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Red Internacional

Tribuna abierta. El deporte y la sexualidad: el debate sobre Lia Thomas

La nadadora trans Lia Thomas es el foco de un debate por la inclusión de las distintas identidades de género en el deporte.

Eduardo Brenis PitaEstudiante de Medicina

Martes 4 de enero | Edición del día

Lia Thomas es una nadadora trans estadounidense que en la última temporada ha conseguido marcas en las pruebas de 200, 500 y 1650 yardas en estilo libre, que se sitúan en lo mejor de esas categorías. Y eso ha traído mucho que hablar, especialmente por parte de los grandes medios conservadores y que se resisten a la inclusión del colectivo LGTBIQ+ en los deportes.

Lia Thomas contó que se dio cuenta que era transexual en el 2018. Se sometió al tratamiento para la supresión de testosterona hace dos años, siguiendo las normativas que exige la NCAA (National Collegiate Athletic Association) para seguir compitiendo. Se ausentó por dos años y medio para someterse a la TRH (terapia de reemplazo hormonal) y así cumplir con las normas del organismo. Explicó que en el último tiempo antes de someterse al tratamiento la pasaba muy mal compitiendo con hombres.

En el último año, el tiempo de Lia en las 200 yardas fue de 1:41.93 que la ubica a poco más de dos segundos del récord nacional de su país, y su marca en 500 yardas (4:35.06) ha sido la segunda en la final nacional de la NCAA de 2021.

Ante esto, un grupo de padres de la Universidad de Pensilvania (la misma universidad de la nadadora) envió una carta a la NCAA calificando esta situación como “una amenaza a la integridad del deporte femenino”. “El precedente que se está sentando, en el que las mujeres no tienen un espacio protegido y equitativo para competir, es una amenaza directa para las atletas femeninas en todos los deportes”, expusieron. Otra voz de protesta fue de Cynthia Millen, que renunció a su cargo de jueza de la Federación de Estados Unidos, USA Swimming, en protesta por permitir que Lia Thomas compita con el equipo femenino de Pensilvania. “No pretendo criticar a Lia, pase lo que pase, es una hija de Dios, una persona preciosa, pero es un cuerpo masculino nadando contra el femenino”, escribió Millen en la carta de renuncia. “Y ese cuerpo masculino nunca puede cambiar. Ese cuerpo masculino siempre será un cuerpo masculino”. También el medio Swimming World ha publicado un editorial comparando la situación con lo que pasó en su momento con los dopajes de la República Democrática de Alemania. “A pesar de los supresores hormonales que ha tomado de acuerdo con las pautas de la NCAA, la ventaja de Lia Thomas en la pubertad masculina no se ha reducido en una cantidad adecuada”, expone el editorial. “El hecho es que, durante casi 20 años, desarrolló músculo y se benefició de la testosterona producida naturalmente por su cuerpo. Esa fuerza no desaparece de la noche a la mañana, ni con un año de supresores. En consecuencia, Thomas se sumerge en el agua con una ventaja inherente respecto a las demás”.

Pero también hay voces a favor de Lia, como Víctor Granado, presidente de la Agrupación Deportiva Ibérica, la entidad que engloba a los clubes LGTBIQ+ inclusivos del Estado Español, que mantiene que el deporte se asienta sobre la premisa de una superioridad absoluta del hombre sobre la mujer. “A partir de ahí”, desarrolla, “se abona la teoría de que si una transexual es muy buena es que hace trampa. Lo que planteamos es que las transexuales no hacen trampa, no van contra los derechos de las otras mujeres y no poseen una ventaja deportiva en absoluto".

En concreto, no hay estudios que avalen este “beneficio” del que habla el editorial del Swimming World ni pruebas que avalen esa supuesta “amenaza” que nombra el grupo de padres arriba mencionado. Lo único que se ve es que siempre se trata de ocultar la dura realidad que viven las personas trans, siendo discriminadas en los lugares de trabajo, siendo quienes sufren más las crisis económicas, y quienes tienen menos esperanza de vida, sumado a que no hay debates ni políticas que permitan romper con el binarismo presente en el mundo.

Se están produciendo avances en la inclusión de los colectivos LGTBIQ+ en el deporte: ejemplo de ello es que en los últimos Juegos Olímpicos participó la primera persona transexual, la neozelandesa Lauren Hubbard, o el oro que consiguió Quinn, la primera persona transgénero no binaria en la historia que obtiene medalla olímpica, gracias a las distintas luchas por el reconocimiento a lo largo de todo el planeta. Pero a pesar de eso también tenemos ejemplos como el de Caster Semenya, atleta sudafricana intersexual, campeona mundial y olímpica, a quien no dejan competir desde 2019 por tener niveles de testosterona altos. O, más atrás en el tiempo, a María José Martínez Patiño, exatleta especialista en vallas, suspendida en 1986 por tener un cromosoma masculino. Y hay muchos más ejemplos de discriminación en las competiciones deportivas para con las distintas identidades de género. Es por eso que se tiene que seguir levantando la voz para terminar con la visión binaria que todavía mantienen no sólo el mundo del deporte, sino también los distintos ámbitos de este sistema.




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