TEORÍA DE LA REVOLUCIÓN

La revolución de 1917 frente a la “cuestión campesina”

Las respuestas a las reivindicaciones del campesinado y la configuración de una alianza entre los obreros y los campesinos pobres y medianos figuran entre las cuestiones estratégicas y tácticas más complejas que la revolución rusa tuvo que enfrentar…

Emmanuel Barot

Toulouse | @BarotEmmanuel

Lunes 11 de septiembre | 22:55

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Foto: "Atrapar a los kulaks", cartel propagandístico sobre la "deskulakización" stalinista

Artículo publicado en la revista “L’Anticapitaliste”, No.87, mayo 2017 y en Révolution Permanente, diario digital francés integrante de la red internacional La izquierda Diario. Aquí ofrecemos su traducción al español, debido a su extensión, lo presentaremos en cuatro entregas.´

“La reforma campesina realizada en Rusia, en 1861, fue obra de la monarquía burocrática y aristocrática, acuciada por las necesidades de la sociedad burguesa, pero ante la impotencia política más completa de la burguesía. La emancipación campesina tuvo un carácter tal, que la forzada transformación capitalista del país convirtió inexorablemente el problema agrario en problema que sólo podía resolver la revolución” (…) “Si la cuestión agraria, herencia de barbarie de la vieja historia rusa, hubiera sido o hubiera podido ser resuelta por la burguesía, el proletariado ruso no habría podido subir al poder, en modo alguno, en el año 1917. Para que naciera el Estado soviético, fue necesario que coincidiesen, se coordinasen y compenetrasen recíprocamente dos factores de naturaleza histórica completamente distinta: la guerra campesina, movimiento característico de los albores del desarrollo burgués, y el alzamiento proletario, el movimiento que señala el ocaso de la sociedad burguesa. Fruto de esta unión fue el año 1917.” (León Trotsky, Historia de la Revolución rusa, capítulo 3. “El proletariado y el campesinado”). [1]

Mir, “cuestión campesina” y primeros escenarios estratégicos del siglo XIX

Sin ninguna contradicción con la tesis según la cual la revolución rusa tuvo como vanguardia la clase obrera concentrada en grandes centros urbanos, en particular en Petrogrado, ¿se puede ampliar la afirmación de Trotsky y seguir a Linhart en tanto éste la afirme?: “que la cuestión campesina – el fracaso de la alianza fundamental entre las dos principales clases de productores directos- había estado en el centro de la historia soviética hasta el presente, es casi una obviedad. Pero por la forma que han tomado las cosas, sobre las raíces de esta pasiva resistencia, de esta hostilidad campesina que ha socavado durante mucho tiempo la formación social soviética, las opiniones difieren. Para algunos, es el nacimiento mismo de la socialdemocracia rusa que habría que remontar (...) Para otros, ¿todo se pausó con Stalin y la aventura de la colectivización en 1929?” [2] El objetivo aquí es atar algunos hilos de lo que queda actualmente, la cuestión probablemente más compleja de la historia de Rusia - antes, durante y después de la revolución [3]-, es necesario regresar brevemente a las profundidades del Imperio para medir su envergadura. [4]

A mitad del siglo XIX, más del 90% de la población rusa es campesina. El Estado zarista, nacido a finales de la Edad Media, es una autocracia particularmente despótica que, subordinado a la nobleza y a la Iglesia, los instrumentos orgánicos de su dominación, redujo inmediatamente el campesinado a la servidumbre, le prohibió toda libertad real sometiendolo a la arbitrariedad de los señores y lo excluyó de toda propiedad. La gestión de tierras en los pueblos pasa por el “mir”, forma de propiedad comunal a través de la cual el príncipe asegura rentas y trabajo forzado, pero que enraíza una cierta costumbre de trabajo en común, por lo que el campesinado ruso, contrariamente a este universo de trogloditas atomizados por los muros de la pequeña propiedad descrita en el final de El 18 Brumario de Napoleón Bonaparte (diferencia sobre la cual insistirá Trotsky en su Historia de la revolución rusa), encarna para Marx una forma contradictoria que él mira con cierto optimismo en su Carta a Vera Zassoulitch de 1881.

Combinando el trabajo parcelario se propicia la adquisición privada en razón de la gran propiedad de la tierra, que lo aplasta, y la apropiación colectiva del suelo, “su dualismo innato admite una alternativa: su elemento de propiedad privada prevalecerá sobre su elemento colectivo, o este último prevalecerá sobre aquel.
Todo depende del entorno histórico donde se encuentra situado (...) la comuna rusa (...) ocupa una situación única, sin precedente en la historia. Sólo en Europa (la comuna rusa) es todavía la forma orgánica, predominante, de la vida rural de un Imperio todavía inmenso. La propiedad comunal de la tierra ofrece la base natural de la apropiación colectiva, y su entorno histórico, la contemporaneidad de la producción capitalista, le presta, todas hechas ya, las condiciones materiales de trabajo cooperativo organizado sobre una amplia escala”. [5]

Por su lado, Engels insistía desde 1875 sobre las condiciones históricas e internacionales de tal escenario señalando más fuertemente el arcaísmo de esta estructura (él contestará todavía más claramente en 1893 que el mir puede constituir un apoyo en perspectiva del socialismo): “la propiedad comunitaria dejó atrás la fecha de su florecimiento y (...) se dirige según toda apariencia hacia su descomposición. Sin embargo, no se puede negar que es posible cambiar esta forma social en una forma superior, si y solo si se mantiene hasta que las circunstancias propicias de esta transformación maduren y si ella se revela capaz de desarrollarse de modo que los campesinos trabajen la tierra en común y no separadamente; esta transición hacia una forma superior deberá, de mantenerse, efectuarse sin que los campesinos rusos pasen por el grado intermediario de la propiedad parcelaria burguesa. Esto sólo podría ocurrir en caso de que se cumpla en Europa occidental, antes de la desintegración definitiva de la propiedad comunitaria, una revolución proletaria victoriosa que ofrecerá a los campesinos rusos las condiciones necesarias de esta transición, principalmente los recursos materiales de los cuales se necesitaría para operar la transformación impuesta de esa manera en todo el sistema de agricultura”. [6]

Entre el debate con los populistas y las reformas de Stolypin

Esta cuestión es esencial, ya que la primera y principal oposición política al zarismo en este periodo, la corriente populista, se funda sobre la reivindicación de la tradición comunitaria, el control de los medios de producción vía el mir y la idea que éste será el foco de construcción del socialismo. La primera generación marxista rusa va a acordar con este enfoque, valiéndose de la hipótesis correspondiente de Marx relativa a un pasaje directo del mir al comunismo sin pasar por la fase capitalista.

En El desarrollo del capitalismo en Rusia y extensamente al inicio del siglo XX, Lenin se opone a los populistas y demuestra, radicalizando la visión de Engels, que la agricultura rusa ya se transformó profundamente, que su carácter capitalista se convirtió predominante tanto en la producción como en la circulación, sobre el terreno bancario como sobre el de la especulación y a través de la existencia de una burguesía campesina portadora de capital comercial y usurario. Él diagnosticaba una increíble heterogeneización del campesinado y principalmente la constitución en su interior de una masa creciente de campesinos pobres -los bedniaks- y los obreros agrícolas.

La estrategia populista es por esta razón errónea, de ahí la necesidad de poner el acento sobre la constitución de un movimiento obrero de vanguardia y de fusionar con la combatividad obrera para que las oleadas de huelgas a finales del siglo XIX se pongan en primer plano. Por su lado, heredada de los populistas, la corriente de los socialistas revolucionarios (SR) mantendrá como prioridad la agitación en el campo, donde está bien plantada y es popular, y la convicción de que será el pivote de la revolución por venir.

Aunque la servidumbre había sido abolida oficialmente en 1861 por Alejandro II, los decenios siguientes vieron reiterarse periódicamente la represión de las revueltas campesinas, nacidas de la ausencia de una mejora real de las condiciones de vida. Solo una minoría obtuvo parcelas suficientes y la persistencia de la tutela señorial, en un contexto de hambrunas recurrentes y de miseria, alienta las reivindicaciones que se centran cada vez más sobre la voluntad de poseer realmente las tierras cultivadas. Pero solo es en el contexto de la revolución de 1905 que los levantamientos campesinos encontraron un eco realmente importante y empujaron al Zar a aceptar las nuevas reformas.

El 22 de enero de 1905, la huelga general explota en San Petersburgo y los campos se levantan. El sufragio universal es reivindicado por los distritos provinciales (zemstvos). La amplitud de las revueltas fuerza a Nicolás II, quien tuvo el poder desde 1894, a las concesiones. En plena efervescencia revolucionaria, él lanza el Manifiesto del 30 de octubre, convoca a una primera duma (asamblea parlamentaria) y nombra al “reformador” Stolypin presidente del Consejo.

Este artífice visionario de la reacción, “jefe de gobierno de la contra-revolución de 1906-1911” dijo Lenin, va a dar a los campesinos los medios de adquirir la plena propiedad de la tierra. Él anula las deudas de los campesinos hacia el Estado, reorganiza la distribución de las tierras y suprime el mir, 40% de los campesinos acceden así a la propiedad. La reacción persiste, no obstante: el voto y la representación son desiguales, la represión y la policía política (la Ojrana) omnipresentes.

La reforma agraria de 1906, dominada por la voluntad de crear una nueva clase de campesinos propietarios – los kulaks – sobre la base de la supresión del mir, triunfó en parte allí donde la de 1861 había encallado, modernizando la agricultura y aumentando sus rendimientos. Pero viene demasiado tarde y no salvará a un régimen al cual la Primera Guerra Mundial va a rematar en la descomposición, ni una sociedad civil ajustada al centro de la cual la burguesía nacional permanece muy débil y sumisa al capital bancario e industrial de los países centrales de occidente, Francia e Inglaterra antes que nada.

La segunda entrega la puedes ver acá: Revolución Rusa de 1917: el debate sobre la unidad obrero-campesina

Traducido por Estefanía Santamaría

Notas:

● [1.] Todos los textos citados de Lenin y Trotsky están disponibles en www.marxists.org
● [2.] R. Linhart, “Lénine, les paysans, Taylor. Essai d’analyse matérialiste historique de la naissance du système productif soviétique”, París, Seuil, 1976, reedición 2010, p. 46-47.
● [3.] Para un recuento del tratamiento del problema y para profundizar, John Eric Marot, "The October Revolution in Prospect and Retrospect: Interventions in Russian and Soviet History," 2012 Haymarket Books (Al materialismo histórico.), 2013, Capítulo 1, "The Peasant-Question and the Origins of Stalinism: Rethinking the Destruction of the October Revolution", pág. 11-86. En la literatura más convencional, véase, por ejemplo, Robert Linhart, op. cit. ; "La question paysanne en URSS (1924-1929)", París, Maspero, 1973 (textos Kamenev, Preobrazhensky, Bujarin, Trotsky, presentado por el Sr. A. Fichelson y Derischebourg); Moshe Lewin, "La formation du système soviétique. Essais sur l’histoire sociale de la Russie dans l’entre-deux guerres", 1985, Paris, Gallimard, 1987, Capítulos 1-8; Marc Ferro, "La révolution de 1917", París, Aubier-Montaigne, 1997; Orlando Figes, "La révolution russe 1891-1924. La Tragédie d’un peuple", Paris, Gallimard (coll. Folio), 2009, 2 vols.
● [4.] Para detalles sobre el período previo a la Revolución de Febrero, el período febrero-abril, y el mapeo de las formaciones políticas activas en 1917, ver los números anteriores de la revista.
● [5.] Karl Marx, Carta a Vera Zassoulitch, 1881, "Sur les sociétés précapitalistes", prefacio por Maurice Godelier, París, Editions Sociales, 1978, p. 338-339.






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