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IZQUIERDA DEBATE

Unidos Podemos y Catalunya: una “equidistancia” que sólo favorece al régimen monárquico

Los llamados de Iglesias y Garzón a un “diálogo” abstracto y una posición de falsa equidistancia (“ni con el 155 ni con la DUI”) ubican a Unidos Podemos como apéndice izquierdo del bloque monárquico que dicen denunciar.

Diego Lotito

Madrid | @diegolotito

Miércoles 25 de octubre | 10:24

Foto: EFE

En una carta dirigida a los militantes de Podemos, Pablo Iglesias dice que su partido está contra el 155, porque suspende el autogobierno de Catalunya y hace “saltar por los aires uno de los pactos cruciales de la Transición”, además de ser “un ataque a los fundamentos mismos de la democracia española.”

El líder de Podemos denuncia lo que llama un “pacto monárquico” que lleva adelante un intento restaurador que va de la modificación del artículo 135 (para pagar la deuda) al 155 (para liquidar la autonomía catalana), pero al mismo tiempo sostiene que están en contra de una declaración de independencia porque, aunque considera que la movilización del 1-O fue “imponente y épica”, no reunía “las condiciones y garantías de un referéndum que permita determinar la relación jurídica de Catalunya con el resto del Estado.” Y reitera lo que ha sido su política en los últimos meses, pero que ahora suena aún más irreal que antes: la exigencia de un “referéndum legal y pactado”.

El último de sus argumentos es sobre el PSOE, del que dice que “apoyando al PP y apuntalando el bloque felipista” ha renunciado “a liderar un Gobierno de cambio en el Estado”, para terminar llamando a impulsar “la nueva España a la que aspiramos; social, republicana y plurinacional.”

Los graves errores de Unidos Podemos ante la cuestión catalana son muchos, y esta carta solo los reitera.

En primer lugar, Unidos Podemos depositó grandes expectativas en un PSOE “del cambio” de la mano de Pedro Sánchez, centrando su estrategia política en los últimos meses en intentar llegar a un acuerdo de gobierno con éste. Tanto llamaron a confiar en el PSOE que hicieron una primera “prueba” ingresando a un gobierno socialista en Castilla-La Mancha (¡del que aún son parte!) tras un pacto con García Paje, epitome del ala más derechista y bunkerizada de los barones socialistas. Del mismo modo Unidos Podemos ha puesto como ejemplo el acuerdo de gobierno del Ayuntamiento de Barcelona con el PSC. Los resultados de esta “estrategia” están a la vista. Lo único que lograron Pablo Iglesias y Alberto Garzón ha sido “embellecer” al PSOE de Sánchez, que nunca dejó de ser un pilar del Régimen del ‘78. Tanto que hoy Sánchez juega un papel clave en la legitimación del golpe institucional, 155 mediante, contra Catalunya. El balance: Unidos Podemos: 0; los social liberales del PSOE: 1.

El segundo error es haber mantenido la política de ambigüedad calculada sobre Catalunya, llamando a un imposible referéndum pactado con los agentes del Régimen monárquico. Si no era una gran ingenuidad (¿alguien podía realmente creer, no digamos Rajoy, sino incluso Sánchez, iban a estar dispuestos a pactar un referéndum para Cataluña y dejar que los catalanes decidieran libremente?), era en realidad un gran cinismo. Unidos Podemos ha gastado ríos de tinta, horas y horas de reuniones de “cargos electos” y muchas más de declaraciones en la televisión para promover un referéndum que no era realista para nadie. Mientras tanto, se negaron primero a apoyar el referéndum que estaba convocado el 1 de octubre y ahora desconocen sus resultados, conquistados a pesar de la brutal represión ejercida por el Estado, alegando que no hubo “garantías”.

Si esto no fuera poco, el tercer error de Unidos Podemos es que, ante la gravedad de la crisis abierta, sus líderes se han limitado a hacer declaraciones parlamentarias y apariciones en los medios, negándose a poner sus amplias “posiciones institucionales” al servicio de una movilización social masiva en las calles. Hay que decir que incluso para su propia política de “referéndum pactado” tampoco intentaron mover un dedo, ni desplegar la movilización social, ni mucho menos exigirles a sus aliados de CCOO y UGT en la “mesa por el diálogo” que dejen de ser lacayos del Régimen y llamen a la huelga y la movilización en defensa de los derechos democráticos, no sólo de Catalunya, sino del conjunto de la clase trabajadora del Estado. A excepción, claro está, de las mediáticas marchas “blancas” por el diálogo, toda una metáfora de su posición como “ala izquierda” del frente constitucionalista y del Régimen.

Esta impostura no puede sorprender a nadie. Porque ni siquiera Unidos Podemos se cree su propia política. El “referéndum pactado” no es más que un discurso para la tribuna. Todas sus fichas siguen en el tablero de un ansiado acuerdo con el PSOE de Sánchez.

Pero si todo esto tiene ya una enorme gravedad, la subordinación de Unidos Podemos al Régimen se ha profundizado en los últimos días con declaraciones en la prensa que no hacen más que cargar con municiones “de izquierda” la artillería de la derecha.

Cuando el Gobierno de Rajoy activa la aplicación del 155 y envía al senado las medidas para aplicarlo, Iglesias sale a la palestra diciendo que Unidos Podemos quiere “derrotar el proyecto de los independentistas, pero no por la fuerza” (sic). Decir esto, cuando los dos principales líderes de las entidades soberanistas están detenidos y cuando el Estado se prepara para decapitar la autonomía catalana mediante un golpe institucional es como poco un despropósito. Una posición rayana con la complicidad, porque el Régimen al completo si quiere derrotarlo por la fuerza e Iglesias es incapaz de impulsar una sola medida efectiva para impedirlo.

Pero el premio a la pusilanimidad se lo lleva Alberto Garzón. El coordinador federal de IU, que acaba de publicar un libro con el título “Por qué soy comunista”, dice en una entrevista en Público que “la declaración unilateral de independencia no tiene legitimidad ninguna, el referéndum del 1-O no tuvo garantías para que pudiera sacarse de ahí una expresión legítima”.

El “comunismo” de Garzón es el de un reformista domesticado por décadas de colaboración de clases y sostenimiento de un régimen decadente. Lo opuesto del comunismo que representa la tradición de Lenin, Trotsky y la Revolución Rusa de 1917 que hoy cumple cien años. Aquella epopeya que en su “Proclama a los pueblos y gobiernos de todos los países contendientes”, leída por Lenin al día siguiente de la conquista del poder, rezaba: “Si una nación es retenida por la fuerza dentro de los límites de otro Estado; si, a pesar del deseo expresado por ella (ya sea a través de la prensa, en las asambleas populares, mediante las decisiones de los partidos políticos, o por medio de desórdenes y disturbios contra la opresión nacional), a esa nación se la priva del derecho a decidir mediante una votación libre (sin la menor restricción, tras la retirada completa de las tropas de la nación que la ha anexionado o pretende hacerlo, o que simplemente es más poderosa) la forma de su organización nacional y política, esa incorporación constituye una anexión, es decir, una conquista y un acto violento”.

Garzón sostiene que “la independencia de Catalunya no va a permitir a las clases populares vivir mejor ni emanciparse del capitalismo”. Una afirmación del todo cierta. Pero la defensa de la unidad de España y el Régimen político fundado con la colaboración fundamental de su propio partido en 1978, tampoco… por más que Garzón la edulcore con su proyecto “diverso, plurinacional y federal”.

Afortunadamente, no toda a base de IU se ha plegado al discurso de Garzón. Así lo ha demostrado, por ejemplo, el nutrido sector de la militancia del PC madrileño que acudió a la concentración convocada por las Marchas de la Dignidad el domingo pasado en solidaridad con Catalunya.

Unidos Podemos ha dejado al desnudo que su verdadera ubicación en el panorama político español es ser la “oposición a su majestad”, nunca mejor dicho. Un aparato con 70 diputados, cientos de cargos públicos, que cogobierna las principales ciudades del Estado… pero que no “mueve ficha” por fuera del Régimen. Su discurso no da “miedo a los poderosos”. Su único objetivo es hacer equilibrio para no perder votos (por ser acusados de “españolistas” o de “independentistas”) y prepararse para… las elecciones de 2019.

Cuando existen más de 155 razones para defender el derecho de autodeterminación del pueblo catalán, como escribía Santiago Lupe hace pocos días, volvemos a preguntarnos, ¿a qué esperan Podemos, IU, CCOO y UGT para convocar movilizaciones en solidaridad con Catalunya?

Sólo una lucha frontal contra el Régimen monárquico y sus instituciones puede abrir el camino a la apertura de procesos constituyentes verdaderamente libres y soberanos en todo el Estado para decidirlo todo. En las bases militantes de Podemos e Izquierda Unida que se reivindican anticapitalistas, comunistas y honestamente democráticas, está la posibilidad de imponer un giro a la penosa política de sus direcciones.






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