OPINIÓN: EXTRAÍDO DE LA REVISTA LUCHA DE CLASES N° 3

Comentarios a tres miradas sobre la cuestión nacional

Estudiante de antropología de la UMSA cuestiona, desde el marxismo revolucionario, diversas miradas sobre la cuestión nacional que vulneran los derechos nacionales de los pueblos indígenas.

Danica Chungara

Militante de Pan y Rosas y de la LOR-CI

Domingo 22 de mayo de 2016 | 16:33

Foto: OIEDC. Represión al pueblo guaraní en Takovo Mora

Antecedentes
Hay una discusión recurrente no solo en el ámbito político, sino con sus propias características también en el ámbito académico de la carrera de antropología, y es el que se refiere a la “cuestión nacional”. Todo el siglo XX está lleno de experiencias y lecciones de la lucha de los pueblos oprimidos por su liberación, y hoy en los inicios del siglo XXI, esta discusión pareciera tener nuevas y más aristas. A las visiones sobre este punto, de carácter posmoderno y relativista en términos generales, se han fortalecido también visiones de carácter institucional, es decir la que emana desde el Estado y de organismos internacionales como la ONU, OIT y otras, generalmente al servicio de las grandes potencias “imperialistas”. Estas visiones se han fortalecido las últimas décadas sobre la base del triunfalismo burgués-imperialista luego de la caída del llamado socialismo real, combatiendo a la concepción marxista de la cuestión nacional. En nuestro país, incluso esta discusión ha tenido una importancia política fundamental, si vemos que incluso ha significado el reconocimiento de 36 naciones y el cambio del nombre a Estado Plurinacional de Bolivia.

En nuestro territorio, “Nación” es un concepto llegado de la mano de los colonizadores, quienes impusieron sus formas de organización por todo el mundo e impulsaban el desarrollo del incipiente capitalismo donde llegaban. Conquistaron a África, América, Asia, Oceanía y algunos lugares europeos, primero “homogenizándolos”, como indios, para luego avanzar dividiendo los pueblos e imponiendo colonias, sin seguir ninguna lógica de unión territorial, cultural, etc. simplemente para lograr que estos territorios y comunidades sean gobernables. Pero luego de las luchas de liberación, siendo vencidos los colonizadores la situación no cambio realmente para los que originalmente ocupaban estos territorios. Los criollos (Bolivia) que ocupaban estas regiones “liberadas” asumieron el poder empezando de esta forma primero a excluir a los integrantes de los pueblos originarios, luego de la revolución del 52 negando su identidad nacional sobre la base de la “bolivianizacion” hasta que a principios de los 90 y con el giro neoliberal y el relativismo cultural de moda, a reconocer “naciones” en estos territorios pero dividiendo a estas internamente al igual que en la colonización, basándose en criterios que beneficiaría a los dominadores.

Lo cual causo que las personas que componían los diversos grupos y pueblos con identidades culturales y hasta nacionales se vieran divididas. Por ejemplo, el pueblo Guaraní, una gran sociedad prehispánica, en la actualidad se encuentra dividido entre Bolivia, Paraguay y Argentina, los quechuas en varios estados sud americanos, los aymaras entre Perú y Bolivia, los Mapuche entre Chile y Argentina, etc.
Por lo cual, hoy más que nunca es fundamental que desde el marxismo revolucionario tratemos con claridad, aprendamos de las experiencias revolucionarias y planteemos respuestas ante la cuestión nacional de manera científica sin caer en las palabrerías posmodernas, impulsadas desde la vicepresidencia del Estado, y/o con las salidas institucionalistas. Lamentablemente estas son las difundidas por la academia universitaria, ignorando y atacando al marxismo por el supuesto abandono de éste frente al problema planteado.

Visiones encubridoras
Los bolcheviques, bajo la dirección de Lenin, llevaron un aporte sustancial a la comprensión del problema nacional, discutiendo incluso contra visiones internacionalistas “abstractas” frente a la opresión “concreta” que sufrían determinados pueblos, llegando a formular el derecho incluso que tienen a separarse los pueblos oprimidos si así lo consideraban necesario. Sin embargo, estos planteamientos fueron rápidamente abandonados al producirse el proceso de burocratización del Estado Obrero Ruso, llegando Stalin a ser duramente cuestionado por Lenin por su comportamiento con la República Soviética de Georgia. Así mismo, muerto Lenin, Stalin será duramente cuestionado por la violación del derecho de autodeterminación de la República Soviética de Ucrania, los estados del medio oriente y otros.

Posteriormente, a finales de la Segunda Guerra Mundial se realizan los acuerdos de Yalta y Postdam, entre Stalin, Churchil y Roosvelt. En los cuales, organizan el mundo en dos bloques y zonas de influencia, llegando a dividir Alemania en cuatro zonas, entre la URSS, EEUU, Francia y Gran Bretaña, lo que también ocurrió con Austria y Polonia quedando de esta forma bajo el dominio de otras naciones. Lo mismo ocurrió con Argelia que quedo en posesión francesa (hasta la guerra de liberación nacional) y con muchas otras naciones más, que las llamaron colonias. La concepción stalinista termino desprestigiando al marxismo por su violación sistemática de los derechos nacionales de los pueblos.

El institucionalismo al servicio de los Estados opresores
Las visiones institucionalistas nos plantean el derecho a la libertad de los pueblos, incluso promueven esta como lo hizo la OIT luego de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo si se trata de nacionalidades pertenecientes a naciones “subdesarrolladas” como acomoda el orden mundial Truman [1] , estas organizaciones buscan la imposición de países como EEUU sobre estas naciones mencionadas.

Vemos que estas ONG’s, OIT, ONU, etc utilizan voces de rescate para aplicar sus políticas a favor de las aspiraciones del imperialismo que como Lenin dijo en una de sus características de este, hablando del reparto del mundo entre las grandes potencias, pues menciona que “el rasgo característico del periodo que nos ocupa es el reparto definitivo del planeta”, es decir que estos países como ser los que componen los diversos imperialismos y potencias mundiales ya se repartieron el mundo, aunque sigan en disputas por esto, pero no porque busquen la libertad de los demás países, sino porque buscan la posesión de estos.

Así como, el 14 de diciembre de 1960 en el Comité de Descolonización, en el cual se acuerda que aquellos países en situación de colonia debían decidir su independencia frente a sus colonizadores por medio de un referéndum, no se decía una sola palabra de las nuevas formas de dominación económica que estaba en marcha. Como bien explica Trotsky “el único medio democrático para conocer la "voluntad" de una nación es el referéndum. Esta solución democrática obligatoria seguirá siendo empero, tal como se define, puramente formal. En realidad no nos aclara nada sobre las posibilidades reales, las formas y los medios de la autodeterminación nacional en las condiciones modernas de la economía capitalista. Y sin embargo en esto mismo reside el centro del problema.” [2] Por que como vemos en la actualidad, si bien estos países se separaron de los países colonizadores, siguen dependiendo económicamente de estos ya sea en forma de semi colonias, como sucede con nuestro continente, o al servicio de la construcción de la hegemonía del imperialismo norteamericano como fue en 1947, mediante el Plan Marshall que consistió en introducir capital Estadounidense sobre las economías caídas europeas “junto con la previa creación de organismos multilaterales tales como el FMI o el Banco Mundial”.

Así mismo, luego de 1991 cuando se separó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y este aprovecho para desmembrar Yugoslavia por ejemplo mediante las fuerzas de la OTAN, cuando el pueblo Kosovar reclamaba el derecho de autodeterminación, el Ejército de Liberación del Kosovo rápidamente se transformaron en la infantería de las fuerzas de la OTAN contra la ex Yugoslavia, llegando incluso Bill Clinton a “apoyar la libertad” con su intervención en la guerra de los Balcanes y los bombardeos sobre Belgrado. Una libertad que no beneficio en absoluto a las grandes mayorías de lo que ahora es Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Macedonia y Serbia, sino que significo el sometimiento de estos por Estados Unidos y la Unión Europea, llegando a crear conflictos internos y negándoles luego a estos habitantes, el asilo [3] en diversos países europeos como sucede actualmente con los millones de refugiados sirios.

Sin embargo, vemos frente a esto que instituciones como ser la ONU colaboran con las principales potencias demostrando así su complicidad y servilismo al imperialismo. Siendo cómplices de estos mediante intervenciones “humanitarias”. Estas visiones institucionalistas, también en nuestro país, primero de la mano de Sánchez de Losada quien fue el primero en reconocer el articulo 169 e impulsar las TCO y ahora con Evo Morales, reducen los derechos nacionales de los pueblos a la mera categoría de “naciones culturales”, es decir se reconoce con fines meramente económicos en conocimientos o en variedades genéticas pero se los niega en el ejercicio de sus derechos de autodeterminación.

La reducción culturalista del problema nacional en la visión post moderna de García Linera
El posmodernismo plantea los temas culturales como principales en esta cuestión, sin tomar en cuenta los temas económicos. Heredando del relativismo cultural los términos de multiculturalidad que llega a significar en los hechos la existencia de una “diversidad cultural” dentro del estado nación dominante, sometido económico y políticamente.

Esta visión de la cuestión nacional es totalmente funcional no solo al sistema capitalista en general sino al estatus actual dominado por algunas potencias, planteando que las cuestiones culturales son más importantes que aquellas económicas. Como el Vicepresidente de Bolivia que menciona que “las naciones pueden surgir antes de tener un territorio; de hecho es precisamente la lucha de la identidad nacional la que a la larga dará lugar al territorio como espacio geográfico e histórico de despliegue de los derechos soberanos de la nación. Por lo general, las naciones como esperanza articuladora de voluntades políticas, existen antes de su limitación territorial; la conquista del territorio y su defensa son precisamente la realización activa de la fuerza espiritual nacional que anida en la comunidad que se asume como nacional”. [4]

Mediante lo cual nos plantea que en base a lo cultural se va construyendo lo económico como es la tierra, sin embargo, ¿cómo puedes determinar una manera para comer si no tienes que comer?, es imposible. Las sociedades nómadas podían aprovechar todo el territorio necesario, por lo cual no necesitaban asentarse en un lugar definitivo. Sin embargo, en la actualidad donde necesitas ser propietario de un terreno para poder comer los frutos de sus árboles como podemos plantear que la cultura se puede desarrollar sin un territorio. Simplemente no se puede. [5]

Esta lógica es una justificación para las políticas aplicadas. Esta es una excusa para que el estado pueda, teniendo autoridad sobre las tierras habitadas por las comunidades, acceder a estas y a sus recursos, en muchos casos sin consulta previa o de diversas formas.

El posmodernismo, nos relata mucho y actúa poco al respecto, nos plantea la importancia de la misma forma intenta imponer una identidad (la identidad nacional) sobre todas las demás: “la nación boliviana se consolida como una nación estatal que abarca y une a los más de 10 millones de bolivianos que nacimos en esta patria. Y dentro de ella están las naciones culturales indígena-originarias –poseedoras de una identidad pre-existente a la República e incluso a la Colonia–, con capacidad de libre determinación, que nutren a la identidad boliviana. Todos los que nacemos en este territorio somos bolivianos y poseemos la identidad nacional boliviana. Una parte muy importante de los bolivianos son indígenas, es decir, son bolivianos que poseen una identidad nacional compuesta: pertenecen a naciones culturales indígena-originarias como la aymara, quechua, guaraní, moxeña, uru, yuracaré, etc.”. [6] Incluso estos nos plantean que estas “naciones… (Tienen) capacidad de libre determinación”. Pero como pueden plantear esto si apenas buscan decidir algo que no convenga al estado son reprimidas, como en el caso de los guaranís de Takovo-mora [7] o el conflicto del TIPNIS [8].

Además, como plantea este autor, el posmodernismo cree que la identidad aimara, quechua, Esse Ejja, etc. es un complemento de la boliviana, que estas identidades no bastan por sí solas, que no se definen por sí sola, que necesitan la imposición de una nación dominante. Y cuando utiliza el termino de nación cultural, ¿qué nos plantea?, que una es la nación-estado que manda, por lo tanto, las otras se deben mantener como naciones culturales, naciones que no tienen estructura política, que no tienen economía propia ni pueden tomar sus propias decisiones cuando se trata de la utilización de sus territorios, pues como ya mencionamos antes, este uso será decidido por el estado que las englobe.

La necesidad de que los trabajadores defiendan las banderas del derecho a la autodeterminación
Observando y analizando las tremendas consecuencias que tienen las políticas imperialistas sobre los pueblos oprimidos del mundo, las más de las veces disfrazadas de “intervenciones humanitarias” o democráticas, como lo que sucede actualmente en el medio oriente, en África, Asia, Europa o incluso la frustración que significa en nuestro país la sistemática violación de derechos nacionales de los pueblos, vemos que la tesis marxista sobre la necesidad de que sea la clase obrera, los trabajadores acaudillando al conjunto de los pueblos y naciones oprimidas puedan resolver efectivamente esta enorme tarea democrática inconclusa. Esta tarea no puede hacerse más que llevando la movilización contra el imperialismo y sus agente locales, las diversas representaciones burguesas más interesadas en aprovecharse de los recursos naturales en los espacios territoriales de los pueblos oprimidos que en satisfacer el legítimo derecho a la autodeterminación nacional. Como diría Lenin, la clase obrera deberá liderar la solución de este problema, debido a que “es la que menos puede hacer un fetiche del problema nacional, porque el desarrollo del capitalismo no despierta necesariamente a todas las naciones a una vida independiente” [9] (de manera simultánea N de R).

Notas:
1. El 20 de enero de 1949, el Presidente Harry Truman impone esta categoría de “subdesarrollo” a aquellos países que no tenían la industrialización de EEUU, proponiendo de esta forma que la aspiración máxima para estos países seria lograr ser como este país.
2. TROTSKY, L: “El derecho de las naciones a la autodeterminación”. (1917)
3. http://www.laizquierdadiario.es/Discursos-hipocritas-medidas-reaccionarias-y-el-cotidiano-sufrimiento-de-los-refugiados?id_rubrique=1201
4. GARCÍA, A.: Identidad Boliviana. Pág. 20
5. El desarrollo de la burguesía como clase, trajo consigo la cuestión nacional, siendo esta el resultado en el ámbito cultural y político, una cuestión creada a partir de la necesidad de la burguesía de tener un mercado interno. Por otro lado, puede haber el caso de que un pueblo se auto considere como una nación sin tener un territorio, sin embargo, sus orígenes están, necesariamente, en un espacio geográfico determinado.
6. GARCÍA, A.: Identidad Boliviana.
7. El 18 de agosto de 2015, medio millar de guaraníes bloquearon la carretera entre Santa Cruz y Camiri pidiendo una consulta sobre la perforación de pozos petroleros en territorios comunitarios, frente a lo cual, un contingente policial llegó y usó gases lacrimógenos para dispersar la movilización.
8. El año 2011 de agosto se produjo la octava marcha indígena (la primera ocurrió en 1990, momento desde el cual reivindican y recuerdan al Estado y a la población que hay un sector excluido, no atendido, que necesita la devolución de sus territorios) en Bolivia, este planteo la defensa y el respeto del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) frente al intento de la construcción de una carretera que pasaba por el centro de este. Además, planteo la defensa y el reconocimiento de los derechos de los pueblos y naciones indígenas.
9. LENIN, V. “Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación” en Obras Escogidas. Tomo 1. Pág. 642. Editorial Progreso. Moscú. URSS. 1981






Temas relacionados

Autodeterminación   /   Bolivia   /   Lucha contra la opresión   /   derechos   /   León Trotsky   /   Vladímir Ilich Lenin   /   Marxismo

Comentarios

DEJAR COMENTARIO