Géneros y Sexualidades

FEMINISMO / OPINIÓN

Sobre el feminismo liberal

Desde que se comenzó a visibilizar mediáticamente el problema de desigualdad en cuanto a temas de género, no se deja de destacar el “empoderamiento” femenino en la opinión pública, como también un estereotipo evolucionado de “mujer libre” de las cadenas del machismo.

Javier Ilabaca

Militante del Partido de Trabajadores Revolucionarios

Miércoles 7 de marzo | 07:42

Debemos partir por lo que sería el peso histórico de lo que es el feminismo denominado como “liberal”, el cual se remonta al movimiento sufragista de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. El fin de dicho movimiento era, básicamente, que las mujeres pudieran tener el derecho a voto, sin embargo se fueron tomando otras demandas, como el acceso a la educación y tomar los mismos cargos de poder que los hombres, lo cual hacía notar el carácter más cercano a la burguesía.

Este fue uno de los primeros movimientos feministas llamados como tal “liberales” pues, su lucha estaba centrada en un cierto equilibrio sobre los derechos de las mujeres conforme a los de los varones.

Todo comenzó con la creación de grupos de autoconciencia en los que grupos de mujeres se reunían para hablar sobre sus experiencias de represión y opresión; tomando en cuenta estos grupos, y a raíz de la información que se obtenía se optó por fundamentar una teoría feminista con base en lo anteriormente mencionado.

Las liberales comenzaron definiendo el problema principal de las mujeres como su exclusión de la esfera pública y propugnaban reformas relacionadas con la inclusión de éstas en el mercado laboral. Aboga por la partición democrática de la mujer en el Estado Liberal, por ello sería una de las bases del sufragismo.

Lo que se logró fue la decisión de acción en la vida pública, comenzando con manifestaciones y actos que buscaban dar a conocer las problemáticas que vivían las mujeres, entonces este tipo de feminismo trataba de dar paso a las mujeres a su acción en el ámbito dominado por los hombres, como cargos políticos y/o empresariales y no quedar relegadas al círculo doméstico, aunque esto signifique una lucha que se torne individualista e incluso terminar por explotar a otras mujeres, ya que los pocos derechos obtenidos se reducían al sector de la burguesía y pequeño burguesía.

La explotación y la opresión a las mujeres obreras no dejó de existir a pesar de la presencia de mujeres que luchaban por tener el mismo derecho a la propiedad privada que los hombres. Por ende, el problema principal es ¿qué es lo que le permitiría a las mujeres acabar con la desigualdad y lograr su emancipación?

Lo que hoy define a una mujer exitosa podría apuntar, quizás, a una gran empresaria sin necesidades de tener un hombre en su vida, libre e independiente, “con el mundo a sus pies”. Sin embargo, no hay nada más alejado de la realidad que hoy viven millones de mujeres no sólo en Chile, si no a nivel mundial.

En lo que va de este año ya llevamos nueve femicidios y un transfemicidio, mientras que en el año 2017, fueron 68 en total las mujeres que fueron víctimas no solo de un asesinato per se, sino de una cadena de violencia machista.

Por otro lado, la brecha salarial en términos de remuneraciones entre hombres y mujeres continúa siendo alta; de hecho, es una de las mayores en América Latina, llegando a un promedio de un sueldo menor en un 23%, en promedio, ya que en Antofagasta se registra una brecha de más del 30%.

No se puede seguir sin mencionar que aún no hay derecho al aborto libre, legal seguro y gratuito; tampoco a una educación no sexista y una larga lista de cosas que podríamos mencionar, siendo las mujeres de la clase trabajadora las más afectadas con esta evidente desigualdad. ¿Será que la mayoría de las mujeres no quieren surgir ni “empoderarse”? o ¿se trata de un problema directamente de clase?

El discurso del surgimiento, emprendimiento y/o empoderamiento es algo que se desploma frente a la verdadera realidad de las mujeres, entonces, es necesario cuestionar el aporte del discurso que hoy se está tomando la opinión, la farándula, bueno, el mundo televisivo en general.

¿Es progresivo que haya más figuras femeninas visibilizando lo más mínimo de las problemáticas de género? Efectivamente. ¿Es la solución expandir un espíritu de mujeres empoderadas? No lo creo.

Por otro lado, también es necesario dirigirse a las figuras de la política nacional, como el Frente Amplio, quienes si bien representan a un sector que busca verdaderos cambios profundos en la estructura político-social-económica del país, no han hecho ver la necesidad de no sólo limitar las demandas de las mujeres dentro de las cuatro paredes del parlamento y dirigirlas hacia reformas parciales dentro de lo marcos del capitalismo. Ya que hoy lo que se necesita es el despliegue en las calles de las mujeres trabajadoras, estudiantes, migrantes, mapuche, etc.

Entendemos que no se trata de desechar el espacio parlamentario, sino de pensar y plantear con claridad cuál es el centro de gravedad, este debe ser la organización en los lugares de trabajo y estudio y la movilización en las calles de la mano de la clase trabajadora y otros sectores oprimidos como la diversidad sexual.

Me gustaría dirigirme también hacia Camila Vallejo (PC), quién en sus redes sociales manifestó que “haya más mujeres gerentas en las empresas, más mujeres empoderadas”, lo cual abre varias dudas sobre si la política de género del Partido Comunista se dirige hacia las mujeres precarizadas, o hacia el mismo discurso ya mencionado, hacia un sector que aspira a reproducir las lógicas de explotación y opresión.

Nosotros, a diferencia, defendemos férreamente la auto organización de las mujeres en sus espacios de trabajado y estudio, levantando protocolo anti acoso, secretarías y vocalías de género, la participación activa en espacios abiertos para enfrentarse al machismo, incluyendo también a la diversidad sexual, ya que las mujeres trans sufren, aparte, la estigmatización y la constante amenaza de los sectores más reaccionarios. De esta forma, desplegar una gran fuerza en las calles, paros y huelgas que se propongan como objetivo conquistar hasta la demanda más mínima (he ahí la importancia de la movilización del 8 de Marzo, Día de la Mujer Trabajadora), con una perspectiva de transformación radical de esta sociedad capitalista y patriarcal.






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