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Europa. ¿Qué hace falta para generalizar la huelga en Francia?

Reproducimos un primer balance de la jornada de huelga de este martes, publicado por Révolution Permanente, grupo que impulsa el diario homónimo de nuestra Red Internacional en Francia.

Miércoles 19 de octubre | Edición del día
Foto: Révolution Permanente / @RevPermanente

Admitámoslo, la movilización del 18 de octubre fue moderada, expresando una radicalización de la situación, pero permaneciendo muy por debajo de las expectativas y el entusiasmo generado por la huelga de las refinerías. Si la generalización de la huelga no se ha producido aún, no hay que abandonar rápidamente esta perspectiva, al contrario, ¡debemos construirla!

Un resultado moderado, no se ha producido (aún) la generalización de la huelga

Este martes, una jornada de huelga y manifestaciones interprofesionales fue convocada por una intersindical de CGT, FO, FSU y Solidaires. Una jornada de movilización particular, ya que era una consecuencia directa del pulso entre los trabajadores petroquímicos de ExxonMobil y los de Total contra el gobierno. Siendo convocada en respuesta a la indignación provocada por las requisiciones.

La huelga de los refinadores y los detestables ataques del gobierno al derecho a la huelga estaban presentes en las mentes de todos a lo largo de la jornada, en manifestaciones que se dieron en toda Francia, movilizando entorno a 300.000 personas según CGT. 4.000 salieron a las calles en Clermont-Ferrand, 7000 en Burdeos, 9000 en Toulouse, 10.000 en Havre y 70.000 en París.

Si bien la movilización de los petroquímicos puso en las últimas semanas la cuestión del aumento de salarios en el debate público, esta también estuvo de forma omnipresente en los piquetes delante de empresas como la central nuclear de Graveline, el centro técnico de SNCF en Landy, en las diferentes cocheras de RATP (Ndt: empresa de transporte urbano) en Ile-de-France (región parisina) o en las propias refinerías.

Sectores a los que se les añadieron interesantes novedades, mostrando el malestar presente, con el ejemplo de huelgas inéditas en ciertos lugares como en Airbus, cuya cadena de montaje se paró, o en pequeñas empresas del sector privado, difíciles de medir, como en el Novotel de Saint-Avold.

Por parte de la juventud, hemos observado los primeros elementos de movilización, con una centena de institutos bloqueados en toda Francia en apoyo a los trabajadores de las refinerías, pero también en contra de la reforma de PacourSup y la reforma de los institutos profesionales, y el regreso de las asambleas generales en diferentes universidades reuniendo varios centenares de estudiantes. Como consecuencia, los cortejos de la juventud presentes en la manifestación este martes eran más amplios y dinámicos que los de la manifestación del 29.

Sin embargo, si bien la CGT reivindica 50.000 manifestantes más que el 29 de septiembre en el conjunto del país, es necesario señalar que los números no dan. A pesar del ambiente revivido por la huelga en los cortejos, el bloqueo de la economía sigue siendo limitado, incluso en los transportes. Incluso si hubo numerosos huelguistas-, hubo ya un 1 millón el 29 de septiembre—, la rabia contra el gobierno y presente en la clase obrera no se expresó en una movilización a la altura de los ataques recibidos y del entusiasmo provocado por lucha de las refinerías.

Un resultado reducido, indisociable de la ausencia de una preparación sería de un combate “conjunto” por parte de las direcciones sindicales. Estas, una vez más, no han puesto en marcha mecanismos para construir desde la base esta jornada del 18 de octubre. Una lección para las próximas batallas: solamente buscando organizar, en todos sitios, asambleas generales para discutir entre compañeros, trabajando para hacer convencer la rabia presente en diferentes sectores, y proponiendo un programa y una estrategia a la altura, será posible organizar manifestaciones serias en la calle, lejos de la rutina sindical, para poder hacer frente al gobierno.

Se abre un nuevo escenario, hay que construir la generalización de la huelga

No obstante, sería estúpido dejar de lado la rabia existente entre los trabajadores. Mientras que la inflación y la degradación de las condiciones de vida continúen agravándose en los próximos meses, la lucha de los trabajadores petroquímicos muestra como la entrada en combate de un solo sector puede darle rápidamente la vuelta a la situación. Y si, la “coagulación” deseada no se ha producido aún, nada indica que no pueda construirse en las próximas semanas y meses.

El gobierno no se equivoca, y un ministro confesaba ayer en la revista Echos, tras la jornada, que el gobierno permanece “extremadamente en alerta. La menor chispa podría estallarlo todo”. Desde este punto de vista, la huelga de las refinerías aparece como la primera señal del periodod de “tregua” que se produjo con el inicio de la pandemia, y que había interrumpido los grandes movimientos de huelga de la clase obrera, que se daban desde 2016.

Con esta lucha, el espectro de un movimiento unido en contra de la patronal y del gobierno reaparece nuevamente en el panorama. Después de que durante dos años, una oleada de huelgas por los salarios se desarrollase de forma casi subterránea, estas comienzan a emerger por primera vez al gran público, y muestran que una huelga en un sector puede transformar por sí misma el escenario político.

En este sentido, en una semana, la huelga de los petroquímicos ha obligado a la CGT, comprometida en una política de concertación con el gobierno sobre las pensiones y el subsidio del paro, a romper sus negociaciones,- al menos temporalmente ya que ahora llama a una “mesa salarial”-, y plantea una fecha de movilización. Un golpe brutal a la estrategia deseada por Macron para imponer su reforma de las pensiones.

Por otro lado, mientras las huelgas por los salarios de los últimos meses permanecían aisladas, eran de corta duración, y estaban centradas en un programa limitado, la de los petroquímicos ha puesto sobre la mesa la idea de la huelga por tiempo indeterminado, la posibilidad de reivindicar aumentos ambiciosos y la necesidad de extender el conflicto. También, ha permitido plantear la cuestión de la indexación de los salarios sobre la inflación, medida fundamental e ignorada totalmente por la izquierda institucional y las direcciones sindicales.

Si los trabajadores de las refinerías han abierto una brecha para un movimiento general para los salarios, sin que este se haya dado aún, muestran también que dicha perspectiva implica de dotarse de un plan de batalla y de estar preparados para intervenir de manera audaz en los momentos clave de la situación. Desde esta perspectiva, el conjunto de balances del último periodo debería servir para preparar los próximos combates, que implicaran giros más radicales en vista de que la situación se agrave.


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