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COVID-19 y el doble racero en torno a la metáfora de la guerra

Los gobiernos, sus ministros y los medios de comunicación señalan cotidianamente que “estamos en guerra contra un enemigo invisible” llamado COVID-19. Buscan así construir un espíritu de “unidad nacional” para librar esa “guerra”, lo cual les permite ocultar debajo de la alfombra la precariedad de los sistemas de salud pública.

Cecilia Quiroz

Bachiller en Historia, militante de Pan y Rosas Perú y la CST

Jueves 2 de abril de 2020 | 11:44

Foto: Publimetro Perú

En estos tiempos que corren, los gobiernos, sus ministros y los medios de comunicación señalan cotidianamente que “estamos en guerra contra un enemigo invisible” llamado COVID-19. Buscan así construir un espíritu de “unidad nacional” para librar esa “guerra”, lo cual les permite ocultar debajo de la alfombra la precariedad de los sistemas de salud pública que son consecuencia de décadas de neoliberalismo.

En ese entender, el presidente Martín Vizcarra pretende fortalecer el espíritu de unidad nacional utilizando figuras del deporte y del mundo artístico para hacernos creer que lo único que hace falta para prevenir el avance de la pandemia generada por el COVID-19, es quedarse en casa. Solo así estaremos dando nuestro aporte individual a esta “guerra silenciosa” que el estado, dirigido por el presidente, libra valientemente de la mano de heroicos policías y militares, quienes, a pesar de la propagación del virus, no temen al contagio y ponen el pecho por todos nosotros.

Pero ¿estamos realmente en guerra? Juan Dal Masso, en un reciente artículo publicado en el semanario Ideas de Izquierda, señala que “Una guerra supone dos bandos armados enfrentados (dos Estados en la guerra tradicional o dos clases en una guerra civil), con intención hostil y objetivos político-militares contrapuestos. Por más letal que sea el coronavirus, es evidente que no tiene tales atributos de voluntad ni de fuerza material.” Entonces y más allá de las metáforas didácticas, técnicamente hablando no estamos en una guerra, pero ¿Por qué insisten tanto los publicistas afines al gobierno y el mismo gobierno en manifestar que si lo estamos?

El objetivo de esta campaña mediática, al parecer, es sacar del centro de la discusión la precariedad del sistema público de salud que es consecuencia de casi 30 años de neoliberalismo y la responsabilidad política que tiene este gobierno para encarar con eficacia la propagación del COVID-19. Mientras tanto y en esa perspectiva van construyendo un discurso de unidad nacional que haga impermeables e incuestionables las diversas iniciativas políticas que va tomando el presidente de la República y sus ministros que contribuyen a fortalecer el régimen político.

Por eso, para ellos lo central aquí y ahora para derrotar al coronavirus, es quedarse en casa. Entonces, todo aquel que se atreve a desacatar esa premisa, por la razón que fuera, se convierte en el enemigo central de su “guerra”. Quedan exceptuados, por cierto, de todo cuestionamiento publico las grandes empresas, como las mineras y otras, que no paran ni un minuto a pesar que sus trabajadores se contagian y laboran carentes de los implementos básicos de bioseguridad.

Sin embargo, y ya en el terreno concreto de las acciones contra esta epidemia, vemos todos los días que la estrategia del gobierno y del estado es insuficiente para frenar el avance del COVID-19, ya que, al no contarse con el testeo molecular masivo, se limita enormemente el conocimiento de las cifras reales de contagiados, lo cual no permite elaborar una estrategia efectiva para parar la pandemia. Entonces, y volviendo a las metáforas de guerra tan usuales en estos tiempos, vemos que al parecer no quieren identificar al enemigo, porque si lo quisieran realmente aplicarían cuanto antes los test moleculares a toda la población, de tal manera que quienes resulten como contagiados se aislarían y recibirían la atención medica correspondiente, evitándose así la propagación.

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Y si el “yo me quedo en casa”, así como la ampliación del estado de emergencia y la cuarentena en sí misma, son aplaudidas por un sector de la población - sobre todo por las clases medias - esto se debe a que poco a poco el miedo se ha ido generalizando, lo cual ha sido aprovechado por el presidente Martín Vizcarra para fortalecer los aparatos represivos del Estado, como las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, así como el rol del ejecutivo, con lo cual el papel bonapartista del gobierno se acentúa y el régimen del 93 se oxigena. Es en ese marco que se anuncian salvatajes para los empresarios, mientras tanto, la precariedad de la sanidad pública se mantiene, afectando así al pueblo trabajador que en la mayoría de los casos ha perdido el derecho fundamental a contar con una salud pública, gratuita y de calidad.






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