Política Bolivia

OPINIÓN

Don Gualberto le gritó a la Policía: "No maten a nuestros hijos, matenme a mí. No tengo que comer"

Confrontando la represión policial que días antes habían masacrado a los vecinos de Senkata en El Alto, y el día jueves volvieron a ser brutalmente reprimidos a lo cual Don Gualberto gritaba contra los policías y con lágrimas en los ojos por los gases lacrimógenos: "No maten a nuestros hijos, mátenme a mí. Una semana que no tengo que comer y estoy sufriendo".

Carlos Cornejo

Militante de OCTUBRE y estudiante de Derecho de la UMSA

Sábado 23 de noviembre

Tras más de 2 semanas de resistencia al Golpe de Estado, Don Gualberto es una más de las personas indignadas por estas injusticias, que entre la esperanza del "diálogo" ofrecido por el golpismo y la resistencia de los sectores sociales que saben que éste es el inicio de todo un combo de medidas económicas y políticas contra los trabajadores (como los aumentos de precios, la privatización de derechos básicos como la educación, mayor desempleo, etc), comprende firmemente quienes son los enemigos: los golpistas. Don Gualberto no estaba reclamando contra el bloqueo, estaba confrontando la represión, gritando contra los policías que días antes habían masacrado a los vecinos de Senkata en El Alto, y el día jueves volvieron a ser brutalmente reprimidos a lo cual Don Gualberto gritaba con lágrimas en los ojos por los gases lacrimógenos: "No maten a nuestros hijos, mátenme a mí. Una semana que no tengo que comer y estoy sufriendo".

Para aquellos comentarios que trataban de justificar su propia cobardía a través de los gritos de Don Gualberto mostrándola como "otra prueba" para levantar los bloqueos, los revolucionarios consideramos que estos gritos son la expresión misma de lucha contra el Golpe de Estado. Son los pobres quienes más son afectados por las políticas de los gobiernos capitalistas (de las que Evo Morales y el MAS no son la excepción): el Golpe de Estado no es contra un gobierno o un partido, sino contra la clase trabajadora y el pueblo pobre, porque es a ella sobre quien recaerá las crisis económicas, y quienes serán sus futuros enemigos que necesitan disciplinar a mano militar. Desde iniciados los conflictos, según la Defensoría del Pueblo ya tenemos 30 muertos. En solo dos semanas con el gobierno autoproclamado de Áñez, 18 muertos, más de mil arrestos arbitrarios y centenas de heridos (los vecinos alteños denuncian que hay más muertos).

Mientras los sectores privilegiados continúen diciendo que "merecemos lo que tenemos en la vida", los trabajadores del campo y la ciudad sabemos que su sistema se paraliza si dejamos nuestro esfuerzo diario: trabajar. Ahí esta la expresión de lo que significa el paro nacional, dónde se muestra claramente quienes son el el verdadero pueblo, y quienes los parásitos que se enriquecen de el trabajo ajeno, que bajo sus Leyes hacen todo lo posible para que no podamos cambiar nuestras condiciones de vida.

Esa rabia porque manejen nuestras vidas a su antojo es lo que nos lleva a insurreccionarnos, a desafiar su orden legal, su "paz social". Nos planteamos un proyecto propio, como fue la Agenda del 2003. Nos planteamos dejar de pensar en "prosperidad individual" que maneja el discurso el empresario, y pensamos en librarnos de estos tiranos.

Asqueado de estos demócratas que desde inicio de sus movilizaciones el 20 de octubre dejaban un rastro de violencia racial contra las mujeres de pollera, hoy los repudio más por haber asesinado a través de su Policía y Ejército a nuestros hermanos y hermanas en Sacaba, en Senkata y demás puntos de resistencia. Repudio a los diputados del MAS, que junto a sus operadores políticos han traicionado al pueblo entregándolos a la "pacificación": negociaron con nuestros muertos, permitiéndoles consolidar el golpe.

Le agradezco con todo el corazón a Don Gualberto que demostró no rendirse ante las injusticias, no cansarse de pelear contra los asesinos de nuestra clase, le agradezco por enseñarnos a cómo luchar.

La lucha contra un sistema explotador hoy tiene más diversidad a través de la Whipala, potenciando de esta manera nuestra identidad como trabajadores del campo y la ciudad. Ésta lucha no ha terminado, ha fortalecido a nuestra clase. Dependerá de todas y todos darle continuidad a toda esta resistencia, a redoblar nuestras fuerzas para los futuros combates.

Se vienen grandes cambios que podrán sorprendernos si continuamos dentro de nuestra comodidad, pero nos fortalecerá si recordamos que éstas solas semanas de lucha y resistencia permitió romper ese silencio de los precarizados. El silencio con quienes compartimos la rabia por este mundo, compañeros y compañeras con quienes compartimos las calles gritando ¡no negocien con nuestros muertos! ¡maldita policía! ¡exigimos justicia!, y a con quienes compartíamos ese mismo y pesado sufrimiento que Don Gualberto gritaba ¡no maten a nuestros hijos!. La lucha por una identidad propia que reclaman las naciones originarias. La lucha contra todo un sistema explotador que se place de negociar con nuestras vidas y con nuestros muertos: el capitalismo y los gobiernos burgueses.

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