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FRANCIA
Trabajar más y cobrar menos: Gobierno francés presentó su reforma jubilatoria en medio de protestas
Juan Andrés Gallardo | @juanagallardo1

El primer ministro francés, Édouard Philippe, presentó finalmente este miércoles la propuesta de reforma previsional, que consiste en trabajar más para cobrar menos. Una provocación en medio de la huelga en el transporte y las dos movilizaciones masivas de los últimos días.

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En medio de la huelga en los transportes y luego de dos movilizaciones multitudinarias en todo el país, el Gobierno francés finalmente presentó este miércoles su proyecto de reforma de las pensiones. El anuncio, que implica básicamente trabajar más años y cobrar una jubilación más baja, fue cuestionada por los principales dirigentes sindicales, incluso por la CFDT, central conciliadora que venía apoyando el proyecto del Gobierno.

El encargado de hacer la presentación fue el primer ministro, Édouard Philippe. El objetivo de la nueva reforma es acabar con los llamados regímenes especiales, de los cuales existen 42 en Francia, que permiten a trabajadores con tareas penosas, riesgosas o insalubres jubilarse más temprano. Por otra parte establecería un sistema de puntos, que aún no se sabe como funcionaría, para el cálculo de la pensión, algo que ya era muy cuestionado por la calle. También baja el promedio de para el cálculo al no hacerlo sobre los mejores salarios percibidos, sino sobre los sueldos de toda la vida laboral. Uno de los puntos más importantes, sin embargo, es el que aumenta la edad de jubilación a los 64 años. Si bien, el primer ministro anunció que la edad para acceder a una jubilación seguirá siendo de 62 años, lo ciento es que solo a los 64 se podrá acceder a una pensión plena.

La respuesta de algunos dirigentes sindicales fue inmediata. Philippe Martínez, secretario general de la CGT, dijo "Todo el mundo trabajará más tiempo: es inaceptable. El Gobierno se ríe de todo el mundo". Por su parte, Laurent Berger, dirigente del primer sindicato de Francia, la conciliadora CFDT, que hasta ahora se negó a llamar a cualquier tipo de protesta y apoyaba con algunas restricciones la reforma del Gobierno, dijo que "Se ha franqueado una línea roja", en relación a el aumento de la edad jubilatoria a los 64 años.

El Gobierno de Macron buscó, sin éxito a juzgar por las reacciones y el rechazo inmediato en todas las redes sociales, presentar el proyecto que liquida las pensiones como una mejoría para los trabajadores y jugó con la idea de que su aplicación sería progresiva y empezando dentro de varios años.

Por eso, en su discurso de 50 minutos el primer ministro hizo hincapié en que las nuevas reglas se aplicarán a quienes tengan menos de 50 años a finales de 2024, es decir, a los nacidos a partir de 1975. La primera generación que entrará de forma directa en el nuevo sistema será la de 2004.

Es decir que los que entren en el mercado laboral en 2022 ingresarían directamente en el nuevo sistema. Esto implica una modificación importante para las futuras pensiones de los más jóvenes que son además los que tienen hoy los trabajos más precarios y en muchos casos sin siquiera aportes.

El proyecto es vital para los empresarios y los partidos del régimen político francés. Se trata de quebrar lo que queda del viejo Estado benefactor, que ha venido siendo desmantelado por los sucesivos gobiernos de centroderecha y centroizquierda durante los últimos 40 años. Sin embargo la reforma de las pensiones siempre fue una piedra en el zapato para los que intentaron llevarla adelante. En 1995, al primer ministro Alain Juppé le costó varias semanas de huelga indefinida que terminaron con la reforma, y con su Gobierno. Tampoco lo pudo pasar el derechista Nicolás Sarkozy en los 2000.

Por eso para Macron es casi de vida o muerte. Retroceder significaría reconocer que no puede llevar adelante la que durante su campaña presentó como "la madre de todas las reformas". Sin embargo la sola filtración de algunos de los aspectos de lo que iba a ser la reforma ya generó rechazo hace meses y la preparación de una huelga en sectores estratégicos que comenzó el jueves pasado junto a una movilización multitudinaria que unió en las calles lo que los sindicatos no querían que se junte: trabajadores del transporte, estatales, docentes, pensionistas, estudiantes y chalecos amarillos. Esos sectores volvieron a salir a la calle este martes, en la previa del anuncio del Gobierno.

La Izquierda Diario habló con Jean-Patrick Clech, editor del sitio Révolution Permanente de Francia, sobre las reacciones al discurso y lo que se puede esperar sobre la acción de los sindicatos.
Al respecto Clech dijo "El primer ministro buscó con su anuncio fracturar el frente sindical: negociar con algunos, integrar a otros, prometiendo que la reforma se aplicaría de forma progresiva. De momento los sindicatos se mostraron decepcionados con el anuncio, aunque no llamaron a acciones coordinadas, ni a fortalecer las que ya estaban planificadas".

Por el contrario la central que nuclea a los empresarios franceses, llamada Medef, junto a los grandes medios de comunicación y el mundo de las finanzas salieron a respaldar inmediatamente el anuncio hecho por el primer ministro de Macron. Para estos sectores es clave que el Gobierno no se muestre débil y que no ceda ante las protestas callejeras y las huelgas.

Es que como señala Jean-Patrick Clech, "Un posible retiro de esta reforma abriría una situación social y política absolutamente nueva en Francia, con repercusiones mucho más allá de las fronteras del país. Algo así podría revertir el equilibrio de poder entre las clases, modificando una situación política que viene bastante polarizada a la derecha, al menos si nos atenemos a la escala europea. En un contexto de retorno internacional de la lucha de clases, con elementos de levantamiento en los países del "Sur", de hecho, podríamos presenciar un salto cualitativo en la situación mundial, esta vez afectando a un país imperialista".

En la reunión de la llamada "Intersindical", que reúne a la CGT, Fuerza Obrera (FO), la FSU y Solidaires, que se hizo el martes por la noche solo se llamó a acciones locales para este jueves y una nueva protesta nacional para la semana que viene.

"Ante el anuncio de la reforma, la Intersindical debería revisar sus planes y ver la indignación y la radicalidad que expresa la base de los trabajadores. No se puede esperar al martes 17 para una nueva movilización y huelga nacional, se deberían llamar a Asambleas Generales, para preparar huelgas indefinidas y piquetes hasta que el Gobierno retire la reforma", agregó Clech.

Consciente de que es difícil que las direcciones sindicales que vienen apostando al diálogo con el Gobierno vayan muy lejos en la radicalización de los métodos de lucha, Clech señala: "Todavía es posible ganar si nos damos los medios y si logramos imponer nuestra voluntad en nuestras organizaciones. Podemos hacerlo aumentando el poder de las bases ante las direcciones sindicales. Las Asambleas Generales locales de huelguistas por compañías, empresas, talleres, comités de huelga, o las asambleas interprofesionales (intersectoriales), que se vienen dando en diferentes lugares, deben desarrollarse y coordinarse en los próximos días para reafirmar garantizar una huelga indefinida hasta imponer el retiro de la reforma. El gobierno está decidido a librar una guerra social: demostremos que nosotros también."

 
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