Juventud

TRIBUNA ABIERTA

Pensando Cuba tras la muerte de Fidel

A raíz de la muerte de Fidel una parte significativa de estudiantes y trabajadores urbanos trotskistas, así como otros estudiantes de izquierda vieron conveniente el analizar de forma crítica el rol de Fidel dentro del proceso revolucionario cubano e icono del antiimperialismo internacional.

Lunes 12 de diciembre de 2016 | 19:03

Foto: REUTERS

Este artículo propone un balance del debate, llevado a cabo el sábado 10 de diciembre en un aula universitaria, intentando rescatar los puntos más importantes, así como los puntos de desacuerdo de los participantes. El debate en sí, inicio con una breve retrospectiva histórica de lo que significó la revolución cubana a nivel latinoamericano e internacional. Esto fue imprescindible para situar a los participantes en el momento histórico, que fue sin duda, caracterizado por ser tremendamente vertiginoso, contingente y provechoso para las masas radicalizadas. Al terminar dicha retrospectiva se inició el debate con tres ejes que marcaron el desenvolvimiento del rol de Fidel. Trataré de resumir los ejes que se trataron en tres partes que abarcaron una larga discusión y parte integral del debate:

  •  El rol de Fidel como líder de la revolución Cubana
  •  Cuba y la revolución permanente
  •  La originalidad de la revolución Cubana

    El rol de Fidel como líder de la revolución Cubana

    En este primer eje se trató de analizar el rol del líder dentro la revolución, es decir, tratar de explicar como actores políticos particulares -en acontecimientos políticos revolucionarios- pueden tener un papel fundamental para la organización sistemática de las masas. En este caso, el papel de Fidel –así como el del Che Guevara- fue de absoluta importancia al momento de garantizar la cohesión del proceso revolucionario en su conjunto. A raíz de esta intervención hubo divergencias al determinar la importancia que Fidel tenía en la revolución y los acontecimientos más importantes de la misma. A continuación resumiré de forma muy esquemática los argumentos que se defendieron en torno a esta cuestión:

    Argumento A: con ejemplos del cine y otros acontecimientos revolucionarios, varios compañeros plantearon que es un error situar a Fidel como el símbolo de la revolución, ya que muchos procesos revolucionarios fueron determinados por las masas que se organizaron valientemente en soviets, sindicatos y la forma partido, para radicalizar el proceso revolucionario entero. Muchos compañeros sugirieron que sería un error el situar a Fidel como garante de la revolución en su proceso, ya que todos los actores políticos son contingentes y se van adecuando a la situación –que depende sin duda, de la radicalidad de la misma-. Es decir, que como afirmó el Che Guevara no era intensión ni de Castro ni de nadie llegar al socialismo, sino que fueron las condiciones y la ofensiva imperialista las que fueron empujando a una radicalidad mayor de la dirección cubana. El Che lo definió como la “revolución de contragolpe”.

    Argumento B: otro grupo de compañeros plantearon que era importante situar a Fidel como una figura imprescindible para la revolución, porque fue capaz de encontrar un balance entre los distintos grupos de clase media, una parte de los campesinos y de los obreros urbanos; esto se debió al carisma de Fidel y su capacidad para interpelar a las masas en general. Otro grupo de compañeros mencionaban que los líderes revolucionarios eran necesarios al momento de organizar a conjuntos muy heterogéneos en la sociedad, verbigracia: personajes como Lenin y Trotsky fueron imprescindibles en la revolución de Octubre en Rusia. El grupo de compañeros que defendieron este argumento concluyeron en líneas generales, que el rol de lo que Gramsci llamaría “intelectuales orgánicos”, es fundamental al momento de organizar los sectores más progresistas de la sociedad civil. Por otro lado, algunos sostuvieron que había una contradicción inherente a la figura de Fidel: se lo necesitaba como líder defensor ante el imperialismo norteamericano (siendo el único capaz de mantener la cohesión de la revolución ante la injerencia imperialista) pero con esa decisión se sacrificaba todo posible intento de radicalizar la revolución, al no poder organizar a los sectores populares (con las armas) y avanzar a la destrucción definitiva de la burocracia que se estaba formando en la administración del Estado Obrero.

    Cuba y la revolución permanente

    La mayoría de los compañeros fueron muy críticos a la burocratización del proceso cubano, que sin duda se mezcló con el debate en torno a la figura de Fidel. En este eje, se toca mucho el carácter internacional de la revolución cubana. Para ello, muchos compañeros mencionaron la figura del Che como impulsor de una expansión de la revolución y la antípoda de este planteamiento, encarnado en Fidel. Para Fidel la revolución era un acontecimiento característico de Cuba, y por lo tanto no debía ser exportado al exterior. Resulta destacable el balance de una compañera que citó a Fidel en la revolución nicaragüense de 1979, lugar donde declaró que los nicaragüenses debían evitar la imitación de la revolución Cubana a toda costa. Fue así que el debate de la revolución permanente se avivó. Gran parte de los compañeros sugerían que el curso de la revolución podría haber sido distinto si se hubiera tomado la rienda trotskista, específicamente la cuestión de la revolución permanente como transición definitiva de la democracia institucional a la destrucción del Estado Burgués mediante la internacionalización de la revolución, que evite caer en el burocratismo. Por otra parte, dos compañeros se distanciaron de la teoría trotskista al hablar de Antonio Gramsci y como este enfoque teórico es más útil para explicar el proceso Cubano con conceptos como “hegemonía”, “crisis orgánica”, “sentido común”, “guerra de posiciones”, “bloque histórico”, etc.

    La originalidad de la revolución Cubana

    Finalmente se intentó hacer un balance de la revolución Cubana retomando aquella retrospectiva histórica, además de compararla con gran parte de los procesos latinoamericanos con un desenlace en los gobiernos populistas. En este eje se hizo hincapié a las conquistas sociales que Cuba obtuvo en comparación a otras revoluciones latinoamericanas (como la mexicana y la boliviana, por ejemplo) en temas como educación, salud y una cultura colectiva dentro del corpus social. Cuba, comparada a los populismos del siglo XX fue considerablemente más efectiva al democratizar los servicios básicos, nacionalizar las grandes empresas y el realizar una reforma agraria significativa. Se llegó a la conclusión de que Cuba solo pudo lograr esas conquistas mediante, en primer lugar, la expropiación de los medios de producción a la burguesía y al Imperialismo y, consiguientemente, la implementación de una economía planificada, un partido en diálogo con la sociedad civil y el obviar ciertas características de la democracia burguesa, –Sin embargo, muchos estuvieron de acuerdo en que todas las conquistas serian aún más amplias si se hubiera evitado la burocratización del partido mediante el establecimiento del pluri-partidismo revolucionario. Es decir, el establecimiento de instituciones obreras de democracia directa-.

    En síntesis, el debate finalizó con conclusiones de una mayoría de los participantes y con el planteamiento de cómo tratar la actualidad Cubana tras la muerte de Fidel. Todos mencionaron de manera consensuada en que Fidel fue un personaje determinante para la revolución misma, pero que esta debe continuar sin él. A raíz de esto, se planteó un doble escenario que consistía, o en una radicalización de la revolución poniendo fin a las crecientes concesiones pro-capitalistas de la burocracia cubana en esferas como turismo, minería, industria, etc., -o en una burocratización aun mayor, que va de la mano con la apertura de la isla al mercado global y un retroceso considerable de las conquistas sociales-.






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