Política Chile

IGLESIA CATÓLICA

La Iglesia católica y su persecución a las mujeres

La historia de la Iglesia Católica está ligada a la persecución hacia la mujer y la oposición a la conquista de sus derechos.

Lunes 15 de enero de 2018 | 17:43

Durante la edad media, la iglesia católica protagonizó uno de los momentos más violentos de su historia: la inquisición y la quema de “brujas”. Se calcula que más de cien mil mujeres fueron acusadas de brujería, lo que significaba torturas y, probablemente, ser quemadas en la hoguera, aunque otras cifras creen que pueden ser varios cientos de miles las mujeres torturadas y asesinadas por la iglesia.

En ese periodo, las mujeres eran acusadas de ser seres malignos y adoradoras del diablo y debían ser “purificadas” a través del fuego. “Según la historiadora Silvia Federici en “Calibán y la bruja”, estos sucesos que se dieron en forma contemporánea al exterminio de las poblaciones de América, los cercamientos ingleses, el comienzo de la trata de esclavos, la promulgación de leyes sangrientas contra los vagabundos y mendigos, alcanzaron el punto culminante en el interregno de la transición entre el fin del feudalismo y el despegue capitalista” (ver más en "Los juicios a las brujas de Salem: el capitalismo y el patriarcado condenan a las mujeres").

La persecución de la iglesia a la mujer y sus derechos se mantuvo a lo largo del tiempo. Anclada a una imagen asociada a la mujer virgen, madre y esposa devota y subordinada al marido, para la iglesia católica la mujer debía ser la encargada del hogar y la familia, por lo que cualquier mujer que rompiera ese molde era condenada.

La iglesia ha sido uno de los grandes pilares y sostenedores del patriarcado. Durante los años 60, en el contexto de la aparición de la píldora anticonceptiva, la iglesia condenó su uso acusándola de inmoral, lo mismo que su férrea oposición al divorcio o a las demandas de la diversidad sexual. En el contexto del desarrollo y lucha del movimiento feminista, durante el siglo XX, la iglesia se opuso férreamente a sus demandas, afirmando la autoridad del varón sobre la mujer.

La iglesia dice defender la vida y los derechos de todos, pero esto es una mentira. A la iglesia no le importa las miles de mujeres que mueren en el mundo por abortos clandestinos. Así como tampoco le importaba en los inicios del capitalismo condenar a las mujeres que salían a ganar un sustento para sus familias. A una parte de la iglesia latinoamericana, la que apoyó las dictaduras cívico militares, tampoco le importaron las mujeres detenidas, torturadas o desaparecidas. Así como tampoco le importo –y por eso calló por décadas- los abusos a niños y niñas cometidos por sacerdotes.

En el año 2015, el actual papa Francisco arremetió contra la “ideología de género” señalando que se trata “de una expresión de una frustración y de resignación” y hasta el día de hoy condena la educación sexual en los colegios.

Más allá de la apertura que ha hecho la iglesia sobre ciertos temas, debido no solo a la presión de los movimientos sociales sino a su propia crisis y decadencia, lo cierto es que la iglesia constituye uno de los pilares fundamentales del capitalismo y el patriarcado.






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