Cultura

A 90 AÑOS DE SU EJECUCIÓN

Sacco y Vanzetti: la fuerza de la tradición obrera

Hace 90 años eran electrocutados Sacco y Vanzetti, culpables de un crimen nunca cometido y, por tanto, imposible de probar. Después de 50 años, reconocieron su inocencia. Ayer como hoy son un símbolo del internacionalismo de la tradición obrera.

Miércoles 23 de agosto | 23:11

“El día 15 de abril del año 1920 tuvo lugar un robo cuidadosamente planeado y
despiadadamente ejecutado en la localidad de South Braintree, Massachusetts, En el curso de este robo, fueron muertos por los bandidos, un pagador y un guardia de la empresa.

Posteriormente, dos hombres, Nicola Sacco, obrero zapatero, y Bartolomeo Vanzetti, ex panadero y peón de un horno de ladrillos y en ese momento vendedor ambulante de pescado, fueron detenidos acusados de haber cometido este robo y doble asesinato.

De acuerdo con las leyes del Estado de Massachusetts, se escuchan las peticiones y se interponen los recursos antes de que el juez dicte sentencia en el caso. En el caso Sacco y Vanzetti, esos recursos, peticiones y mociones se extendieron a lo largo de más de siete años. El día 9 de abril de 1927 el juez que entendía en la causa, condenó a muerte a los dos hombres y ordenó que esa sentencia fuera ejecutada el día 10 de julio de 1927.

Sin embargo, por distintas causas, la ejecución de esta sentencia fue postergada hasta el día 23 de agosto de 1927” (1).

Nicola Sacco (n. 22 de abril de 1891) y Bartolomeo Vanzetti (n. 11 de junio de 1888) emigraron a Estados Unidos con 17 y 20 años respectivamente. Ambos provenientes de Italia y seguidores del anarquista Luigi Galleani (anarquista italiano, promotor de sabotajes y atentados en Estados Unidos).

El polémico e injusto proceso judicial y el trágico final de estos hombres no puede entenderse por fuera del contexto mundial. Cuando fueron detenidos, hacía poco que había concluido la Primera Guerra Mundial. Trajo una atmósfera saturada, y fomentada por las potencias imperialistas, de odio y xenofobia contra los extranjeros en general y contra los militantes anarquistas, comunistas o socialistas, en particular. La Revolución Rusa hacía poco más de tres años que había triunfado y había una gran moral en la clase obrera mundial. La burguesía tenía pánico por el “terror rojo” y la justicia obrera. Prueba de esto fue que días antes de la detención de Sacco y Vanzetti, fue encontrado el cadáver del militante anarquista Andrea Salsedo, destrozado e irreconocible, en la acera del edificio del Ministerio de Justicia, en Nueva York.

Como recordaba A. Felicani, amigo íntimo de Vanzetti (2), al ser detenidos junto con Nicola, sin poner ningún tipo de resistencia, las primeras preguntas policiales no fueron relativas al supuesto delito sino a sus filiaciones políticas: “¿son ustedes socialistas? ¿Son comunistas? ¿Son anarquistas?” demostraron el estado de ánimo de los burgueses y sus chacales protectores del capital.

El fiscal y el juez Webster Thayer –a cargo del proceso- totalmente impregnados de la atmósfera xenófoba y anti-obrera, fueron acusados reiteradas veces que sus sentimientos antiinmigrantes y anti-anarquistas predispusieran al jurado y la sentencia final: culpables del robo y los asesinatos, condenados a la silla eléctrica, en la Casa de la Muerte de la prisión del Estado de Massachusetts.

El proceso mismo fue cuestionado, las pistas del crimen eran que los asaltantes “tenían aspecto de italianos". Los testigos incluso no pudieron reconocerlos. Antiguos compañeros de trabajo de Sacco y Vanzetti fueron a declararon que a uno lo vieron trabajando y al otro en la embajada tramitando un nuevo pasaporte, el mismo funcionario de la embajada declaró la veracidad de ese hecho. Pero no bastó. Estaban condenados por ser trabajadores, por ser pobres –como dijo Sacco en su sentencia final.

Un grito sin fronteras

Los trabajadores sabían que todo era una mentira, que esos dos hijos del pueblo eran inocentes, como también lo habían sido los mártires de Chicago. Su crimen era pelear por un mundo mejor y gritarlo a los cuatro vientos, negarse a pelear en la Primera Guerra Mundial y huir a México. A decir de Sacco en una de sus declaraciones “trabajé junto a judíos, irlandeses y alemanes y por todos ellos siento afecto ¿por qué pues había de combatir contra ellos? la guerra fue desatada por capitalistas ávidos de ganancias”. Por eso, muchos trabajadores del mundo salieron a las calles a conseguir la justicia que no podían esperar de las instituciones burguesas.

Miles se manifestaron, marcharon, protestaron y armaron Comités Pro Sacco y Vanzetti no sólo en Nueva York, Boston, Chicago, San Francisco, sino también en Londres, París, Buenos Aires y África del Sur.

El 9 de agosto de 1927 en Chicago la huelga general es seguida por 16.000 obreros. En Nueva York, por 150 mil personas, según la policía. En Montevideo, Uruguay la huelga de 24 horas fue multitudinaria, al igual que en Asunción, Paraguay. En Argentina también, miles de trabajadores fueron reprimidos por manifestarse, pidiendo justicia para Sacco y Vanzetti.

En la noche de su ejecución, miles se manifestaron en Charlestown, en la Casa de la Muerte, pero fueron mantenidos lejos de la prisión por una multitud de policías. Fueron arrestados varios manifestantes. Había ametralladoras en las azoteas y grandes reflectores barriendo la escena. Una gran muchedumbre se congregó en Union Square el 23 de agosto de 1927. Pero el escarmiento final había llegado.

Cincuenta años después, en 1977, en un increíble acto de cinismo, el gobernador de Massachusetts se excusó públicamente por las graves fallas cometidas durante el proceso a Sacco y Vanzetti, y proclamó su total y absoluta inocencia y pidió disculpas, salvando el” buen nombre y honor de los mártires”. Demasiado tarde para Nicola y Bartolomeo. Pero también demasiado tarde para los chacales y sus protegidos: Sacco y Vanzetti ya eran una bandera.

Como se ve, más allá de las pruebas y contrapruebas, defensas y contra defensas, lo que más dilató el final de estos valientes luchadores fueron las grandes movilizaciones internacionales de la clase obrera, que sin embargo no lograron evitar el final, pero marcaron un antes y un después en la conciencia y tradición del movimiento obrero.

Nos quedan sus cartas y mensajes como el de Sacco para su hijo: “[...] recuerda siempre Dante, que en el juego de la felicidad no tienes que usarlo para ti solo, sino mirar un paso detrás de ti, ayudar a los mas débiles que piden ayuda, ayudar a los perseguidos, a las víctimas que son tus mejores amigos. Son los camaradas que luchan y caen, como cayeron ayer tu padre y Bartolo, por la conquista de la alegría, de la libertad para todos y para los trabajadores pobres. En esta lucha por la vida encontrarás amor y serás amado”.

Notas:

1 Prólogo de La pasión según Sacco y Vanzetti de Howard Fast.

2 Sacco y Vanzetti, sus vidas, sus alegatos, sus cartas.






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