Sociedad

AMBIENTALISMO Y MARXISMO

“Proletariado ambiental” en Bellamy Foster y límites políticos de cierto ecosocialismo

La lucha contra la devastación ambiental ha atraído una valiosa generación de intelectuales que buscan ubicarse en el campo marxista con la intención de darle más consecuencia a su combate.

Sábado 27 de agosto de 2016 | 22:32

La lucha contra la devastación ambiental ha atraído una valiosa generación de intelectuales que buscan ubicarse en el campo marxista con la intención de darle más consecuencia a su combate. La producción de textos en esa esfera ha sido bastante y sin dudas John Bellamy Foster se destaca como uno de los pensadores de vanguardia en la cuestión ambiental entre aquellos que expresamente buscan referenciarse en Marx. Sin embargo, de la misma forma que ocurre en la política de la izquierda, también en el ambientalismo de izquierda se hace presente el virus del eclecticismo y del reformismo, envuelto en una palabrería radical-marxista.

En un reciente artículo en la revista Monthly Review de diciembre de 2015, Foster, en nombre de una “great transition” [gran transición] histórica, después de proceder a un rescate histórico-teórico del pensamiento de Marx en la ecología, termina por resbalar hacia el más impotente posibilismo.

Es decir, levanta banderas ambientales “para ahora”, que “pueden ser hechas ahora” [o sea, en los marcos del capitalismo] y que serían el “punto de partida racional y realista para una revolución ecológica”, según dice, y alegando que “no podemos sustituir todo el sistema de la noche a la mañana”, defiende que tales banderas deban ser la transición “hacia un nuevo metabolismo social, volcado hacia el desarrollo humano sustentable” cuando entonces, en un futuro no muy distinto, profetiza, surgirá “casi inevitablemente, un proletariado ambiental”.

¿Cuáles serían las banderas para hoy?

Recortes en los gastos militares para financiar energía solar y eólica; moratoria del crecimiento económico de las economías ricas para reducir emisiones de carbono; distribución “radical de rendimientos para proteger a los menos favorecidos”; impuestos sobre emisión de carbono redistribuyendo el ingreso a la población; prohibición de fábricas movidas por combustibles fósiles; negociaciones internacionales sobre el clima tomando como base los principios “igualitarios y ecocéntricos del Acuerdo de los Pueblos realizado en Bolivia en 2010”.

Después de reconocer que esas “medidas de emergencia chocan contra la lógica predominante de acumulación del capital”, argumenta que “sin embargo, pueden ser desarrolladas bajo las condiciones actuales”.

Tenemos aquí un claro problema político de perspectiva

Seamos directos: esas medidas atentan contra la lógica de acumulación del capital pero vamos [¿quién?] a exigir que los propios dueños del capital cedan, es decir, rompan con esa lógica.

Nada de nuevo en ese discurso “ambientalmente correcto”. Kautsky, Bernstein, pero también Morales y el conjunto del movimiento ambiental del establishment y gobiernos “progresistas” latinoamericanos lo firmaría, en línea con iniciativas tipo Eco-92 o “metas para el milenio”.

De hecho, en ese caso ni hace falta [ni es adecuado] recurrir a Karl Marx

Mucho menos hacer guiños con un “proletariado ambiental”. Hace falta una colosal imaginación utópico-romántico, casi delirante, para imaginar que los Obama-Clinton-Hollande etc, puedan recortar gastos militares de manera decisiva para limpiar la suciedad del planeta, en particular la químico/radiactiva, que promueven todo el tiempo y cada vez más, justamente por su condición ineludible de personal político del capital.

En Uruguay ha ganado alguna visibilidad un ecologista que trabaja en una perspectiva similar, Eduardo Gudynas, del Centro Latinoamericano de Ecología Social. Abordando el concepto de “buen vivir” de los pueblos y transitando por los círculos cercanos a los gobiernos latinoamericanos como Ecuador o Bolivia, ha aparecido como referente ambientalista sudamericano.

En primer lugar, agita algunas tesis del tipo “el mercado por sí solo no es la solución pero tampoco la es el Estado”, o “el buen vivir se orienta a establecer vinculaciones dinámicas y constructivas entre el mercado, la sociedad y el Estado … donde se busca construir una sociedad con diversidad de tipos de mercados, para no tener una sociedad de mercado”. O sea, después de acumular contradicción sobre contradicción, cae en el lugar común del sentido político y reformista de buscar algún gobierno “progresista” que abrace la indeterminación [concepto vacío] de la “autosustentabilidad” y del “buen vivir”.

En alguna medida estamos ante el siguiente problema: “realismo”, posibilismo, adecuación política a los gobiernos realmente existentes son elementos que pueden terminar comprometiendo las mejores intenciones de los ambientalistas que se ubican por izquierda, pero pasan por alto al único sujeto político que podría consumar aquellas demandas ambientales.

Es importantísimo que los ecologistas más consecuentes promuevan un debate, sobre la base de los sindicatos combativos, estudiantes, juventud y núcleos de trabajadores y partidos de izquierda, por una perspectiva ambientalmente realista. Por lo tanto, otra perspectiva programática. Y jamás en una perspectiva funcional al capitalismo, que atribuya a la burguesía, sea ella travestida de posneoliberal o de antineoliberal, o “sustentable”, cualquier capacidad para cambiar un mundo de superexplotación, precarización del trabajo y del medio ambiente que ellos mismos engendran y del cual sacan sus ganancias, estatus y altos rendimientos.

En realidad, debe ser cuestionado ese ecosocialismo que a partir de su “zona de confort” y en nombre de Marx -y después de redactar bellas denuncias ambientalmente correctas- piensa en formas ambientales que separan reformas [medidas ecológicas urgentes e inmediatas] de la construcción del proletariado como sujeto para dar el combate revolucionario por medidas ecológicas y por la transformación social, como la expropiación de los oligopolios capitalistas y que tiren abajo el sistema de explotación del hombre por el hombre.

En su lugar, que se abra el debate en nombre de la estrategia de los trabajadores, y de una perspectiva que una los dos programas [el inmediato y el estratégico] para conformar fuerzas de masas del proletariado que no acepten más la dirección de la burguesía y de sus personeros como posibles actores de la emancipación ambiental. Emancipación que, en primer lugar, es social y política, y en segundo lugar, jamás podrá ser burguesa.

• El autor es Doctor en sociología, militante del Movimiento de Trabajadores Revolucionarios de Brasil y autor del libro Naturaleza atormentada. Marxismo y clase trabajadora (2012).






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