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¿QUÉ QUEDA DE AQUEL SLOGAN ELECTORAL?

“Yo voto por quien aumenta salarios, no por quien aumenta precios...". ¿En serio?

En diciembre en el chavismo hicieron campaña diciendo que el gobierno aumentaba el salario y no los precios. Hace pocos días el gobierno volvió a acordar aumentos de precios con la burguesía nacional.

Ángel Arias

Delegado de base del MinTrabajo @angelariaslts

Miércoles 25 de mayo de 2016 | 08:18

En varias calles de Caracas podemos ver aún las pintas que buscaban llamar la atención del pueblo sobre que la diatriba en juego en las elecciones legislativas (del 6-D), en medio de la crisis económica que atravesamos, sería entre dos opciones contrapuestas, una de las cuales favorecía al pueblo –aumentando los salarios– y otra lo golpeaba –aumentando los precios. Ya sabemos cuál fue el resultado de las elecciones, los más genuinos representantes de quienes aumentan los precios lograron captar mayoría de votos. ¿Será que una mayoría del pueblo se volvió masoquista?

Pero es que el gobierno parece decidido a darles la razón a los capitalistas, “expertos” proempresariales y voceros de la derecha cuando, “para superar la crisis”, busca de diversas maneras complacer a los empresarios y cumplir con sus exigencias como, por ejemplo, ¡autorizar los aumentos de precios!

Digamos que el gobierno se ha encargado de desmentir a sus propios grupos que se esmeraron por plasmar en las paredes la idea de que estaban en juego dos maneras antagónicas de encarar la crisis. Ojo, no es que antes del resultado electoral el gobierno no tuviera una política de pactar aumentos de precios constantes con los empresarios, hace rato viene en eso, por eso había mucho de demagogia en esa propaganda electoral, pero a la luz de la misma y del cada vez más insufrible alza actual de precios, cobra más relieve la “contradicción”.

La misma lógica… capitalista

El problema es que, en el fondo, el gobierno, que se dice “socialista” y “revolucionario”, sostiene exactamente la misma lógica que quienes se reivindican abiertamente procapitalistas.

A ver, el empresario y ministro Miguel Pérez Abad (por cierto, el chavismo decía con orgullo que antes los ministros los ponía Fedecámaras, y ahora… ¿los pone Fedeindustria?) declara: "Necesitamos el reconocimiento de los costos reales de los precios que nos permita el aseguramiento de la producción sostenida, así como también la transparencia en la estructura de costos”. Eso dice el empresario ministro “socialista”, ex presidente de la corporación patronal (de medianas y pequeñas empresas) Fedeindustria.

Otros empresarios, también “anticapitalistas” y “socialistas”, claro está, los del Consejo Empresarial Bolivariano, dicen: “Al sincerar costos y precios se elevará la oferta de bienes y eso disminuirá la especulación” (aquí).

Los empresarios “no socialistas”, los de Fedecámaras, dicen que los “ajustes de precios deben ser reales en función de los costos”, y que el desabastecimiento es por el “rígido” control de precios. Dicen también que “Todos los sectores del país que tienen alguna regulación de precios están produciendo a pérdidas en su mayoría”. El otro empresario, el socialista Pérez Abad, dice que “Nadie puede producir a pérdida. Vamos a ser vigilantes de que las empresas cubran sus costos para que no se presenten fallas en la producción y por ende en la distribución (…) El Estado reconoce las estructuras reales de costos” (ver).

El presidente de Fedecámaras decía este 11 de abril que esperaba “que el incremento sea de consenso con quien produce y no analizado por ellos (el Gobierno) solamente”. El ex presidente de Fedeindustria anunciaba el pasado miércoles 11 de mayo, que los nuevos aumentos contaban con el aval de Coposa, Pfizer Venezuela, Canamega (Cámara Nacional de Medicamentos Genéricos y Afines), Procter and Gamble de Venezuela, entre otros grupos capitalistas nacionales y extranjeros.

¿Puede alguien conseguir alguna diferencia sustantiva, antagónica, en las lógicas? Evidentemente no. Es el más básico y drástico sentido común capitalista: si no podemos ganar cuanto queremos, cuanto nos parece el nivel deseado de rentabilidad, no producimos ni invertimos, habrá escasez y, por tanto inflación, punto. Como decimos en reciente artículo, el gobierno no hace sino confesar que “buscan la solución al brutal desabastecimiento y carestía de la vida en... acercar los precios a los considerados satisfactorios por los capitalistas que fugan capitales, malversan las divisas a precio preferencial, desvían producción al mercado negro, especulan y maniobran de mil formas para esquilmar al pueblo trabajador”.

Justo es decir que esta lógica elemental burguesa, incansablemente transmitida por los medios de comunicación y los distintos “aparatos ideológicos” del sistema capitalista (la escuela, las universidades, los partidos, las iglesias, la burocracia sindical, etc.) como si fuera el “orden natural” de las cosas, ha calado en buena parte de la población, incluso la que se referencia en el chavismo, ¿y cómo no?, si también la sostiene el gobierno. El gobierno, claro, padece la presión del empresariado que quiere más aún, pero no tiene derecho a quejarse si la burguesía logra altos niveles de adhesión a estos sentidos comunes, puesto que él mismo siempre sostuvo, y sostiene, esa lógica, jamás la cuestionó, su ideología “socialista” no pasó de incorporarle elementos de “justicia social”, “conciencia patriótica” y “productiva” a la lógica de la producción capitalista.

Por eso son tan escasas hoy a nivel de masas, incluso de vanguardia, ideas para superar la baja producción y la escasez que no sean las de esta lógica burguesa. ¿Pero es que acaso puede haber otra?

Socialistas de verdad

La perspectiva socialista es antagónica a ese sentido común para el cual es “lógico” que el interés de una minoría de explotadores se imponga y arrodille al resto de la sociedad. Los revolucionarios socialistas cuestionamos que se pretenda hacer ver que no hay otra manera de producir y vivir, planteamos que es liberando a la sociedad de las ataduras al interés de esa minoría como se pueden alcanzar mayores niveles de satisfacción de las necesidades de las mayorías.

A la “racionalidad” de las cuentas capitalistas le oponemos la racionalidad de las necesidades obreras y populares, planteando alternativas y medidas que muestren que es la defensa del interés de la clase capitalista lo que se interpone para que sean viables opciones que no impliquen mayores sacrificios para los trabajadores y el pueblo pobre. Que muestren que no hacen falta burgueses “productivos”, gendarmes que impongan “mano dura” o “salvadores de la patria”, sino que si la clase trabajadora toma en sus propias manos la solución de sus problemas vitales y se orienta hacia su propio poder, puede reorganizar la sociedad sobre nuevas bases.

Así por ejemplo, decimos que los trabajadores no tienen menos derecho que los empresarios a conocer toda la verdad de las cuentas y situación financiera de las empresas, que sus ojos deben poder penetrar a fondo en todas las intríngulis que ocultan los empresarios y banqueros, que toda la contabilidad e información de sus ganancias deben ser públicas, pues la burguesía no tiene ningún derecho a ocultarle a la sociedad el lucro que le succiona. Que es con base a esa verdad y a las necesidades de la clase obrera y el pueblo pobre que los propios trabajadores –en alianza con las comunidades– deben controlar los precios.

Que toda la información sobre los stocks, acopio y almacenamiento de bienes debe ser totalmente pública, y con base a esta sean los trabajadores y las comunidades (a través de sus delegados electos democráticamente por las bases, y revocables) quienes decidan y controlen todo lo concerniente a la distribución.

Que las empresas deben garantizar a los trabajadores el empleo y un salario acorde al costo real de la canasta básica, si insisten en despedir o declarar “quiebra” que los trabajadores asuman el control.

Si los empresarios se niegan por empeñarse en mantener su nivel de ganancias –para “no producir a pérdida”, para que les reconozcan “lo costos reales de producción”–, si no pueden garantizar siquiera cuestiones elementales como los puestos de trabajo, un salario decente y la producción, si no pueden garantizar que amplias franjas de la clase trabajadora no caigan en el desespero, la mendicidad o la delincuencia, sino pueden garantizar que millones caigan en la pobreza, decimos tajantemente que están reconociendo que la economía de la sociedad no puede estar en sus manos y deben dar paso a que otra clase social la asuma: la clase trabajadora, la verdadera productora de las riquezas.

Claro está, una perspectiva de este tipo llevaría a una dinámica de enfrentamiento de clases y revolución social en que estará planteada la abolición de la propiedad capitalista y la supresión de la burguesía como clase social. El chavismo en el gobierno tiene derecho a estar en contra de esta apretada síntesis de la perspectiva socialista, y cuestionarla, pero a lo que no tiene derecho es a falsificar la idea de “socialismo” y contrabandear una burda variación de la lógica burguesa como si fuera “socialista”. Ya lo hemos dicho, el chavismo jamás se imaginó ni se planteó una sociedad sin banqueros, empresarios ni terratenientes, por eso es presa de su propia “contradicción”.

En todo caso, hoy queda bastante claro que en las pasadas elecciones no estaban en juego dos maneras antagónicas de encarar la crisis, sino diferentes proyectos y modalidades de hacérnosla pagar a los trabajadores y el pueblo pobre –una más brutal, otra más matizada. En ese sentido, era totalmente falso que al votar por el gobierno votaríamos por quien no coincide con los capitalistas en golpearnos con los aumentos de precios en función de sus ganancias.






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