Géneros y Sexualidades

MES DEL ORGULLO

#28J: Por un Orgullo combativo contra la promoción de la homo-lesbo-trans-bifobia y los antiderechos

Conmemorando el día del Orgullo LGBTI+, Lena Velásquez, militante de Pan y Rosas, escribe contra la homo-lesbo-trans-bifobia, los argumentos fundamentalistas y la violencia estructural heteropatriarcal y capitalista que sufre la población LGTBI+.

Lunes 28 de junio | 11:15

El pasado 15 de junio de 2021, Hungría aprobaba una ley anti-LGBT que limita la libertad de expresión de este colectivo históricamente oprimido por el sistema heteropatriarcal y condenado a la pobreza por el sistema capitalista, con la excusa de prohibir la supuesta promoción de la homosexualidad en menores de edad. Es la segunda, en dos años, que saca este país en ese sentido. En mayo del año pasado, se aprobó una ley que impide a las personas transgénero y transexuales (trans) cambiar de datos acorde a su identidad de género, incluido el nombre.

Lo que se puede evidenciar en ambos casos es una clara muestra de homofobia y transfobia por parte del Estado. Y la excusa: la supuesta promoción de la homosexualidad, es tan tonta, que solo personas en extremo prejuiciosas podrían blandirla. Aunque, no es de sorprender, sí sucedió en las reacciones de la derecha y ultra-derecha boliviana, más específicamente, en los grupos del Movimiento Liberal Libertario de Bolivia y un grupo de lectura liberal de un think tank de esa ideología.

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¿Por qué es tonta esa excusa? Porque nadie promociona la homosexualidad en el sentido de que se anime a las personas a ser homosexuales. Tal cuestión, incluso de hacerse, es imposible. Demostrado está que por más que la heteronormatividad, que promociona la heterosexualidad a las personas desde su infancia, se esfuerce por corregir a las personas homosexuales segregándolas, torturándolas o incluso asesinándolas a través de agentes de coerción que tiene; las personas homosexuales no cambian su orientación sexual ni las trans su identidad de género.

Lo que se promociona es el respeto a las personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT). Que no se las humille por amar a alguien del mismo sexo o no identificarse con el género que se les asignó al nacer. Y menos aún que se las segregue y condene a la pobreza en este sistema capitalista, que descarta al diferente, que no vende en el mercado y que no le es útil para sus intereses. Y que se les respete su derecho fundamental, la vida, es decir a que no sufran crímenes de odio atroces solo por su condición sexual o de género.

Lo que se promociona en el sistema heteropatriarcal es, más bien, la homofobia y la transfobia. Y esto, desde la primera socialización en la infancia. Cuando un padre insulta a una persona homosexual delante de su hijo. Cuando el niño ve a más adultos violentar a un hombre que no es tan masculino o una mujer que no es tan femenina según los cánones patriarcales contemporáneos. Cuando a un niño se le prohíbe leer o ver programas que muestran la realidad de la diversidad sexual que existe en el mundo. Cuando grupos de derecha piden que el Estado censure programas, como sucedió en Brasil y en Alabama (Estados Unidos). Cuando se ve en los medios de comunicación que los asesinos de personas homosexuales y trans están sin una condena, en la impunidad. Entre muchas otras situaciones.

¿Y por qué es más fácil atacar a las personas de la diversidad sexual y de género que mirar todas las violencias institucionalizadas y normalizadas descritas en el párrafo anterior? Porque, como dijo León Trotsky en su texto "Su moral y la nuestra", “la clase dominante impone a la sociedad sus fines y la acostumbra a considerar como inmorales los medios que contradicen esos fines”. Es decir, la burguesía conservadora impuso junto con el capitalismo temprano, en alianza con el poder clerical, político y médico, una heteronormatividad para lograr sus fines: la reproducción de mayor proletariado que explotar al menor costo (también se interrelaciona con la doble explotación a las mujeres trabajadoras). Y así, esta volvió inmoral, criminalizó y patologizó a las personas homosexuales y trans. Y con el paso del tiempo de esta su imposición, se volvió en la “moral social” que segrega y discrimina a las personas de la diversidad sexual y de género.

Por esta razón es importante cambiar la estructura social heteropatriarcal y capitalista que oprime y explota tanto a las mujeres trabajadoras como a las personas de la diversidad sexual y de género, sobre todo a las que no forman parte de la burguesía. Es necesario no olvidar esto este 28 de junio, que se recuerda el Día del Orgullo LGBT en honor a los disturbios de Stonewall, en medio de tantas empresas que empiezan a aplicar de manera superficial el capitalismo rosa para lavar su imagen y aumentar su valor en el mercado, es decir para su propio beneficio y no el de la población. Prometen “la mayor felicidad posible”, pero en la realidad actual esta se da solo para una exigua minoría, y no para la mayoría. En otras palabras, aunque “manipulen todos los colores del arco iris; a pesar de ello siguen siendo, en resumidas cuentas, los apóstoles de la esclavitud y de la sumisión”, como dijo Trotsky.

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