Internacional

MEDIO ORIENTE

Segunda Intifada: una historia de resistencia

Por estos días se cumplen 17 años del comienzo de la denominada “Segunda Intifada”, cuando el pueblo palestino se levantó contra las condiciones de vida extremadamente oprobiosas a las que era sometido por Israel, un Estado colonial.

Viernes 29 de septiembre | 10:22

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Una provocación digna de quienes se saben conquistadores, en septiembre del 2000, sólo ayudó a terminar de encender la chispa. Por aquel entonces el líder del Likud, que era el principal partido de centro derecha en el Estado de Israel: Ariel Sharon, realizó una “visita” a la explanada de la Mezquita Al Aqsa (el tercer lugar más importante para el islamismo). La presencia de quien fuera un halcón sionista, un asesino de palestinos, en esa explanada, fue interpretada por el pueblo palestino (musulmanes y cristianos) como un abierto desafío. Al día siguiente la policía israelí reprimió a jóvenes palestinos que indignados protestaban arrojando piedras a los israelíes que se encontraban en el muro de los lamentos. Esa represión termina con al menos 7 jóvenes árabes asesinados.

Pero este acontecimiento sólo sirvió para terminar de enardecer los ánimos de las masas palestinas.

Orígenes de la Segunda Intifada

La verdadera razón por la cual centenares de miles de palestinos salen a las calles en las grandes ciudades de Cisjordania y la Franja de Gaza, un mes después de este incidente - e incluso palestinos que vivían al interior del propio Estado de Israel- fue el odio acumulado contra la ocupación israelí. Ocupación iniciada en 1948, que provocó la Nakba (1). Pero también el hecho de que los acuerdos de Oslo, premeditadamente ambiguos, que en un primer momento habían sido apoyados por la gran mayoría de los palestinos, con el correr de los años mostraron ante sus ojos que no aportaban ninguna solución concreta para la vida de millones y su situación continuaba deteriorándose.

Estos acuerdos pactados en 1993 por Yasser Arafat (quien fuera un histórico líder palestino, dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina), el primer ministro israelí Yitzhak Rabin (dos años después es asesinado por un sionista de derecha), y el por entonces presidente de los EEUU, Bill Clinton, constituyeron migajas para las ansias de acabar con una ocupación que día tras día no hacía más que provocar miseria y muerte al pueblo originario de esos territorios. Sus principales puntos consistían en la promesa, por parte del Estado de Israel, de retirar su ejército de la Franja de Gaza y de Cisjordania. Se creaba un autogobierno palestino (la Autoridad Palestina), en parte de esos territorios, con una policía propia (2).

Una zona quedaba bajo control completo de la Autoridad Palestina, otra con control civil pero continuando bajo el mando militar de Israel y la tercera división de ambos territorios hacía que una parte de ellos siguiera bajo el control Israelí. El status de la Autoridad Palestina sobre esos territorios, se volvería a discutir en cinco años. Un mal chiste, sino se hubiese tratado de la vida de millones que siendo un pueblo, le habían arrebatado a sangre y fuego su nación.

De manera pérfida EEUU y el Estado terrorista por excelencia ideaban este acuerdo que la clase dirigente palestina negoció, que en nada garantizaba los reclamos históricos de todo un pueblo. Sin duda esto opinaba la gran mayoría de los palestinos que hacía décadas venían sufriendo no sólo la expulsión de sus propias tierras, sino también asesinatos por parte de las fuerzas sionistas, aldeas arrasadas por sus tanques, incontables malos tratos y vejaciones cuando cientos de obreros palestinos pretendían día a día irse a ganar el sustento en el Estado de Israel y un largo etc. Recordemos que la clase obrera palestina constituye la mano de obra barata para la burguesía israelí.

Los acuerdos también dejaban explicitado las cuestiones que deberían revestir un carácter permanente como la posesión de Jerusalén oriental; los asentamientos israelíes; la seguridad y fronteras de los territorios de la Autoridad Palestina que quedaban excluidas.

Otro intento de Clinton de “pacificar” esa región del globo, fue la cumbre de paz de Camp David, que se desarrolló entre el 11 y 24 de julio del 2000, tres meses antes de que estallara la intifada. Tanto Barack (primer ministro israelí), como Clinton responsabilizaron a la parte palestina del fracaso de las negociaciones.

El tercer ejército del mundo necesitó 5 años para derrotar a la Segunda Intifada

Las dos consignas que unificaron a los palestinos y que dieron comienzo a esta segunda intifada (la primera tuvo lugar en 1987) fueron el rechazo a la ocupación y a los acuerdos de Oslo. Esta última demanda, ponía en jaque a la misma Autoridad Palestina, cuyo líder, como dijimos, era por esos tiempos Yasser Arafat (quien tenía una mano derecha: el hoy líder de la AP, Mahmoud Abbas). Arafat se encontraba en una situación de debilidad: por derecha era presionado por el imperialismo yanqui y el Estado de Israel para sostener los acuerdo de Oslo y por izquierda por un pueblo que comenzaba con movilizaciones masivas, huelgas, centenares de jóvenes que día a día enfrentaban, en sus ciudades y con piedras, a uno de los ejércitos más poderosos.

Tan es así que el 16 de diciembre del 2001, a un año de dar comienzo al alzamiento, Arafat llamó a detener todo enfrentamiento armado por temor a una guerra civil entre palestinos y porque esa traición a su pueblo podía significar que masivos sectores populares se alzaran contra él, dos días después, llama a retomar la lucha armada contra la ocupación.

Ya por ese año el alcance de la lucha y la fuerte represión israelí provocó la unificación de los nacionalistas e islamistas en un frente único denominado Fuerzas Nacionalistas e islamistas. Este frente tenía una dirección mayoritaria: Al Fatah (el partido militar de los nacionalistas árabes, cuyo líder era el mismo Arafat). Hamas (islamistas) era otra de las fuerzas que lo conformaban.

La intifada fue girando de las manifestaciones masivas callejeras a tácticas de guerrilla urbana y otras acciones militares.

Este enfrentamiento, muy desigual por cierto, duró casi 5 años y se cobró la vida de más de cinco mil palestinos. Mientras que del lado israelí el número de fallecidos ascendió a mil, de los cuales en su gran mayoría eran militares.

Ya para fines del 2001, el Primer Ministro del Estado sionista era Ariel Sharon (3), quien le gana las elecciones al partido Laborista, basado fundamentalmente en el sentir de los israelíes de más seguridad. Sharon observó la incursión guerrerista imperialista en Afganistán contra los talibanes (incursión de los EEUU basada en la “guerra contra el terrorismo que iniciara el por entonces presidente Bush) y dedujo de esto que era un buen momento para propinar un golpe mortal a la intifada palestina. Por un lado continúa la política de su predecesor - Ehud Barack - de asesinatos selectivos a los líderes y activistas, sumado a que las tropas israelíes dieron muerte a decenas y decenas de niños y civiles palestinos.

Israel cerró el aeropuerto de Gaza. Los gobiernos de Jordania y Egipto, dándole la espalda al pueblo palestino, impidieron que los heridos atraviesen sus fronteras y la ayuda humanitaria internacional (medicamentos, alimentos, etc.) fue bloqueada por las fuerzas de ocupación sionistas.

Desde hacía un año, más exactamente el 26 de octubre del 2000, la Franja de Gaza había quedado partida en dos por controles militares israelíes y el territorio reclamado por décadas por los palestinos, Jerusalén, fue cerrada al paso de Cisjordania.

Clausura de fronteras; abusos en los puestos de control; demolición de casas; arrestos masivos y la construcción de un muro del apartheid con el fin de arrebatarle a los palestinos las tierras más fértiles y las reservas de agua dulce cercanas al río Jordán, además de obstaculizar la comunicación entre las aldeas, convirtiéndolas en un sistema de bantustanes, mientras el ejército y los colonos controlaban los principales caminos y checkpoints. Este conjunto de medidas fueron parte de la batería represiva del sionismo.

La estrategia de Israel era doblegar a los palestinos, acabar con su resistencia y lucha armada y establecer una nueva relación de fuerzas definitiva a su favor, haciendo retroceder las aspiraciones del pueblo árabe sobre sus propias tierras. Pero las masas palestinas continuaron por cinco años sosteniendo su resistencia y levantamiento armado para acabar con la opresión israelí.

La segunda intifada fue derrotada vía el asesinato selectivo y la represión masiva a las manifestaciones del pueblo palestino, pero una nueva configuración política en las fuerzas palestinas se fue gestando. Ya en el 2006 la Autoridad Palestina comienza a gobernar por completo Cisjordania y Hamas gana las elecciones en la Franja de Gaza. Pero al día de hoy, quince años después, todavía el reclamo tan sentido por los palestinos como es el derecho al retorno de los refugiados, que ascienden a siete millones y medio entre quienes viven en campos de refugiados y quienes pudieron emigrar a otros países, sigue sin ninguna solución.

Basándose en esta derrota, Sharon lanza el “plan de desconexión de Gaza”, aislándola de Cisjordania. El mismo ejército israelí tuvo que intervenir para retirar a los colonos de ultra derecha que se negaban a dejar esas tierras. Esta separación de los territorios sienta las bases para el bloqueo a Gaza que termina de imponerse en el 2007.

En el año 2012 la ONU reconoció a Palestina como un Estado Observador no miembro. Esto significó una derrota política para el Estado, artificial, de Israel y para su socio mayor: Estados Unidos (4). Esta derrota diplomática se basó en el descrédito internacional del sionismo por su política guerrerista, que quedó explícitamente manifiesta tras la segunda guerra del Líbano en el año 2006.

Queda claro que en los hechos es imposible pensar en un Estado palestino con todas sus prerrogativas, con dos territorios separados entre sí por puestos militares israelíes y asentamientos de judíos. Esto sumado a que decenas de palestinos siguen siendo diariamente hostigados y hasta asesinados por el ejército del Estado sionista.

Como plantea Ilan Pappe, el reconocido cientista político israelí, “la historia de Palestina es ante todo la historia de una población originaria, a la que vinieron a incorporarse unos recién llegados”.

Ese pueblo originario que desde largas décadas viene sufriendo además del robo de sus territorios, asesinatos masivos y selectivos, millones de refugiados sin derecho al retorno, cárceles sionistas y un sinfín más de vejaciones, es un pueblo heroico, a pesar de las derrotas que el Estado terrorista de Israel, le ha infligido (siempre con el apoyo de su “mentor” el imperialismo norteamericano). Un nuevo aniversario de la segunda intifada, viene a recordárnoslo.

Notas:

1- Al Nakba: Tragedia o catástrofe. Cuando se constituye el Estado de Israel, mediante una votación de las Naciones Unidas (antecesora de la ONU), en 1948 centenares de pueblos fueron arrasados por las milicias israelíes y su recientemente creado ejército y cientos de miles de palestinos fueron expulsados de sus hogares, condenados a vivir en campos de refugiados o en la diáspora.

2- La Autoridad Nacional Palestina (ANP), creada a partir de los acuerdos de Oslo, entendida como entidad política y administrativa que controla las zonas de Cisjordania y Gaza, dirigida por aquel entonces por Arafat y su partido Al Fatah, terminó siendo cooptada por el Estado de Israel y el imperialismo norteamericano, como así también, las creadas por aquel entonces, fuerzas de seguridad palestinas.
La ANP estableció un sistema de impuestos a los palestinos, que son cobrados por Israel. Estos fondos luego vuelven a la ANP en un porcentaje menor. Este sistema manejado a discreción por el Estado judío de Israel provoca el ahogamiento, conjuntamente con el bloqueo económico a Gaza de millones de palestinos.

3- El viejo militar que supo participar de casi todas las incursiones militares israelíes para ganar y ocupar poblados palestinos, a costa de innumerables asesinatos a sus habitantes, quien fuera el que “supervisó” con su unidad el asesinato en masa por parte de las milicias falangistas del campo de refugiados Sabra y Shatila, él fue el encargado de vigilar todas las salidas de ese campo, para que ningún palestino pudiera huir de esa masacre.

4- Durante su gobierno, Obama sostuvo diferencias con Netanyahu (primer ministro israelí), ya que éste mantiene sus amenazas no solo sobre la Franja de Gaza, sino sobre Irán, en momentos en que EE.UU. necesitaba esa región relativamente estable. Otros “frentes” reclaman la atención del imperialismo yanky que no pudo salir muy airoso de Afganistán y de Irak. Su guerra contra el Estado Islámico y la situación de conjunto en Medio Oriente, convirtieron por ahora en disfuncional la política guerrerista de Israel. Lo cual no implica un cambio en la alianza estratégica de ambos países.






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