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Más de 7 millones de peruanos sin agua potable en tiempos del COVID-19

En la actualidad más de 7 millones de trabajadores y trabajadoras así como de sectores populares empobrecidos no tienen acceso a agua potable, lo cual atenta contra su salud y su vida y, en los tiempos que corren, los convierte en potenciales contagiados del COVID-19.

Ana Apaza

Militante de la Corriente Socialista de las y los Trabajadores CST

Martes 24 de marzo | 17:00

Foto: Andina

“Lávate las manos”, es una de las frases más repetidas en la actualidad. Esto se ha convertido en algo elemental y básico para prevenir el contagio del COVID – 19. Por ello los medios de comunicación y los profesionales de la salud nos instan a hacerlo varias veces al día por un espacio de 20 segundos. Sin embargo, surgen algunas interrogantes ¿con qué agua se lavan las personas que no tienen agua potable en sus hogares? Son millones las y los trabajadores que hoy viven la cuarentena obligatoria sin agua potable, viviendo hacinados en casas precarias y sin poder trabajar para subsistir con sus familias.

El Perú es uno de los 20 países más ricos del mundo en agua. A pesar de ello, este recurso se encuentra distribuido de manera desigual en el territorio y no se ubica necesariamente en los lugares donde existe una mayor demanda y concentración poblacional. Así, en nuestro país, la costa peruana que concentra más del 70% de la población, cuenta solamente con el 1.8% del total de agua existente.

Eso ha llevado a que entre 7 y 8 millones de personas aún no tengan acceso a agua potable, siendo Lima la ciudad más vulnerable, ya que es la segunda capital en el mundo asentada en un desierto y por ende la falta de este recurso perjudica a los sectores periféricos de la ciudad donde viven la clase trabajadora y los sectores populares. El río Rímac es el principal proveedor de luz y agua para la población de Lima y Callao (74,5% de agua) y, al mismo tiempo, es la cuenca más deteriorada en términos ambientales por la contaminación de la actividad minera que se desarrolla ahí.

En el caso de Lima, 1.5 millones de pobladores no cuentan con acceso a agua potable ni alcantarillado. Estos pobladores son abastecidos de agua a través de camiones cisterna que les venden el recurso a un costo elevado, por eso muchas veces se ven obligados a pagar hasta 2 veces más en comparación con las personas que tienen conexión domiciliaria y en estos momentos de cuarentena hasta son impedidos de realizar las colas para comprar agua de los camiones cisternas.

La realidad fuera de la capital es aún más dramática, debido a que el déficit hídrico obliga a la población a recurrir a fuentes de agua no aptas para el consumo humano, lo cual provoca enfermedades como diarrea, cólera y tifoidea.

Según el último reporte sobre esta problemática hecho por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), de noviembre del 2019, revela que el 68,4% de la población (22 millones 37 mil 514) tiene acceso a agua potable. Sin embargo, el 22,3% (7 millones 267) no cuenta con dicho servicio. Las regiones que menos consumen agua de red pública, de acuerdo al INEI, son Pasco, Amazonas, Cajamarca, Huancavelica y Huánuco.

La responsabilidad de que tengamos millones sin acceso a agua potable la tienen los diferentes gobiernos de turno, incluyendo el actual, el mismo que en vez de construir redes de agua potable y alcantarillado para toda la población, emitió un decreto supremo el año 2018 que permite la privatización de las Empresas Prestadoras de Agua, con lo cual se encarecerá el servicio y se hará más difícil que estos sectores accedan a agua potable en sus viviendas. Por eso la falta de agua potable y la expansión de la pandemia del coronavirus se convierte en una combinación letal que sin duda termina afectando a los sectores más empobrecidos de nuestro país.

Con tanto desarrollo científico y tecnológico existente hoy en el mundo, es contradictorio que aun tengamos en nuestro país a millones de personas sin acceso al agua potable y alcantarillado, servicios tan elementales para preservar la salud y una vida digna. Por esa razón, salir de esta crisis no solo implica discutir la precaria salud pública que tenemos, sino discutir también el conjunto de las necesidades básicas que padecemos las grandes mayorías trabajadoras, lo cual redobla la necesidad de organizarnos y ponernos al frente junto al conjunto de todos los trabajadores y trabajadoras y los diversos sectores explotados y oprimidos del campo y la ciudad para así empezar a cambiar de raíz esta sociedad haciendo que los adelantos de la humanidad pasen a estar al servicio de nuestras necesidades y no del lucro y ganancia.






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