectivo con trabajadoras de toda Latinoamérica que construye una película para dar cuenta de esa realidad ocultada o naturalizada por las ideas de las clases dominantes.

La historia y las luchas de las mujeres trabajadoras tienen sus imágenes en múltiples producciones audiovisuales, para que la marea que impone el algoritmo, las modas hegemónicas, y las grandes producciones no las oculten, es necesario compartirlas, traerlas al presente, dialogar con ellas, continuarlas.


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Violeta Bruck

@Violeta_Bk
Nació en La Plata en abril de 1975. Prof en Comunicación Audiovisual (egresada UNLP). Miembro de Contraimagen, realizadora de los documentales Memoria para reincidentes y La internacional del fin del mundo