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Cumbre de la Internacional Progresista: Noam Chomsky al rescate de Joe Biden

El último fin de semana se realizó una cumbre virtual de la Internacional Progresista. Naomi Klein, Noam Chomsky, Yanis Varoufakis, entre otros disertaron sobre el poscapitalismo. ¿Salvar la democracia imperialista o luchar por un nuevo orden social?

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Martes 22 de septiembre | 23:44

El lingüista Noam Chomsky fue quien realizó el discurso inaugural de la cumbre de la Internacional Progresista. Hizo una definición sobre la oposición entre la Internacional Progresista y la Internacional Reaccionaria que representaría el líder de la Casa Blanca: “En cuanto a las mayores crisis que enfrentamos en este momento histórico, todas son internacionales, y dos internacionales se están formando para confrontarlas. Una da inicio hoy: la Internacional Progresista. La otra ha tomado forma bajo el liderazgo de la Casa Blanca de Trump, una Internacional Reaccionaria compuesta por los estados más reaccionarios del mundo”.

La crisis de la democracia

El prestigioso intelectual norteamericano señala que la supervivencia del republicano en el poder agravaría “las crecientes amenazas de la guerra nuclear y de catástrofe medioambiental, y el deterioro de la democracia. Esta última podría parecer fuera de contexto a primera vista, pero no lo es. (…) La única esperanza de escapar de las dos amenazas de extinción es una democracia vibrante en la que ciudadanos preocupados e informados participen plenamente en la deliberación, la formación de políticas y la acción directa”. Ciertamente la política de Trump representa una creciente tendencia al bonapartismo en detrimento de las libertades democráticas.

Chomsky, que señala cómo desde Ronald Reagan existe una sostenida guerra de clases contra los trabajadores en los EEUU, no menciona, llamativamente, a las revueltas anti-racistas extendidas por todo el territorio norteamericano y que apunta contra uno de los pilares fundamentales del Estado imperialista, como es el de sus fuerzas policiales. Trump las enfrenta con la represión y alienta el accionar de grupos fascistas para combatir la movilización que expresa la profundidad de la crisis en el corazón del imperialismo. Sin embargo, el presidente norteamericano ha contado con la colaboración del Partido Demócrata y su candidato Joe Biden, quien ha llamado a disparar en las piernas de los manifestantes. El olvido de Chomsky sirve para no incomodar a la Fundación Bernie Sanders que integra la IP y acompaña la campaña de Biden, sosteniéndolo como el mal menor contra el magnate republicano. Balazo en la cabeza o disparo en las piernas vendrían a ser las alternativas de los partidos imperialistas para las movilizaciones populares.
Chomsky, quien siempre se reivindico del pensamiento anarquista, llama a impulsar “una democracia vibrante”, sin denunciar a los demócratas ni reivindicar las gigantescas movilizaciones afroamericanas y juveniles, que son las que han dado lugar a pequeñas experiencias de una democracia directa y asamblearia. Renuncia incluso a luchar por una democracia radical para defender las instituciones retrogradas de la democracia norteamericana. Chomsky se suma a la oleada malmenorista por Biden y los demócratas, que busca desarticular la movilización anti-racista.
Como sentenciaba el viejo Federico Engels sobre el anarquismo en el siglo XIX, y las revoluciones del siglo XX corroboraron: “esos mismos hombres que se dan el título de revolucionarios, autónomos, anárquicos, etc., se han lanzado en esta ocasión a hacer política; pero la peor de las políticas, la política burguesa". El intelectual anarquista, en lugar de plantear la necesidad de un tercer partido de la clase trabajadora, defiende la trampa del bipartidismo imperialista. Todo en nombre de la Internacional Progresista.

Evitar la guerra civil

Para Chomsky la capitulación al mal menor se justificaría porque “La última jugada de Trump es advertir que podría no abandonar el cargo si no está satisfecho con los resultados de las elecciones en noviembre. La amenaza es tomada muy en serio en las altas esferas. (…) Bajo cualquier posible escenario aparte de una clara victoria de Trump, los juegos conducen a algo parecido a una guerra civil, con Trump escogiendo terminar ’el experimento estadounidense’". Es decir que, para el lingüista, la derrota republicana es la condición para evitar una guerra civil que tiene como motor, según describe certeramente, la voracidad capitalista “En 2018, por primera vez en la historia moderna de los Estados Unidos, el capital ha tenido menos impuestos que el trabajo: una victoria verdaderamente impresionante de la guerra de clases, llamada ’libertad’ en la doctrina hegemónica”. Sería el corolario de una ofensiva del capital iniciada con el reaganismo en los ‘80 que habría “roto y desechado el pacto frágil y no escrito que existía previamente durante un período de crecimiento y progreso” — durante el período de colaboración de clases bajo un capitalismo reglamentado.

La ofensiva neoliberal que describe Chomsky fue patrocinada con éxito durante la gestión de los demócratas Bill Clinton y Barak Obama. El último fue quien hizo un rescate multimillonario de los bancos en la crisis del 2008, en detrimento de millones de personas que fueron desahuciados de sus hogares y que es el origen de la situación actual. Casualmente es Obama quien impulsa la estrategia de poner fin a las movilizaciones sociales y empujar a los afroamericanos a cerrar filas con Biden para derrotar a Trump. El pensador anarquista de la IP, nos invita a evitar la guerra civil apoyando a los que permitieron la formidable ofensiva del capital sobre el trabajo. Se hace vocero de uno de los partidos imperialistas, en lugar de convocar a construir una alternativa política de los trabajadores, los afroamericanos, los latinos, las mujeres, las disidencias y la juventud, para derrotar los intentos bonapartistas de Trump, impulsar una democracia vibrante de los de abajo y derrotar a los empresarios en la guerra de clases.

Internacionalismo para frenar a la derecha

Para Chomsky “Las dos internacionales abarcan una gran parte del mundo: una a nivel de Estados, la otra al nivel de movimientos populares. Cada una es un representativo prominente de fuerzas sociales muchas más amplias, las cuales tienen imágenes del mundo muy contrapuestas que deberían emerger de la pandemia actual. Una de esas fuerzas está trabajando implacablemente para construir una versión más dura del sistema neoliberal global del cual se han beneficiado enormemente, con más intensas medidas de vigilancia y control. La otra mira hacia adelante a un mundo de justicia y paz, con energías y recursos dirigidos a servir las necesidades humanas en lugar de las demandas de una pequeña minoría. Es una especie de lucha de clases a escala global, con muchas facetas e interacciones complejas”.

En otras palabras el papel de la IP es cerrarle el paso al crecimiento de una derecha extrema que pone en peligro al planeta y la democracia, apoyado a las fuerzas progresistas, llamadas a canalizar la lucha de clases global. Uno de los disertantes de la cumbre de la IP fue Luis Arce, candidato presidencial del MAS en Bolivia.

Recordemos que Evo Morales, quien venía gobernando en acuerdo con el agro-negocio y en detrimento de los movimientos sociales, fue derrotado por un golpe de sectores de la oligarquía, con el apoyo militar, policial, eclesiástico y civil, orquestado en la Embajada de Brasil. El golpe fue enfrentado con enorme coraje por las masas de El Alto, mientras los dirigentes del MAS negociaban con la dictadura de Jeanine Añez el reconocimiento del gobierno golpista y el llamado a nuevas elecciones aceptando la proscripción de Evo como candidato. O el caso de Yanis Varoufakis, uno de los principales referentes de la IP, que fue ministro de finanzas del gobierno de Syriza en Grecia, y tuvo que renunciar cuando traicionaron el mandato popular de no aceptar las condiciones de la Unión Europea que implicó un ajuste brutal contra el pueblo griego. En Argentina integran la IP la embajadora en Rusia, Alicia Castro, y la Ministra Elizabeth Gómez Alcorta. Y si hay algo que caracteriza al gobierno de Alberto Fernández y el kirchnerismo, es que la derecha le marca la agenda.

Chomsky no apela a que la lucha de clases que recorre EEUU, Francia, Libano, y buena parte de América Latina, construya sus propias formas de representación política autónoma y construya una Internacional de los explotados para llevar adelante la guerra de clases contra el capital. Para el pensador anarquista norteamericano hay que dejar la representación política a las fuerzas que han gobernado para la burguesía en el pasado, pasivizando y cooptando a las direcciones de los movimientos sociales y capitulando frente a la derecha y sus programas.

Reforma del capitalismo

Como sostiene el nombrado Varoufakis: “A corto plazo, para evitar lo peor, el cambio mínimo necesario que necesitamos es un Green New Deal internacional que, comenzando con una reestructuración masiva de las deudas públicas y privadas, utilice herramientas financieras públicas para presionar los montones de liquidez existentes (por ejemplo, los fondos que impulsan los mercados monetarios) hacia el servicio público (por ejemplo, una revolución de la energía verde).

El problema que enfrentamos no es sólo que nuestros regímenes oligárquicos lucharán con uñas y dientes contra cualquier programa de este tipo. Un problema aún más difícil de resolver es que un Green New Deal internacional, del tipo al que se ha aludido anteriormente, puede ser una condición necesaria pero no es, ciertamente, una condición suficiente para "crear un futuro para la humanidad por el que valga la pena luchar”. La IP renuncia a todo proyecto anticapitalista de antemano. Considera que hay que apoyarse en los sectores desplazados del capital industrial contra el poder del capital financiero ya que este se ha independizado de la vida real y la producción imponiendo su dictadura: “A los mercados financieros de todo el mundo les va bastante bien en un momento en que los trabajadores y el capital industrial están sufriendo masivamente. El mundo del dinero y las finanzas están desvinculadas del mundo de la producción".

En conclusión, la Internacional Progresista no convoca a un internacionalismo anticapitalista que organice la fuerza de trabajadores y pueblos oprimidos para quebrar la resistencia del capital, que como dice el economista griego “luchara con uñas y dientes” contra cualquier intento de reforma incluso. No se propone librar la guerra de clases en nombre de los explotados, sino contenerla. La IP busca unir al centroizquierdismo global que alguna vez supo aglutinar la socialdemocracia, para reflotar una internacional de la reforma del capital.






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