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Red Internacional

Medio Oriente. Ataque aéreo respaldado por Estados Unidos en Yemen mata al menos 70 personas

Yemen, el sitio de la peor crisis humanitaria del mundo en la historia reciente, sigue siendo devastado por una guerra indirecta respaldada por el imperialismo estadounidense. El último ataque muestra la urgencia de enfrentar los intereses geopolíticos e imperialistas que han creado esta inimaginable crisis humana.

Domingo 23 de enero | Edición del día
Khaled Abdalá / Reuters

Ayer, al menos 70 personas murieron y más de 130 resultaron heridas después de que un ataque aéreo llevado a cabo por la coalición liderada por Arabia Saudí golpeara una prisión en Yemen. Otro ataque aéreo el mismo día golpeó un edificio de telecomunicaciones en la ciudad portuaria estratégica de Hodeidah, lo que provocó un apagón de Internet en todo el país. Al menos tres niños murieron en ese ataque.

Los ataques se producen en el contexto de una escalada del conflicto en Yemen a principios de esta semana después de un ataque liderado por hutíes en Abu Dhabi, la capital de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Los EAU, un aliado de Arabia Saudita y miembro de la coalición liderada por ese país que lucha contra los hutíes (que cuentan con el respaldo de Irán), ha intentado aliviar las tensiones con Irán en los últimos años, pero la inestabilidad regional destaca la naturaleza compleja del acercamiento diplomático de los EAU.

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Como los acontecimientos de esta semana apuntan a una escalada de las hostilidades, los planes de la administración Biden para poner fin a la guerra en Yemen y avanzar en el “pivote hacia Asia” parecen, en el mejor de los casos, lejanos. Si bien a principios de 2021 Biden revocó la designación de los hutíes como grupo terrorista por parte de la administración Trump y puso fin al apoyo a las llamadas “operaciones ofensivas” por parte de la coalición liderada por Arabia Saudita, los movimientos recientes de su administración cuentan una historia distinta.

En una conferencia de prensa el miércoles, Biden dijo: “Terminar la guerra en Yemen requiere que las dos partes se involucren para hacerlo. Y va a ser muy difícil”. Los comentarios se producen un mes después de que su administración aprobara $650 millones de dóalres en ventas de armas a Arabia Saudita a través del Congreso con el pretexto de que las armas eran para “fines defensivos”. En la conferencia de prensa del miércoles, Biden también señaló que estaba considerando volver a designar a los hutíes como un grupo terrorista que podría exacerbar la crisis humanitaria de Yemen al dificultar que la ayuda llegue al país.

Las raíces de la crisis en Yemen

Yemen, que es uno de los países más pobres del mundo árabe, ha sido escenario de una devastadora guerra civil que tiene sus raíces en los procesos de lucha de clases abiertos por la Primavera Árabe. Los levantamientos en Yemen en 2011 llevaron a la caída del presidente autoritario del país, Ali Abdullah Saleh, quien fue sucedido por su vicepresidente, Abdrabbuh Mansour Hadi.

En 2015, después de que se forjara un acuerdo entre el gobierno de Hadi y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para reducir los subsidios al petróleo para pagar las deudas del país, las protestas masivas forzaron la renuncia de Hadi y llevaron a la toma del poder del gobierno yemení en nombre de los hutíes - un grupo rebelde chiíta respaldado principalmente por Irán -. A medida que los hutíes avanzaban en su ofensiva, estalló una guerra civil entre los partidarios del gobierno de Hadi y los hutíes.

Si bien Yemen es estratégicamente importante porque se encuentra en un estrecho que une el Mar Rojo con el Golfo de Adén (a través del cual pasa gran parte de los envíos de petróleo del mundo hacia el Canal de Suez), sobre todo el conflicto es parte de la lucha de poder regional entre el Irán gobernado por los chiítas y Arabia Saudita gobernada por sunitas. Con la influencia debilitada de Estados Unidos en la región a raíz de sus intervenciones aventureras en Irak y Afganistán, Irán comenzó a posicionarse cada vez más como una potencia regional para llenar los vacíos de poder dejados por Estados Unidos.

Con el respaldo de Irán a los hutíes en Yemen, Arabia Saudita decidió intervenir militarmente en Yemen en 2015 para salvar su patio trasero de la influencia de su principal rival regional con la ayuda de otros ocho estados árabes mayoritariamente sunitas y, lo que es más importante, el apoyo material y político de los Estados Unidos, Reino Unido y Francia.

Para Estados Unidos, el conflicto en Yemen fue una oportunidad importante para impulsar lucrativos acuerdos de armas con Arabia Saudita para asegurar ganancias para el vasto complejo militar-industrial del imperialismo estadounidense. En muchos sentidos, Yemen también se convirtió en un sello distintivo de la política exterior de la era de Obama. Lo que la administración Obama denominó el "modelo de Yemen" proporcionó un modelo para los planes estratégicos de los Estados Unidos para cambiar a confrontar a China al comprometer la menor cantidad de recursos posible para los conflictos insurgentes en el Medio Oriente y el uso de la guerra con aviones no tripulados en lugar de las tropas terrestres, de modo que los conflictos estaban fuera de la vista y fuera de la mente de las personas.

De hecho, en muchos sentidos, Yemen se ha convertido en una “guerra olvidada” entre la población estadounidense, pero sin duda, la salvaje campaña de drones desatada por Obama, ganador del Premio Nobel de la Paz, que mató a casi 700 personas no es olvidada por el pueblo yemení. Y para nosotros, los socialistas, es un recordatorio brutal de la naturaleza bipartidista del imperialismo estadounidense.

Y más allá del apoyo militar absoluto a la coalición liderada por Arabia Saudita, desde el comienzo de la guerra, Estados Unidos y el resto de la coalición han reforzado un atroz bloqueo económico y humanitario que afecta principalmente a las clases populares de Yemen. Hoy, a pesar de los millones invertidos en la guerra reaccionaria, la coalición liderada por Arabia Saudita no ha podido imponer un régimen títere ni impedir el avance de los hutíes y otros grupos islamistas insurgentes como el Estado Islámico que ahora controlan la capital Sanaa y la mayoría de Yemen del Norte.

La peor crisis humanitaria del mundo

Estados Unidos continúa causando muerte y destrucción en Yemen, provocando un nivel inimaginable de sufrimiento para el pueblo yemení. En diciembre de 2020, Naciones Unidas informó que el conflicto había causado unas 233.000 muertes , incluidas 131.000 por causas indirectas como la falta de alimentos, servicios de salud e infraestructura. Decenas de miles de yemeníes han resultado muertos o heridos como resultado directo de los combates, incluidos más de 10.000 niños.

Cuatro millones de personas se han visto obligadas a huir de sus hogares y más de 20,7 millones (el 71 % de la población) necesitan algún tipo de asistencia humanitaria o protección para sobrevivir. Al menos 5 millones de personas están al borde de la hambruna y casi 50.000 personas ya están experimentando condiciones similares a las de la hambruna. Se estima que 2,3 millones de niños menores de cinco años están gravemente desnutridos, incluidos 400.000 que corren el riesgo de morir sin tratamiento, según la ONU.

Una de cada dos personas en Yemen tampoco tiene acceso a agua potable, lo que ha dejado al país luchando para hacer frente al mayor brote de cólera jamás registrado. Esto ha resultado en 2,5 millones de casos sospechosos de cólera y alrededor de 4000 muertes desde 2016. La nación devastada por la guerra también se ha convertido en caldo de cultivo para una epidemia de dengue desde 2019.

Todo eso sin mencionar los efectos de la pandemia de Covid-19 en un país con un sistema de salud casi colapsado. Solo la mitad de las 3.500 instalaciones médicas de Yemen están en pleno funcionamiento y el 20 % de los distritos no tienen médicos, lo que significa que al menos 20 millones de personas carecen de acceso a una atención médica adecuada.

Ante este trágico escenario, es claro que el imperialismo yanqui no tiene interés en poner fin a la catástrofe en Yemen ni en ninguno de los demás países de la región, como lo demostró la reciente retirada y posterior crisis humanitaria en Afganistán. Además, los trabajadores no pueden depender de fuerzas burguesas reaccionarias de ningún tipo para encontrar una salida a la crisis en Yemen. En cambio, la lucha por la paz en Yemen debe basarse en el poder y los métodos de la clase obrera, en el espíritu de las masas que tomaron las calles en Yemen en 2011 y con el apoyo del movimiento obrero internacional en la tradición de lucha contra la guerra de movimientos del pasado.

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En solidaridad con la lucha del pueblo yemení, los trabajadores de todo el mundo deben denunciar de inmediato los bombardeos y la venta de armas que simplemente sirven a la especulación capitalista a expensas de las vidas humanas. Debemos pedir el fin del bloqueo criminal que impide la entrega de alimentos y suministros médicos que se necesitan con urgencia a las masas yemeníes. Y debemos defender el derecho del pueblo yemení a la autodeterminación frente a la interferencia extranjera que niega un camino independiente para salir de este horrible conflicto.

Este artículo fue publicado orginalmente en Left Voice.


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