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CORONAVIRUS EN PERÚ

Vizcarra: un malabarista sin rumbo frente al COVID-19

Desde que se dió la aparición del primer contagiado del COVID-19, la estrategia del ejecutivo a sido errática. Se cambió a la ministra de Salud, cifras de infectados y fallecidos en aumento. La situación desnuda la poca previsión desde el Estado para atender la emergencia y la enorme crisis del sistema de salud en el Perú.

Federico Quispe

Militante de la Corriente Socialista de las y los Trabajadores "CST" de Perú

Domingo 22 de marzo | 08:30

Foto: El País

Mientras escribimos esta nota todas las ciudades del Perú se encuentran en Estado de Emergencia, lo cual implica la suspensión de los derechos fundamentales de la población hasta el 30 de marzo. Esta medida se dicta como parte del menú de ideas que impulsa el Gobierno de Martín Vizcarra para detener el avance del COVID-19. Pareciera que para el presidente de la república la militarización es la solución y no la ciencia y tecnología biomédica en un contexto de la llamada Cuarta Revolución Industrial.

Lo concreto es que hasta la fecha el ejecutivo solo ha mostrado una improvisación constante y mucho histrionismo, por eso el pasado 20 de marzo Vizcarra cambió a la ministra de Salud, una oficial de la Policía Nacional del Perú, por un personaje vinculado a las ONGs y a los sectores del neoreformismo peruano, con lo cual pretende darle otro aire a su alicaída política sanitaria.

Sin un plan serio para enfrentar al Covid-19

El 31 de enero, el ministerio de Salud emitió dos documentos para afrontar al COVID-19. El primero relacionado al protocolo que debería realizarse frente a un eventual paciente y el segundo tiene que ver con un plan presupuestario. Es de tomar en cuenta que para aquella fecha ya había muchos artículos científicos de corte biológico, matemático y de gestión de la salud pública sobre el tema a partir de la data que se venía generando desde noviembre el 2019 en China.

El primer documento tomó como referencia únicamente lo expuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS), es más, su estructura es muy parecida. Aquí no se toma en cuenta variables sanitarias, sociodemográficas y otras propias de la realidad peruana.

El documento de planificación fue cuestionado al evidenciar que el Gobierno había designado, de un total aproximado de un millón de dólares, solo 5.85% del presupuesto para “Vigilancia Epidemiológica e Investigación de Casos” y un 4,74% en “Vigilancia Laboratorial y Soporte Diagnóstico”, en comparación con un 41,59% del presupuesto destinado en “Sensibilización y comunicación del riesgo”, queda demostrado así que lo que buscaba era promoción política antes que soluciones concretas.

De esta forma, el Gobierno de Vizcarra elaboraba dos herramientas limitadas para afrontar una pandemia que para aquella fecha ya había hecho arrodillar al gigante asiático, con el que el Perú mantiene una dinámica comercial y cultural que involucra el desplazamiento de centenares de personas entre los dos países.

Por ello, es común ver a Vizcarra sacar de la manga una llamativa solución cada vez que aparece un “nuevo” problema, lo cual corrobora que nunca hubo un plan serio para afrontar este problema de salud que hoy ya ha cobrado 5 muertos y cientos de contagiados.

Curva epidémica vs escases

Las medidas decretadas durante las últimas dos semanas han buscado, como en todos lados del planeta, tratar de que los servicios de salud que un determinado país tiene no colapsen del todo ante la cantidad de pacientes infectados a partir del achatamiento de la curva epidémica; y aquí está el principal problema para el Gobierno peruano. La mencionada curva epidémica implica el suministro constante de datos provenientes de los análisis.

Pues bien, el viernes 20 de marzo el gobierno de Vizcarra, después de más de dos meses del primer despistaje de COVID-19 y de nueve días de Emergencia Sanitaria, recién se da cuenta de la poca capacidad de diagnóstico que existe en el Perú, ya que aquí solo tenemos un laboratorio de diagnóstico y solo entre 5 mil a 10 mil kits para realizar las muestras (test). Por eso en 15 días solo se han procesado 4,985 muestras [1].

Sumado a lo anterior, el Colegio Médico del Perú informa sobre la situación de miles de sus colegas que no cuentan con implementos ni materiales para afrontar la pandemia y que están siendo contaminados sin que el Estado haga nada, al igual como ha venido sucediendo en otras latitudes del planeta.

Frente a esto el presidente ha anunciado la adquisición de nuevos test para detectar a los infectados con el COVID-19 y para cubrir la falta de equipamiento de los hospitales públicos ha salido a decir que convertirá los edificios de los juegos panamericanos en nuevos hospitales, mientras las clínicas privadas continúan lucrando con la esperanza de vida del pueblo en su conjunto.

Dejen de jugar con nuestras vidas

En este escenario se desnuda con crudeza la precaria situacion del sistema de salud pública. Hasta la fecha no se ha detenido el dengue en la zona de la selva situación que refleja que desde el Gobierno no se prevee nada frente a los nuevos fenómenos generados por el cambio climático - como el Invierno Altiplánico en la zona sur del Perú en el mes de febrero. Esto muestra la estrecha relación al gran capital ya que es el sector que en este tipo de situaciones busca sacar el mayor provecho posible. Por ejemplo veamos la voracidad de las mineras que obligan a ir a laborar a sus trabajadores en plena cuarentena, o los laboratorios y empresas privadas que elevan sustantivamente el precio de los productos necesarios para encarar la pandemia.

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El hecho real es que el Gobierno de Vizcarra ha venido improvisando constantemente, por eso sus planes parecen ser un copy/paste. No ha tomado en cuenta las condiciones de sanidad, salud, demográficas, socioeconómicas y de movilidad social. Pareciera que juega con nuestras vidas y eso nos preocupa.

Frente a esto se hace necesario medidas urgentes tales como:

  1. El testeo gratuito de toda la población, lo cual nos permitirá saber con objetividad quienes están contagiados y la política sanitaria a implementar.
  2. Que el sistema de salud pase a ser controlado por un comité de trabajadores del sector, científicos y usuarios para detener el COVID-19.
  3. Que el sector privado vinculado la salud (clínicas) y de la industria farmacéutica (farmacias y laboratorios) pase de forma efectiva y sin pago alguno a ser parte del sistema de salud pública y que esté controlado por los trabajadores de salud y por los usuarios.
  4. Por la expropiación de equipos de diagnóstico ya que muchas universidades y empresas privadas cuentan con ellos y no pueden ser instrumento de su lucro.
  5. Reconversión de la producción de la industria textil: mientras dure la crisis, que esta pase a producir prendas desechables como mascarillas, mandiles, gorros, colchones, sabanas y todo lo que sea necesario para cubrir las necesidades de los trabajadores de salud que están en la primera línea y para implementar los hospitales.
  6. Y para obtener los recursos necesarios, nacionalicemos la banca y la industria minera y pongámosla bajo control de los trabajadores, solo así estas actividades estarán al servicio de superar la crisis sanitaria, económica y social.

Esta pandemia, en la que la vida de miles está en juego, está poniendo también en evidencia que la sociedad capitalista es incapaz de brindar un futuro a la humanidad en su conjunto, ya que este sistema solo privilegia a un puñado de grandes empresarios y banqueros, que, en el caso peruano, se valieron de la corrupción para acumular su capital a costa de la precarización y pauperización de la clase trabajadora.






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