Géneros y Sexualidades

DEBATE FEMINISTA

Feminismo TERF: ¿qué es y por qué combatirlo?

Ante la emergencia de un discurso transfóbico y trans excluyente por parte de grupos que se proclaman “feministas”, es necesario que entendamos qué es el feminismo radical transexclusionista o, por sus siglas en inglés, el movimiento TERF y porqué, desde el feminismo socialista de Pan y Rosas, buscamos combatirlo.

Dalila Fabreger

Militante de Pan y Rosas

Jueves 18 de febrero | 18:32

Dibujo: "Ilustración de la guerra del feminismo TERF" de Ashton Attzs

El acrónimo TERF viene del inglés y significa “trans-exclusionary radical feminist” (feminismo radical trans-exclusionista) y da nombre a una de las diversas expresiones del feminismo radical. Las TERF, apoyadas en un discurso biologisista y esencialista “alertan” de un supuesto riesgo de “borrado de mujeres”que no es otra cosa que camuflar su posición reaccionaria que atenta contra los derechos más básicos y fundamentales de la comunidad sexo-diversa.

El feminismo radical sostiene que la raíz de todas las desigualdades sociales es el patriarcado. Su base es la concepción de que la sociedad no se funda sobre clases sociales, es decir que no existiría, para ellas, la lucha de clases, sino el antagonismo de sexos, leyendo en cambio que la actual sociedad está construida por los hombres contra las mujeres. Los varones son quienes ejercen la opresión debido a los privilegios que se les otorgan gracias al milenario (y prácticamente transhistórico) sistema patriarcal. "Postulan que no habría cambio social sin una revolución cultural que lo preceda, poniendo el centro en que cada uno debe empezar por cambiarse a sí mismo para cambiar la sociedad", en palabras de Andrea D´Atri. Para algunas, la clave sería la propia conciencia de las mujeres de la opresión, lo que supuestamente daría paso a la liberación sexual de la mujer, por esto se han organizado en grupos de autoconciencia; otras han optado por políticas separatistas, planteando que la lucha de las mujeres contra la opresión solo debe hacerse entre mujeres y contra los hombres.

Igual es importante recalcar que esta idea, de que un cambio profundo de los valores y de la cultura son necesarios, no es un invento de las feministas radicales de los ’70. Ya Lenin planteaba, en un discurso a las obreras de Rusia en 1920, que “la igualdad ante la ley todavía no es igualdad frente a la vida. Nosotros esperamos que la obrera conquiste, no sólo la igualdad ante la ley, sino frente a la vida, frente al obrero. Para ello es necesario que las obreras tomen una participación mayor en la gestión de las empresas públicas y en la administración del Estado. [...] El proletariado no podrá llegar a emanciparse completamente sin haber conquistado la libertad completa para las mujeres”, porque lo cierto es que cuando la violencia machista sucede al interior del proletariado los opresores se fortalecen y toda la lucha en contra la explotación y el capitalismo se debilita.Esto es algo que también se dio cuenta en su momento una de las primeras feministas socialistas: Flora Tristán.

Lamentablemente, fue la nefasta experiencia del llamado "socialismo real" durante el periodo estalinista que en la década de los 30 volvió a penalizar la homosexualidad y el derecho al aborto así como a exaltar las virtudes de la maternidad relegando a las mujeres a la "privacidad" del espacio doméstico, es decir, pasó al ataque de los derechos que se habían conquistado por hombres y mujeres trabajadoras que hicieron la revolución. Esta experiencia allanó y "justificó" la emergencia de un feminismo radical del que se desprendieron diversas tendencias.

Ahora bien, dentro de las feministas radicales, tanto desde el punto de vista teórico como del político, hay diferentes sectores. Desde quienes se ven como parte y en alianza con otros sectores, hasta quienes absolutizan la recuperación de una cultura femenina, con valores propios y, por lo tanto, incluso llegan, como decíamos, a plantearse políticas separatistas, intentando crear comunidades en donde se recree otra cultura opuesta a la cultura dominante, a la que consideran masculina (patriarcal). Hay hasta quienes sostienen posiciones teóricas acerca del ser mujer que rozan con el esencialismo biologicista, que es justamente el movimiento TERF, que consideran que las mujeres Trans no son mujeres y que no han vivido las mismas opresiones ni las mismas luchas.

Y es con esta ala del feminismo radical con la que más diferencias tenemos, no solo como feministas socialistas, sino como feministas que reivindican los derechos de las disidencias sexuales, cuyas luchas han estado hermanadas también con las feministas y, en muchos casos, con las mismas luchas obreras, viéndose fortalecidas en este proceso.

Lo curioso es que esta ala del feminismo radical, sostiene la “falsedad” de los géneros, casi llegan a decir que es “ideología de género” admitir la transexualidad, haciéndoles el juego a los grupos eclesiásticos y de derecha más conservadores. “Todos los transexuales violan el cuerpo de la mujer al reducir la verdadera forma femenina a un mero artefacto”, dijo la feminista radical transexclusionista Janice Raymond en 1979, en su libro “El Imperio Transexual: la construcción del maricón con tetas”.

Con la emergencia de esta nueva oleada feminista surgida después de los debates por las leyes de identidad de género, cupo laboral trans y una mayor visibilidad de la comunidad transgénero en distintos espacios –incluyendo el movimiento feminista–, las TERF reaparecieron con discursos reaccionarios, discriminatorios y conspirativos.

Dicen que las mujeres trans no son mujeres, sino hombres disfrazados; que temen que quieran entrar a los baños de mujeres para violarlas; que los espacios donde hay hombres y mujeres trans no son seguros; que las mujeres trans son hombres que pretenden “colonizar” el feminismo y los hombres trans son “traidoras a su sexo”. Para este sector del feminismo, estas relaciones de poder basadas en la supremacía masculina estructuran la familia y la sexualidad, permitiendo que los hombres se beneficien económicamente, sexualmente y psicológicamente de la opresión patriarcal sobre las mujeres. O sea, esta ola de transfobia es la acusación de que las mujeres trans representan la amenaza patriarcal de borrar a las mujeres.

Recordemos brevemente el caso de la escritora J.K. Rowling, la cual estuvo en el ojo de la tormenta por defender muy “diplomáticamente” que solo las “mujeres” menstrúan. Aunque esto pueda parecer una tontería, en realidad encubre un discurso peligroso. Todos los derechos conseguidos por las diversidades, como el de cambio de identidad, es negado en pro de una visión biologicista de la realidad que encubre las construcciones sobre las que se crea justamente la idea “mujer”. El decir, por ejemplo, “gente que menstrúa”, es una reivindicación política de la comunidad trans obtenida a punta de lucha tras años de exclusión y negación. Simbólicamente es violento negar una identidad elegida. Rowling dijo que solo las mujeres menstrúan, y al decir eso niega la identidad a los hombres trans.

Las feministas TERF denuncian que las leyes de identidad de género promueven el “borrado de las mujeres”, pero ellas no tienen ningún reparo en borrar a las diversidades de sus espacios y, si podrían, de todos los espacios. Además, si de violencia hablamos, queremos recordar que solo en nuestro país, en los últimos 12 años han habido alrededor de 60 transfeminicidios de los cuales solo uno ha sido investigado y considerando que muchos quedan en el anonimato; que la esperanza de vida de una persona trans es mucho menor que la media y que se ven orilladas a trabajar en condiciones de mucha vulnerabilidad donde a menudo son golpeadas y maltratadas en la más absoluta impunidad.

Es importante recalcar que esta ola de transfobia a nivel internacional no puede entenderse sin poner como contexto que en distintos países se están impulsando leyes de reconocimiento de la identidad de género en adultos e infantes. Leyes que en muchos casos son muy avanzadas, porque buscan darles a las infancias trans el derecho a ser reconocidas legalmente, así como eliminar los criterios de certificación de género que patologizan, medicalizan y peritan la identidad de las personas trans.

Esta ola de transfobia busca generar una polarización entre el movimiento de mujeres, por un lado, y el movimiento trans, por otro. El movimiento de mujeres ha sido un espacio aliado fundamental para el reconocimiento y defensa no sólo de las mujeres trans, sino de las identidades trans en general en todo el mundo. En los últimos años colectivos y personas trans se han sumado a las movilizaciones de mujeres en contra de la violencia machista. La acusación de que las leyes de identidad de género, la teoría queer, y la categoría de género borran a las mujeres es un intento de quebrar una alianza que lleva años gestándose.

El transodio, que quizás es una palabra más adecuada, es algo que desde Pan y Rosas denunciamos, desde nuestra perspectiva de clase y socialista, vamos a seguir articulando acciones y, en muchos casos, militando codo a codo con nuestros y nuestras compañeres trans, porque no es una lucha de sexos, es una lucha contra un sistema de opresión y explotación. Sólo la revolución social (no simplemente cultural), que acabe con este sistema de explotación, puede sentar las bases para la emancipación de las mujeres y las diversidades sexuales.

Leé también El posmodernismo, lo queer y otras reflexiones al interior del discurso capitalista






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