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Red Internacional

Publicamos a continuación el editorial político de Esquerda Diário, medio impulsado por el Movimiento Revolucionario de Trabajadores, parte de la Red Internacional La Izquierda Diario en Brasil.

Viernes 5 de agosto | Edición del día

Ante las amenazas golpistas de Bolsonaro y como inicio de una operación para canalizar la bronca hacia una vía electoral con la fórmula Lula-Alckmin, se han comenzado a dar a conocer diversos Manifiestos “en defensa de la democracia”, que serán leidos publicamente el 11 de agosto, impulsados por un amplio arco que va de un sector del régimen político, junto a la Federación de Industrias de San Pablo (Fiesp), la Federación Brasileña de Bancos (Febraban) y muchos otros empresarios.
Estos sectores no son aliados en la lucha contra Bolsonaro; son los que apoyaron sus ataques contra el pueblo trabajador, los que apoyaron el golpe institucional de 2016 que abrió espacio a la extrema derecha y todas las reformas y ataques económicos desde entonces. Es necesario un plan de lucha con huelgas y manifestaciones para derrotar las amenazas golpistas y las reformas con la fuerza de los trabajadores, las mujeres, negros, indígenas, la juventud y la comunidad sexodiversa.

La reunión de Bolsonaro con embajadores, realizada a mediados de julio, significó un salto en sus amenazas golpistas al poner en cuestión la legitimidad de las elecciones y la imparcialidad del Tribunal Superior de Justicia. Pero las reacciones de importantes sectores del régimen político, del gobierno estadounidense y de sectores importantes de la prensa y empresarios fue de amplio rechazo. Bolsonaro debió desacelerar y en el discurso de su lanzamiento oficial de campaña no se refirió a la legitimidad de las elecciones y de las urnas, aun estando presente su base más reaccionaria. Esto fue una expresión de que el primer mandatario está bajo fuerte presión y que no cuenta con la suficiente relación de fuerzas para iniciativas golpistas efectivas. Por la misma razón, en su discurso buscó hacer demagogia hacia las mujeres, la juventud y la gente del noreste (donde históricamente se concentra la mayor base electoral del PT de Lula), además de anunciar la continuidad del aumento de la ayuda de emergencia para 2023. Todo buscando revertir el escenario desfavorable en el que se encuentra y que incluye la posibilidad de derrota en primera vuelta en las próximas elecciones.

La mayor articulación que se quiere presentar como respuesta a las amenazas golpistas de Bolsonaro es la recientemente anunciada “Carta a las brasileñas y a los brasileños en defensa del Estado democrático de derecho”. Se trata de un Manifiesto que será lanzado el 11 de agosto en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Pablo. Ese manifiesto será leído por Celso de Mello, exjuez del Supremo Tribunal Federal y es parte de una operación para colocar al poder judicial, un pilar del golpe institucional, del régimen político autoritario, de los ataques en curso y de la crisis en el país, como gran “defensor de la democracia” junto con el gran capital que ahora se opone políticamente a Bolsonaro. Pero la "oposición" de estos sectores va de la mano de enaltecer la agenda económica ultraliberal, cuya defensa será exigida a cualquier futuro gobierno.

Como firmantes del Manifiesto están banqueros como Roberto Setubal, Pedro Morieira Salles y Candido Bracher, del Itaú Unibanco, Fabio Barbosa, expresidente del Santander y de Febraban, y el expresidente del banco Credit Suisse en Brasil, José Olympio Pereira; el expresidente de la Fiesp, Horacio Lafer Piva, de la Klabin; grandes burgueses como Guilherme Leal de Natura y Walter Schalka de Suzano; derechistas neoliberales como Pedro Malan, Arminio Fraga; más de una decena de exjueces del Supremo y Miguel Reale Júnior, exministro de Justicia que abrió el proceso de impeachment contra Dilma Rousseff; y otros personajes reaccionarios como Adib Jatene, ministro de Collor de Mello, Fernando Henrique Cardoso o Aloysio Nunes Ferreira Filho, exministro de Justicia durante la presidencia de Cardoso y exministro de Exteriores del golpista Michel Temer.

Un segundo Manifiesto con el mismo objetivo será lanzado el mismo día con firmas de instituciones y ya tiene el apoyo de sectores pesados de la burguesía nacional, como Fiesp y Febraban. Amplios sectores de la gran prensa golpista también están convocando de manera entusiasta al acto de lanzamiento del Manifiesto, como Folha de Sao Paulo, el históricamente reaccionario Estadão y podría tener la adhesión de la corporación mediática Globo. O sea, se trata de un inmenso movimiento de la gran burguesía, del régimen político y sus instituciones.

No por nada el 27 de julio la embajada de Estados Unidos emitió un pronunciamiento contra los cuestionamientos de Bolsonaro al sistema electoral. El mismo día tuvo lugar la reunión bilateral entre el secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, y el ministro de Defensa brasileño, el general Paulo Sérgio Nogueira. Según trascendió, Austin le dijo a su par brasileño que Estados Unidos espera elecciones justas y transparentes. Se trata del cinismo más absurdo del imperialismo estadounidense y del Partido Demócrata: luego de haber orquestado la operación judicial Lava Jato y el golpe institucional en Brasil, y haber apoyado golpes militares en todo el mundo a lo largo de la historia, ahora quieren mostrarse como “defensores de la democracia”.

Al mismo tiempo, el Manifiesto ha sido firmado por diversos sectores progresistas. Sin embargo, la presencia de aquellos grandes sectores burgueses y pro-patronales es lo que marca el carácter central de su política. Hay que ver que detrás del acto del 11 y del propio Manifiesto, están nada menos que los responsables por el golpe institucional de 2016, que abrió espacio para el gobierno de Bolsonaro y para que los militares ocupen enorme peso en el régimen político brasileño. Hay diversos actores políticos, del poder judicial y del gran capital, que fueron responsables de la aplicación de todos los ataques económicos que se vinieron a partir del golpe institucional, como las contrarreformas que arruinaron la situación de la clase trabajadora brasileña que está sufriendo con el desempleo, el hambre y la carestía de la vida. Cuanto más se va configurando como probable la victoria de Lula-Alckmin, el movimiento de apoyo directo o indirecto que congrega también presiona con el objetivo de condicionar el programa del futuro gobierno y hacerlo más "viable" para las grandes patronales y el imperialismo, aun más de lo que ya declaró Lula. Esos que ahora vienen a hablar “en defensa de la democracia” son nuestros verdugos, no nuestros aliados.

El Manifiesto estaría inspirado en la “Carta de 77”, leída por el entonces ministro Goffredo da Silva Telles Júnior en plena dictadura militar. La referencia es una operación que oculta el papel central de la clase trabajadora en la lucha contra la dictadura y también del movimiento estudiantil, para destacar el papel de un “jurista”, de la “sociedad civil” y de instituciones del régimen. Lo que ellos quieren es controlar para que la fuerza de los trabajadores y de la juventud no entre en escena.

La campaña electoral de Lula-Alckmin que está por detrás de la campaña “en defensa de la democracia”

Detrás de la “defensa de la democracia”, estos sectores que ahora pasaron a ser opositores a Bolsonaro quieren prestar su apoyo a Lula-Alckmin en un acto que supuestamente sería “supra partidario”.

En su entrevista a Universo On Line de 27 de julio, Lula dejó en claro que después de un período sin interlocución con empresarios, la búsqueda de miembros de este sector que apoyen la fórmula, es cada vez mayor. Ese movimiento del 11 de agosto es parte de eso. Lula también envió señales a los militares diciendo que “son más responsables que Bolsonaro” y rescató las partidas presupuestarias que su gobierno le dio a los militares, expresando su voluntad de pactar su retorno también con los militares, sin cuestionar el papel de las Fuerzas Armadas en el régimen, sus acciones represivas, de corrupción y sus enormes privilegios.

El PT y Lula siguen en su línea de canalizar todo el descontento hacia el terreno electoral, para elegir a Lula-Alckmin y todas las listas provinciales de frente amplio con la derecha tradicional. La búsqueda de alianzas llega incluso a sectores que llevaron adelante el golpe institucional de 2016 y que tienen un programa abiertamente conservador.

A través de su peso en las direcciones del movimiento de masas, en especial en la Central Única de Trabajadores (CUT), el PT viene promoviendo hace tiempo la pasividad con este objetivo electoral. Ahora, a través del “Frente Fuera Bolsonaro” resolvió convocar al 11 de agosto como el “Día nacional e internacional de la movilización unitaria en defensa de la democracia, por elecciones libres y contra la violencia política”, y ya prevé también una movilización para el 10 de septiembre, para intentar impedir que surjan manifestaciones combativas, independientes, contra el bolsonarismo en las calles el 7 de septiembre, día de la independencia de Brasil.

El objetivo del PT es que las movilizaciones sean extremadamente controladas, con el mayor frente amplio posible y sin levantar ninguna demanda económica porque para este partido la unidad que se necesita no es la de la clase trabajadora con el pueblo pobre para luchar por nuestras demandas. Lo que ellos quieren es reestablecer las alianzas que Lula hizo durante su gobierno, con sectores conservadores, que no aceptan que toquen sus ganancias y privilegios. Así, quien va a seguir pagando la crisis, tanto ahora como en un posible gobierno de Lula, es el pueblo trabajador.

Por la unidad de la clase trabajadora en un plan de lucha y no con la gran burguesía y la derecha

Muchos dicen que es hora de la mayor amplitud para combatir a la extrema derecha, Bolsonaro y los militares. Sectores de la izquierda intentan incluso defender una supuesta “unidad de acción” con la burguesía intentando dar algún tipo de fundamento marxista para esa política, lo que ya hemos debatido aquí y aquí. Pero la unidad que es verdaderamente amplia y que puede de hecho derrotar a Bolsonaro, a la extrema derecha y a cualquier amenaza golpista es la de la clase trabajadora, de la juventud, las mujeres, negros, indígenas y la comunidad sexodiversa en la lucha de clases. Esto solo se puede dar combinando la lucha contra las amenazas golpistas, con las demandas económicas y democráticas más sentidas; y sobre todo, hacerlo de manera independiente de la burguesía y de cualquier sector patronal.

Lula ya dijo que su candidatura no es de izquierda, que no va a revocar las reformas y no propone ningún cambio estructural en el régimen político autoritario que se desarrolló con el golpe institucional. Lula y Alckmin no van a abrir camino para resolver las demandas de la clase trabajadora y el pueblo pobre, menos aún ahora que el país no tiene condiciones económicas para concesiones como fue en el segundo gobierno de Lula. Por el contrario, tienden a atacar a las masas obreras y populares como hizo en su primer gobierno con la reforma de previsional y otras medidas neoliberales, como ya reconoció el propio petista André Singer.

Es fundamental que el Polo Socialista Revolucionario, sumando a los partidos que se ubican a la izquierda del PT y con candidaturas propias, como el PCB y UP, no se sumen a esa trampa de conciliación de clases y de una supuesta “defensa de la democracia”, que en realidad es una campaña de la fórmula Lula-Alckmin.

Debemos unir fuerzas para exigir a las direcciones mayoritarias del movimiento de masas, en primer lugar de la CUT, CTB y UNE, que impulse un verdadero plan de lucha contra las amenazas golpistas, por revocar todas las contrarreformas y ataques al pueblo trabajador, y por terminar con la carestía de vida y el hambre. No aceptemos actos electorales junto con los grandes banqueros, industriales y líderes del régimen político, que van a definir el programa de esas acciones de acuerdo con sus intereses. Eso no es un “combate contra el golpismo”. Es necesaria una política de independencia de clase e imponer a las direcciones burocráticas un plan de lucha efectivo, organizado desde asambleas de base en los lugares de trabajo y estudio, alentando la autoorganización desde abajo, para poner a la clase trabajadora como sujeto activo en la escena política, para que empiece a jugar un rol central en la actual situación.

Si sumamos fuerzas en esta lucha, es posible incluso ganar sectores de la vanguardia de los trabajadores y de la juventud que están fuera de los partidos organizados para esa perspectiva de enfrentar el bolsonarismo, los militares y la derecha en la lucha de clases y de manera independiente a cualquier variante patronal. Las precandidaturas que proponemos desde el Movimiento Revolucionario de los Trabajadores con Marcello Pablito, Maíra Machado, Flávia Valle, Carolina Cacau y Valéria Muller estarán al servicio de esa batalla participando a partir de la próxima semana del programa “Brasil no es para amadores en las elecciones 2022”, así como Esquerda Diário y todos nuestros instrumentos que estarán al servicio de las batallas políticas, ideológicas y teóricas en este momento como Esquerda en Debate, el suplemento teórico Idéias de Esquerda, el podcast Espectro del Comunismo y el Campus Virtual Idéias de Esquerda.

En este sentido, Diana Assunção dirigente del Movimiento Revolucionario de los Trabajadores viene expresando que "Los sectores que componen el Polo Socialista Revolucionario, defendiendo el voto a la lista de Vera Lucia y Raquel Tremembé, como el PSTU, sectores del PSOL y diversos activistas y organizaciones como el MRT, debemos estar en la primera línea de esta batalla. Llamamos a cada activista y a las organizaciones que nos comprometemos en esta lucha política en común, dando una batalla común en cada situación, organización estudiantil y junto a las organizaciones y partidos de izquierda".


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