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Red Internacional

CORONAVIRUS. Capitalismo y pandemia: entrevista a dos trabajadores de la salud de Nueva York

Miles mueren cada día y los cuerpos son apilados en fosas comunes. Estas son las imágenes surrealistas que llegan desde la potencia imperialista dominante. Esta situación no era inevitable, pero décadas de políticas neoliberales la prepararon, tal como explican la enfermera Tre Kwon y el Dr. Mike Pappas de Nueva York, miembros de Left Voice.

Sábado 18 de abril de 2020 | Edición del día

Esta entrevista fue brindada originalmente a Révolution Permanente, el sitio en francés de la red internacional La Izquierda Diario. Fue publicada el 12 de abril.

¿Cuáles han sido las respuestas de Trump y el Gobierno federal? ¿Pueden contarnos respecto a las leyes de emergencia que se han aprobado? ¿Cómo se posicionó el Partido Demócrata?

Mike Pappas: El gobierno fue demasiado lento para responder a la crisis. A pesar de las advertencias provenientes de alrededor del mundo, el ser humano completamente incompetente que ocupa la presidencia no hizo ningún esfuerzo por contener la expansión del virus. En las últimas semanas y meses, Trump ha oscilado entre definir al virus como una “estafa” de los Demócratas, compararlo con la gripe, reconocer que el virus se estaba diseminando pero minimizando su severidad, hasta finalmente reconocer que el número de muertos podría aumentar. Este negacionismo inicial es la clave de por qué llevó a que una indeterminada cantidad de personas se contraigan el virus y lo transmitan a otros. Grupos mediáticos como Fox News, que podrían ser considerados más precisamente como grupos mediáticos de propaganda corporativa, manufacturaron duda entre la población al respecto de la seriedad del virus. Esto implicó que el público general no tomase las medidas adecuadas para protegerse a sí mismos. Las iniciativas de “Quedarse en casa” de muchos estados puede ser necesaria, pero cuentan también con una dimensión política al desalentar la acción colectiva y atomizar a la clase trabajadora. Aún más, en muchos casos, dichas políticas fortalecen el aparato represivo del estado, lo cual obviamente es extremadamente problemático.

Tre Kwon: La Casa Blanca y el Congreso acordaron un paquete de rescate de 2 billones de dólares. De este monto más de 500.000 millones irán a las grandes corporaciones, con 60.000 millones destinados específicamente para las aerolíneas. En comparación, solo 125.000 millones de dólares están destinados al sistema de salud. Diez millones de trabajadores se convirtieron en desempleados desde que comenzó la crisis, y estos números sólo consideran a aquellos que solicitaron los beneficios de desempleo, por lo que excluye a millones de trabajadores indocumentados. Esta es la ola de pérdida laboral más grande desde la Gran Depresión. Los Estados unidos perdieron doce millones de empleos entre 1930 y 1932… ¡Los mismos que perdimos en dos semanas!

Cada ciudadano estadounidense debe recibir un cheque por 1200 dólares, pero en ciudades como Nueva York ese monto es menor a lo que mucha gente paga de alquiler. Sin un congelamiento de los alquileres, ese dinero es solo un subsidio para los que cobran alquileres. Ademas, no esta claro en qué momento llegaría este dinero. Este subsidio limitado está siendo denegado a los millones de trabajadores indocumentados en los Estados Unidos, trabajadores que pagan impuestos pero no obtienen ningún tipo de apoyo. Por el contrario, la agencia de deportación ICE continúa arrestando a los llamados “ilegales” en el medio de la pandemia, y en contraste directo con los hospitales, reciben suficiente material de protección por parte del gobierno.

El gobierno federal ha fallado en prepararse para una pandemia así. Trump está tratando de desplazar la culpa a los estados. Su hijastro, Jared Kushner, por ejemplo, se refirió a las reservas del Gobierno federal de respiradores y otros equipamiento desesperadamente necesarios como “nuestra reserva” en respuesta a las solicitudes de ayuda de los diversos estados. Trump ha invocado el Acta de Defensa Productiva de 1950, lo cual permitiría al gobierno dirigir la industria para producir los suministros esenciales. Pero nada ha sucedido por el momento. General Motors, por ejemplo, exigió 100.000 millones de dólares para fabricar respiradores y mientras nos acercamos al pico de casos GM no ha producido aún un solo respirador.

El Partido Demócrata, empujado por la senadora y ex candidata presidencial Elizabeth Warren, añadió algunas modificaciones contra alguna de las más grotescas formas de corrupción incluida en el salvataje. Ahora, las aerolíneas no podrán usar el dinero del rescate para comprar sus propias acciones, y se supone que las empresas de Trump no podrán acceder al rescate. En general, sin embargo, acordaron con este rescate de 3 billones de dólares a las grandes corporaciones. No ofrecieron ningún tipo de alternativa. Esto es en gran parte del motivo por el cual los rating de aprobación de Trump están en subida, no hay ninguna alternativa en la mesa. En algunas cuestiones se ha posicionado incluso a la izquierda de los Demócratas. Trump habla de brindar 1200 dolares a todo el mundo, mientras la líder demócrata Nancy Pelosi llama a “verificar la capacidad de subsistencia”.

Los Estados Unidos son uno de los países capitalistas más importante en el mundo y sin embargo su sistema de salud no ha sido capaz de estar a la altura de la crisis. ¿Cuáles han sido sus mayores límites?

Mike Pappas: Hay demasiados problemas para mencionar. Uno es que los Estados Unidos estuvieron extremadamente demorados en desarrollar un protocolo adecuado para el testeo de la población. Aunque había tests aprobados por la OMS que un gran número de países ya usaban, los Estados Unidos optaron por desarrollar su propio tests, probablemente para que una corporación estadounidense pudiera beneficiarse del contrato gubernamental para producirlas. Esto de por sí retrasó el giro hacia un protocolo de testeo masivo, pero además el Centro de Control de Enfermedades originalmente envió kits de testeo que debieron ser retirados debido a presentar fallas. Para el momento en que los Estados Unidos elevaron su capacidad para realizar testeos masivos ya presentábamos casos de transmisión comunitaria del virus.

Es importante notar que un gran beneficio del testeo que hemos visto en países como China o Corea del Sur proviene de aislar casos conocidos de COVID-19 y rastrear los contactos cercanos que hayan podido infectarse. Hacer esto requiere de un robusto sistema de salud público con la habilidad física de rastrear un gran número de casos. Los Estados Unidos no tienen semejante sistema, en su lugar tenemos un sistema de salud dominado por corporaciones con fines de lucro privadas, o entidades denominadas “sin fines de lucro” que de todas maneras funcionan como corporaciones con fines de lucro. Esto ha llevado a un sistema completamente dislocado que no puede rastrear la transmisión de la enfermedad.

Este fue el principio de la crisis en los Estados Unidos. Ahora lo que estamos viendo es una pandemia que en áreas como la ciudad de Nueva York probablemente vean un pico de infecciones en las próximas semanas o meses. El sistema de salud de los EE.UU. ya está viéndose completamente sobrepasado. El año pasado las enfermeras en Nueva York, por ejemplo, amenazaban con ir a huelga contra la pobre relación entre cantidad de enfermeras y pacientes. Pese a los pedidos de los trabajadores de la salud en la primera línea, las administraciones hospitalarias, quienes constantemente persiguen reducir los costos para incrementar las ganancias sin importar las consecuencias, se negaron a responder. Uno solo puede imaginarse cuáles son ahora las condiciones de trabajo durante la pandemia.

El personal que enfrenta la pandemia en la primera línea de batalla no cuenta con Equipamiento Personal Protector adecuado y se están acabando los respiradores en los hospitales. El sistema capitalista se ha mostrado incapaz de responder adecuadamente a esta demanda y aumentar la producción de suministros esenciales y equipamiento. Es por esto que Left Voice llama por la inmediata nacionalización de la industria del sistema médico y una reorganización planificada para la producción de los recursos esenciales.

¿Cuáles son los vínculos entre la propagación del COVID-19 y las políticas de salud capitalistas?

Mike Pappas: Esta crisis sirve como un ejemplo claro de que tan perjudiciales son las políticas del mercado que los capitalistas constantemente claman que benefician a todos. Ya desde el 2016 la administración de Obama elaboró un reporte basado en las lecciones de combatir al Ébola que anunciaba la probabilidad de pandemias globales. Una vez más, en el 2019, una simulación realizada por el Departamento de la Salud y Servicios Humanos de Trump, llamada “Contagio Carmesí”, modelaba una pandemia global. Ahora, si viviéramos en un país con un sistema de salud público funcional que trabajara para prepararse y prevenir enfermedades, uno podría esperar que, basados en esta información, los hospitales hubieran iniciado las preparaciones para tales escenarios. En cambio, los hospitales optaron por los escenarios “justo a tiempo” para la obtención de suministros, por que comprarlos antes de tiempo y garantizar su disponibilidad no era un costo que estuvieran dispuestos a sobrellevar.

La mentalidad del mercado también tiene un efecto sobre el financiamiento de las industrias públicas. En una sociedad donde el mercado reina indiscutidamente, la idea es que debería haber la menor interferencia gubernamental posible, lo que implica que los presupuestos para industrias públicas debe ser ajustado. Por ejemplo, tal como reportó The Intercept, la administración de Trump no solo cerró la Unidad de Salud Global en el Consejo de Seguridad Nacional, sino que también recortó la financiación a organizaciones que, como el Centro de Control de Enfermedades, se enfocan en la prevención de enfermedades globales. En lugar de financiar la investigación y el desarrollo público, la mentalidad capitalista que ha colonizado todos los aspectos de nuestra sociedad ha entregado enormes cantidades de investigaciones a corporaciones privadas que prefieren invertir el dinero en desarrollar el próximo Medicamento de Imitación (“Me Too”) en lugar de desarrollar terapias que podrían proteger a la enorme masa de la población.

Vemos cómo la ideología capitalista ha ayudado a crear esta crisis cuando evaluamos las tasas de personal contratado en los hospitales. Hace ya un tiempo, los directivos han buscado recortar el personal lo más posible dado que son vistos simplemente como un gasto extra que amenaza las ganancias empresariales. Esto los posicionó en una situación mucho peor cuando es tiempo de enfrentar la pandemia. Ahora vemos a los directivos de los hospitales corriendo para encontrar personal. Debido a la falta de personal sanitario, las administraciones de los hospitales advierten a los trabajadores de la salud que asuman que se expondrán al virus y que deberán trabajar hasta que desarrollen síntomas. Esto llevará a que la enfermedad se propague rápidamente.

Mientras el gobierno no ha preparado el sistema de salud, el estado capitalista también ha hecho al público más vulnerable. La completa destrucción de las redes de seguridad social es esencial para el funcionamiento del sistema capitalista. Es ventajoso para los capitalistas reducir los seguros de desempleo, los días pagos por enfermedad, etc., ya que pone a la clase trabajadora en una posición aún más precaria y vulnerable. Mientras más vulnerable es el público, más fácil es explotarlos en el trabajo ya que estarán desesperados por mantenerlo. Los Estados Unidos es el único país en el mundo sin la obligatoriedad de brindar días libres por enfermedad. Esto es inconcebible en un país que permite a un individuo acumular más de 100.000 millones de dólares en valor neto.

Esta precariedad ha ayudado a facilitar la propagación en EE.UU. no solo del coronavirus sino también de otras enfermedades. Por ejemplo, el Norovirus: El Centro de Control de Enfermedades ha reportado que son los trabajadores infectados de la industria de la comida quienes causan el 70% de los brotes de norovirus que llegan al público general. Documentan además que uno de cada cinco empleados de los servicios de comida ha trabajado enfermo con vómitos y diarrea, signos típicos del norovirus. Los trabajadores en los Estados Unidos deben continuar trabajando aun si están enfermos. Por lo que no es tan difícil entender por qué el coronavirus se propagó como lo hizo en EE.UU. Para sobrevivir, los trabajadores deben trabajar sin importar qué tan enfermos están.

En última instancia, el capitalismo ha hecho al público más vulnerable a los virus y ha dejado a las instituciones incapaces de responder. Sin embargo, el coronavirus es solo una advertencia de lo que puede venir si no nos movilizamos en oposición a este sistema. La cantidad de muertes y sufrimientos que podemos esperar del coronavirus palidece en comparación con los que ocasionará el inminente colapso climático. Mientras los capitalistas continúan destruyendo el ambiente (100 empresas son responsables de más del 70% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero) veremos emerger nuevas enfermedades, conflictos globales, hambrunas y muertes. Es por esto que es crucial responder a esta crisis con métodos que se opongan directamente al sistema capitalista, que nos ha llevado a estas situaciones.

La crisis también demuestra que el sistema de salud y la salud pública deben ser considerados más allá de lo que sucede en las clínicas u hospitales. Mientras la crisis se profundiza mundialmente, la administración de Trump trabaja para reducir los estándares de la Agencia de Protección Ambiental para que las compañías puedan aumentar la contaminación del aire y el agua que necesitamos para sobrevivir. Como reportó The Intercept, 2.2 millones en los Estados Unidos podrían morir si el coronavirus avanza sin límites. Aumentar la polución ambiental pondrá a la gente en un mayor riesgo de complicaciones por el coronavirus. No es casualidad que los residentes del Bronx, históricamente afectados por políticas racistas sistémicas, incluidas la exposición desproporcionada a la polución ambiental, tengan el doble de probabilidades de morir por el coronavirus. No sorprende que haya estudios que indican que las personas de color, especialmente las personas negras, estarían contrayendo y muriendo del coronavirus en una tasa desproporcionadamente mayor. Ejemplos como este demuestran cómo las cuestiones de salud y de bienestar van más allá del sistema de salud tradicional.

¿Qué medidas sociales y económicas deberían tomarse en los Estados Unidos para detener el COVID-19?

Tre Kwon: Se ha demostrado país tras país que la estrategia más efectiva para controlar la pandemia son testeos masivos y rastreos de contactos. Hemos visto cómo estas medidas se demuestran efectivas en países como Corea del Sur, por mencionar un ejemplo. Los esfuerzos para combatir el virus también involucraron aislamientos y cuarentenas, pero pudieron evitar órdenes generales de “quedarse en casa”. En los casos donde ya hay circulación comunitaria del virus, como los Estados Unidos, las políticas de cuarentena generalizada son necesarias, pero deberían ser acompañadas por testeos masivos y aislamiento de los contactos identificados. El problema es que países como los Estados Unidos han reducido drásticamente la financiación del sector de salud público a lo largo de años, por lo que no necesariamente existe la capacidad para realizar las medidas de testeo adecuadas o aislamientos de los contactos. Les resulta además ventajoso impulsar la política de “Quedarse en casa” sin complementar con testeos porque los gobiernos evitan de esta manera presionar al sector privado para producir los tests necesarios.

Mike Pappas: El sistema de salud en los Estados Unidos está enfocado predominantemente en la extracción de ganancia de los cuerpos enfermos dañados por el capitalismo. La acumulación de ganancia tiene prioridad sobre la salud, punto. Necesitamos un sistema de salud que provea atención de manera igualitaria a todo el mundo porque eso nos hace a todos más saludables. Por el coronavirus, bajo un sistema de salud más progresivo, todo el mundo afectado podría idealmente acceder a los testeos y cuidados médicos sin temor a la ruina financiera. Como Tatiana Cozarrelli y yo hacemos notar en nuestro artículo “El capitalismo es una incubadora de pandemias. Necesitamos luchar por el socialismo” “Si se necesitara hospitalización o cuarentena, un paciente y su familia podrían centrarse en lo que sea mejor para su salud en lugar de preocuparse por si una factura del hospital los destruiría económicamente.”

La manera de afrontar estos problemas que vemos es romper las reglas del capitalismo. Vemos cómo esto sucede de manera limitada cuando gobiernos capitalistas alrededor del mundo caen en la cuenta que las industrias no pueden y no podrán responder apropiadamente a la crisis. Gobiernos alrededor del mundo, como en España e Irlanda, están nacionalizando hospitales para poder afrontar la crisis. Si medidas de este estilo no son tomadas, los capitalistas habrán demostrado una vez más que simplemente se sientan a esperar mientras la gente muere, aguardando mejores oportunidades para maximizar ganancias.

Más tangiblemente, Left Voice lanzó un programa de emergencia de 10 puntos que discute pasos inmediatos que creemos son necesarios para afrontar la pandemia. Creemos que el público necesita organizarse para exigir medidas como cuidados médicos gratuitos para todos, licencia paga por enfermedad universal, y la nacionalización de todos las industrias relacionadas a la salud bajo el control democrático de los trabajadores. Tanto los pacientes como los trabajadores de la salud deberían controlar el sistema médico y sus funcionamientos, en lugar de CEOs millonarios y sus directorios empresariales. Esto inevitablemente llevará a mejores resultados para todo el mundo, no solo una minoría enriquecida.

¿Como trabajadores de la salud en Nueva York, cuáles son sus condiciones de trabajo en el hospital?

Mike Pappas: Las condiciones de trabajo de varían entre cada institución. En algunos centros médicos se le entrega al personal del salud una mascarilla N95 y se les indican que deben usarla entre una y dos semanas hasta que la máscara esté “sucia, húmeda o dañada”. En otros, se les brinda a los trabajadores elementos de protección personal (EPP) que deben utilizar a lo largo de todo un día. Sin importar la situación particular, es bastante generalizado el hecho de que el personal de salud no tiene acceso a suficientes elementos de protección. Hay otros faltantes de suministros necesarios como respiradores, bolsas intravenosas, jeringas, etc. Una falta de respiradores cuando los pacientes los necesitan para sobrevivir significa un aumento inevitable en las muertes.

El personal trabaja largas horas y está constantemente expuesto. Las instituciones médicas no están testeando sistemáticamente al personal hospitalario pese a que es conocido que muchos de los portadores son asintomáticos. Si bien esto nunca será admitido, esta negativa se debe en parte a que los directivos temen que demasiados trabajadores resulten positivos y sean licenciados, cuando de por sí ya enfrentan un grave problema de falta de personal.

En toda la ciudad de Nueva York los trabajadores están enfrentando esta situación. Enfermeras, médicos, y otros trabajadores en la primera línea están planificando acciones en hospitales alrededor de toda la ciudad para denunciar la situación. Las enfermeras en el Hospital Jacobi, en el Bronx, organizaron recientemente una acción para llamar la atención sobre sus pobres condiciones laborales. El Grupo de Trabajo de Trabajadores de Primera Línea contra el COVID-19, en la cual me organizo junto a otros trabajadores, recientemente organizó una protesta en el Hospital del Monte Sinaí para llamar la atención sobre el faltante de Elementos de Protección Personal, protocolos de control de infecciones y aislamiento deficientes, y una cantidad inadecuada de licencias por enfermedad. Llamamos a tener cero tolerancia contra las represalias patronales a quienes levantan la voz. Los trabajadores de la primera línea no vamos a continuar tolerando estas condiciones, y nos estamos organizando.

La crisis también muestra que la organización capitalista de nuestro trabajo nunca nos podrá brindar lo que necesitamos. Los hospitales han sido groseramente incapaces de proveer necesidades básicas como Equipamientos de Protección Personal para sus trabajadores en la primera línea mientras los CEOs de ese mismo hospital se esconden en sus condominios o mansiones en Florida. Necesitamos la nacionalización inmediata de la industria sanitaria y su puesta bajo control directo y democrático de sus trabajadores y la población. Tanto los pacientes como los trabajadores de la salud deberían controlar el sistema de la salud y su funcionamiento, no los CEOs millonarios y sus directorios empresariales. Esto inevitablemente llevará a mejores condiciones para todos, no solo para el puñado más rico.

Pueden contarnos más sobre el movimiento de las huelgas salvajes y la persistencia de la lucha de clases durante la crisis?

Tre Kwon: El número de huelgas en los Estados Unidos ha ido en aumento estos últimos años. El año pasado, miles de enfermeras en los hospitales de la ciudad de Nueva York estaban peleando por obtener una mejor proporción entre enfermeras y pacientes. Nuestra huelga fue saboteada al último minuto por la dirección burocrática de nuestro sindicato. Pero estamos viendo hoy en día que tan importantes eran nuestras exigencias por la contratación de más enfermeras.

Los Estados Unidos, donde muy pocos trabajadores están sindicalizados, especialmente en el sector privado, ha visto una pequeña explosión de acciones obreras contra la crisis. Los trabajadores en distintos depósitos de Amazon alrededor del país están exigiendo medidas de protección contra la pandemia, donde el organizador de la acción en Staten Island en la ciudad de Nueva York fue despedido por la compañía. Jeff Bezos, el dueño de Amazon, ha acumulado 600.000 millones de dólares más desde el comienzo de la crisis.

Ha habido acciones similares alrededor del país, tales como 1000 trabajadores en una fábrica de empaquetamiento de carne suspendiendo la producción al retirarse de la fábrica, o trabajadores de la limpieza en Pittsburgh exigiendo mejores equipamientos de protección. Los trabajadores de la industria automotriz lograron clausurar a las tres grandes compañías con huelgas salvajes luego de que los dirigentes sindicales se negaron a cerrar las fábricas. La acción más progresiva que hemos visto, sin embargo, fue sin duda la de los trabajadores de General Electric en Lynn, Massachusetts, quienes están exigiendo que la compañía comience a fabricar respiradores en lugar de cerrar la planta y despedir a los trabajadores allí contratados.

¿Cuál es la política del ala izquierda del Partido Demócrata? Los activistas que se organizaron alrededor de la campaña de Sanders, ¿están cumpliendo un rol en estos procesos de la lucha de clase? ¿Cuáles son las posibilidades para los revolucionarios en esta situación?

Tre Kwon: El 8 de abril, Bernie Sanders retiró su candidatura en las internas del Partido Demócrata. A lo largo del último año, la dirección mayoritaria de los Demócratas Socialistas de América, cercanos a la revista Jacobin, han estado prometiendo que Sanders ganaría la nominación. Solo seis semanas atrás, proclamaron que el Partido Demócrata “Ahora es el partido de Bernie”. Pero el establishment partidario se reorganizó y unificaron detrás de Joe Biden.

Sanders y otros “socialistas” en el Partido Demócrata ahora realizarán campaña por Biden, un político con un largo historial de trabajar junto a segregacionistas, defender compañías de tarjeta de crédito y encarcelar a la población negra. Es por esto que la campaña de Sanders no está jugando ningún rol en la lucha contra el coronavirus. La exigencia central de Sanders por un sistema de salud para todos (Medicare for All) es progresivo, pero se queda corto respecto al tipo de plan de urgencia que hay que implementar para movilizar todos los recursos disponibles contra la pandemia. Todo el Partido Demócrata, incluyendo a Sanders y a Alexandria Ocasio-Cortez, voto a favor de el salvataje de Trump de 2 billones de dólares para las corporaciones.

Esto abre un escenario interesante para los revolucionarios. El surgimiento del “socialismo milenial” en los Estados Unidos dio lugar al crecimiento explosivo del DSA. Toda esa energía fue canalizada hacia la campaña de Sanders. Existen incluso grupos que se consideran a sí mismos socialistas revolucionarios subiéndose al tren del reformismo. Ahora decenas de miles que hicieron campaña por Sanders durante meses se estarán preguntando por alternativas. Algunos de ellos podrán desmoralizarse, pero enfrentados a la crisis del capitalismo, muchos más se radicalizarán. Necesitamos construir una izquierda socialista en este país que se construya a partir de la energía de los nuevos conflictos obreros y que los conecten con una perspectiva por una revolución socialista internacional.




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