Géneros y Sexualidades

DEBATE FEMINISTA

Capital, bienes comunes y reproducción social. Un contrapunto con las elaboraciones de Silvia Federici

Juana Runa

Militante de Pan y Rosas

Sábado 4 de mayo | 13:00

En los últimos años venimos siendo testigos de la emergencia del movimiento de mujeres en todo el mundo y en particular en nuestra región. Este fenómeno coloca a las mujeres como protagonistas de diversas luchas no sólo por la reivindicación de demandas de género como el derecho al aborto, el derecho a NiUnaMenos, a iguales condiciones laborales que los hombres, etc., sino también de luchas diversas contra el extractivismo y el despojo de capitales trasnacionales a los territorios y sus recursos naturales, contra las brutales medidas antimigratorias y otras.

En este escenario, algunos sectores, colectivos y agrupaciones del heterogéneo movimiento de mujeres adoptaron varias formulaciones teóricas de Silvia Federici, convirtiéndola en una referencia ineludible para pensar un mundo más allá del capitalismo.

En Bolivia particularmente, la importancia de Federici radica en sus esfuerzos intelectuales de vincular la defensa de las tierras comunales con las demandas de género y desde una perspectiva feminista que pone en el centro de la discusión la cuestión de la reproducción social. Esta vinculación entre los territorios, los bienes comunes y la lucha por la revalorización del “trabajo reproductivo” es sostenida por diversos colectivos más si tomamos en cuenta la importancia de las comunidades en nuestro país y donde más de 23 millones de hectáreas son reconocidas como tierras comunales.

En las líneas siguientes ponemos en discusión algunos de los ejes centrales de trabajos de Federici sobre el feminismo y la política de los comunes [1].

Algunos de los postulados teóricos de Federici

Federici plantea cómo a través de los planes de ajuste estructural impulsados por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial durante el neoliberalismo, se fue imponiendo mecanismos que tienen como efecto no sólo el despojo a través de la generalización de la deuda sino también la creación de nuevos cercamientos de los bienes comunes (enclosures) producto de las privatizaciones de la tierra y la consiguiente destrucción de los derechos consuetudinarios, de los regímenes de tierras comunales y de las formas de subsistencia. De esta manera para Federici la acumulación originaria sería un proceso permanente y continuo y no limitado a un determinado momento histórico como afirmó Marx.

En este escenario, aborda la defensa de los bienes comunes como una forma de resistencia que esboza la posibilidad de una sociedad alternativa al capitalismo. El fundamento para esto son las relaciones de solidaridad y de cooperación que permiten redefinir de otra manera -no capitalista- la noción del espacio y el tiempo. Para ello coloca en el centro de la discusión la cuestión de la reproducción social entendiendo que ésta precede a la producción social y que las mujeres históricamente han estado vinculadas al trabajo reproductivo. En este sentido, la resistencia de las mujeres y las comunidades a la privatización también se configura como una resistencia al despojo de los conocimientos, los saberes y toda una cultura que se ha ido construyendo en torno a ese trabajo reproductivo durante siglos. De esta manera afirma que el capitalismo está en bancarrota y tiene que ser reemplazado.

De ahí concluye que el trabajo reproductivo es la base material de nuestra vida y el primer terreno en el que podemos practicar nuestra capacidad de autogobierno. Con esta visión Federici pareciera invitarnos a una revolución, "la zona cero de la revolución", que se despliega desde el ámbito de lo doméstico y lo cotidiano.

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El alternativismo como negación explícita de la Estrategia

Con esta visión Federici va sentando las bases de una concepción de lo político que va a tener como sujeto central a las mujeres ya que son ellas, fundamentalmente, las que realizan el trabajo reproductivo en todo el mundo. Así, una política que no separe el tiempo de trabajo de la reproducción social del tiempo de la organización política es lo que definiría la noción de política feminista. Las actividades de resistencia son ya manifestaciones de una nueva forma de hacer política, autónoma y no referenciada en el Estado.

La política entendida como la actividad pública referenciada en el Estado queda subsumida en lo social, dando lugar a un concepto alternativo de lo político. De esta manera, Federici se inscribe en lo que, en el mundo político y académico, se ha dado en llamar como corriente autonomista o alternativista que supone pensar espacios alternativos de gestión de lo común y de nuevas relaciones sociales portadoras de un contenido igualitarista. En su trabajo nos brinda algunos ejemplos de esto. En base a su experiencia en África, cuenta cómo las mujeres que habían sido despojadas de su tierra y de los bienes esenciales para garantizar su reproducción social se ven obligadas a cultivar a la vera de las vías del tren o de las autopistas “reapropiándose” del espacio público y de espacios disponibles para producir alimentos para su subsistencia. O el caso en Argentina, cuando frente a la crisis del 2001 en los barrios se desarrollaron mecanismos de trueque y otras formas de economía de subsistencia. O las huertas urbanas (lo que llama “rurbanización”) en algunos barrios en ciudades de Estados Unidos para producir alimentos para el propio consumo. Experiencias estas que Federici califica como límites puestos al capital en tanto serían manifestaciones de resistencia al capital y portadoras de relaciones sociales no capitalistas.

Para esta construcción teórica Federici fuerza una división entre el trabajo reproductivo y el trabajo productivo en Marx desconociendo que esta división es ajena al marxismo, ya que el estudio de El Capital en Marx es un estudio de la forma capitalista de la reproducción social como una totalidad orgánica. La división entre trabajo productivo y reproductivo aparece en Federici como una traslación de los conceptos de la academia del derecho privado y derecho público propia del derecho burgués. La división conceptual entre producción y reproducción es un equívoco importante que impide ver los mecanismos de reproducción del Capital e incluso el porqué de los mecanismos de despojo que se ponen en marcha cada vez que emerge una esfera que es susceptible de ser valorizada para el Capital. Este equívoco la lleva a afirmar que el trabajo reproductivo y de cuidado en el ámbito doméstico contribuye de una manera velada a la producción de plusvalía para el capital y por lo tanto que este trabajo sería clave para comprender el fenómeno de la acumulación originaria de capital cuestión que no habría sido contemplada por Marx. Critica al marxismo por haber contribuido a la invisibilización de este trabajo y a su estigmatización como “improductivo”. Ahora bien, que el trabajo reproductivo no sea considerado productivo o útil desde el punto de vista del capital de ninguna manera significa que para el marxismo también sea inútil o sin valor, sino que todo este trabajo se encuentra subsumido al servicio del Capital pero dónde el centro de gravedad para garantizar su reproducción (de él Capital) es la explotación de la fuerza de trabajo vivo que produce valores de cambio. Así, la categoría de Valor en Marx, no es una categoría moral como pretende definirla Federici, ya que es una categoría referenciada en el Capital. Para el Capital será trabajo productivo todo aquel que permita incrementar y valorizar ese capital.

Aclaremos esto último con un ejemplo. El trabajo realizado en el hogar preparando una determinada comida para el consumo de la familia, es decir, que se agota como valor de uso en el mismo lugar de su producción, para el capital sería un trabajo improductivo y sin “valor”. Sin embargo, ese mismo trabajo realizado en un restaurante o pensión y destinado al intercambio en el mercado, sería un trabajo productivo y creador de valor al permitir la valorización de ese capital que lo puso en movimiento. Como vemos aquí no hay una dimensión valorativa moral de si es útil o no. Sino lo que hay es una categoría que permite entender cómo funcionan los procesos de acumulación capitalista.

Con esta visión de lo reproductivo, la estructura conceptual de Federici no puede dar cuenta de fenómenos que podríamos llamar paradójicos. Un ejemplo es lo sucedido en las tierras comunales de origen consuetudinario en regiones productoras de quinua, actividad que históricamente estuvo en manos de las mujeres y destinada esencialmente al autoconsumo y que se ha ido transformado paulatinamente en trabajo productivo para el mercado mundial. Parte de este proceso puso en evidencia un fenómeno de acaparamiento de tierras llevado adelante por los mismos comunarios aunque las formas jurídicas de propiedad de la tierra sigan siendo colectivas. Como vemos lo comunal no es intrínsicamente anticapitalista sino que puede ser resignificado en función de las necesidades de reproducción del capital pero además este proceso prescinde del género de los sujetos que llevan adelante esta transformación de lo reproductivo en productivo. La teoría de Federici pierde fuerza explicativa por ejemplo cuando observamos el fenómeno de privatización o enclaustramiento de tierras comunales llevada adelante por las mismas comunidades o parte de ellas, tal es el caso del ayllu Quila Quilla de la Nación Qhara Qhara y la reciente disputa interna sobre titular la tierra individualmente o mantener la forma jurídica colectiva.

Un segundo problema que se desprende de esta visión tiene que ver con la afirmación de que la acumulación originaria del capital no estaría limitada a un determinado momento histórico y geográfico sino que este sería un proceso continuo y permanente para que el Capital pueda seguir reproduciéndose. Esta visión sobre los mecanismos de despojo y de acumulación de capital, es una mirada deshistorizada, que impide comprender el porqué de la extensión e intensa generalización de las relaciones sociales capitalistas de producción en prácticamente todas las esferas de la vida social durante el siglo XX. Así mismo, esta visión de Federici de la acumulación originaria de capital, como fenómeno permanente, sobre la base fundamental del despojo (de tierras y recursos comunes y/o por la deuda) se traduce en una visión en la que el Capital solo podría producirse/reproducirse sobre la base del enclaustramiento de los bienes y la riqueza no capitalista. De esta manera termina devaluando los mecanismos internos de reproducción del Capital sobre la base de extraer plusvalía de la fuerza de trabajo en el proceso de trabajo controlado por el capital. Esto conduce a no comprender cuál es el centro de gravedad del modo de producción capitalista y por lo tanto cuál sería el mecanismo para destruirlo.

Tercero, Federici ve en Marx una supuesta confianza en el carácter “progresista” de la tecnología, el desarrollo y el modo de producción capitalista. Según la autora, Marx habría depositado su esperanza y esperado que de manera automática, el avance tecnológico, es decir, la tendencia a la subida de la composición orgánica del capital, lleve como destino final al comunismo. Sin embargo, la obra de Marx está muy lejos de comprender la tecnología como un factor independiente y autónomo sino que está centrada en el estudio de las relaciones sociales de producción capitalistas.

Aunque aborda en múltiples partes de su trabajo la relación destructiva del capitalismo con la naturaleza y la ecología, criticando la supuesta visión de Marx sobre el carácter progresivo del capitalismo, el que no hayan referencias a la afirmación de Marx y al concepto marxista de que el capitalismo se basó en la “ruptura metabólica” de las relaciones del ser humano con la naturaleza, muestra una visión unilateral o por lo menos incompleta de Marx. El concepto de ruptura metabólica entre el ser humano y la naturaleza formulado por Marx en 1844 [2] es central para entender el rol depredador del capitalismo sobre la naturaleza y el ser humano, lo que para Federici pareciera darle poca importancia. Así mismo, en momentos en que la crisis ambiental y ecológica está conduciendo a la destrucción del planeta amenazando la vida misma de nuestra especie, este concepto es fundamental para entender la ruptura del ser humano consigo mismo, por la alienación de sí mismo, su cosificación y por lo tanto su deshumanización y desnaturalización. La ruptura metabólica con la naturaleza, para el marxismo, provocada por la gran industria capitalista no es sólo un concepto sino un problema político a resolver cuyo pre-requisito es terminar con las relaciones capitalistas de producción.

Finalmente y como un cuarto elemento a problematizar es la idea de clases sociales, ya que para Federici los sujetos que resisten los avances del capital no serían los asalariados sino que este concepto se extendería a las mujeres, a los refugiados, a los vagabundos, a los bandoleros y todas aquellas víctimas del despojo y explotación capitalista. Tomando aportes de las formulaciones de Franz Fanon, y su propia contribución desde el Calibán y la Bruja, intenta visibilizar a otros sujetos sociales que estarían invisibilizados por la construcción teórica del marxismo y su centralidad proletaria. En sus palabras, con estos aportes se pone en re-consideración que la experiencia de las colonias exige un replanteamiento del marxismo en su conjunto ya que o bien se reformula para incorporar las experiencias del 75% de la población mundial que no son proletarios, o dejaría de ser una fuerza liberadora y más bien “se convertiría en un obstáculo para ello”. Sin embargo, no puede explicar la transformación estructural de la clase obrera en las últimas décadas donde hoy más del 40% de la fuerza de trabajo asalariada es femenina ni tampoco el crecimiento de esta misma clase obrera que desde un punto de vista social hoy es numéricamente muchísimo más grande que en los tiempos que Fanon escribió su trabajo. Con su visión Federici, al no comprender cuál es el centro de gravedad del capitalismo termina por desdibujar al sujeto que por su posición estratégica en la producción, distribución de mercancías y más en general, en el funcionamiento de toda la sociedad capitalista (servicios, finanzas, etc.) podría asestar el golpe definitivo en el centro de gravedad del capitalismo. Es esta posición estratégica la que puede permitir construir una hegemonía anticapitalista con el 75% que según ella estaría invisibilizado por el marxismo. La posibilidad de construir hegemonía desde el corazón mismo del modo de producción capitalista es la que puede permitir forjar una estrategia para vencer al capitalismo y no para convivir “alternativamente” con él.

Para Federici en cambio, la lucha contra el capitalismo se basa en tejer redes de acciones de solidaridad y resistencia, en una política que no se referencie en el Estado y que por lo tanto se construya como alternativa al capitalismo; es decir es una lógica de resistencia absoluta, una negación explicita de cualquier estrategia que busque derribar la sociedad capitalista como un objetivo político, por lo tanto posible. Es decir, encontrar el momento para pasar de la resistencia a la ofensiva. La lucha contra el capitalismo despojada de este motor político se desplaza entonces al terreno de la moral como un deber de "vida o muerte" [3].

Finalizando podemos afirmar que si bien Federici, construye una concepción muy propia de la relación entre los bienes comunes, el trabajo reproductivo y el rol de las mujeres en el mismo, comparte con otras corrientes de pensamiento autonomista una visión común sobre cómo enfrentar al capitalismo -el alternativismo- idealizando situaciones creadas por el capital como es la producción de subsistencia, convirtiendo esta necesidad para sobrevivir, en una virtud. La lucha contra el capitalismo deja de ser un objetivo político realizable y se transforma solo en una guía moral de la resistencia.

El creciente rol estratégico de la mujer trabajadora

Coincidimos con Federici que las mujeres podemos y debemos cumplir un papel decisivo en la lucha contra el capitalismo. El poderoso despertar de millones de mujeres en todo el mundo que están cuestionando en las calles al patriarcado, exigiendo derechos básicos vulnerados como es el control sobre nuestro propio cuerpo y demandas que se extienden a las esferas económicas y sociales es lo que está modificando las agendas políticas en diversos países. Este despertar sin embargo se da en un escenario, en el que producto de los avances del capital en múltiples ámbitos durante el ciclo neoliberal que además de fragmentar, precarizar y flexibilizar el trabajo de las y los asalariados, también ha agravado los mecanismos de despojo y de privatizaciones poniendo en primer plano la discusión del trabajo reproductivo, tanto asalariado como no asalariado. La privatización creciente de servicios vinculados a la reproducción social de la vida misma (como la salud, la educación, la seguridad social, etc.) está alentando la resistencia no sólo de sectores asalariados sino de las comunidades, barriadas populares, etc.

Todos estos cambios otorgan a las mujeres un lugar privilegiado, estratégico y de sujetas peligrosas como señala Paula Varela en “Con los ojos de las mujeres” (Ideas de Izquierda, 2/09/2018). Es decir, un lugar de “puente” entre las esferas reproductiva y productiva – separadas por el capitalismo- y la posibilidad de que las mujeres empecemos a cumplir un papel estratégico en la lucha por la unidad de las filas obreras y contra el capitalismo y el patriarcado, terminando con ese divorcio artificial provocado por la misma sociedad capitalista entre lo reproductivo y productivo, entre lo público y lo privado, entre lo social y lo político, entre lo sindical y la política.

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Este lugar de puente plantea la importancia de que la clase obrera tome como propias las demandas de género, las cuales no fueron tomadas en cuenta durante el siglo XX como demandas de clase fundamentalmente por el rol conservador y cómplice del estalinismo y las burocracias sindicales, habituadas a las demandas meramente corporativas y sindicales. Hoy las mismas deben ser consideradas como demandas de clase, sentando las bases para que las mujeres se conviertan en la levadura que arranque de su letargo a los grandes destacamentos de los trabajadores que aún se encuentran resistiendo en la última trinchera del sindicalismo y corporativismo.

Hoy si el movimiento de mujeres penetra en fábricas, empresas, talleres, y demás resortes de la economía capitalista pueden provocar el reverdecer del movimiento obrero en términos políticos. Esta situación es la que plantea también la posibilidad de que las mujeres dejemos de ser vistas únicamente como víctimas de una doble, triple opresión sino que empecemos a ser consideradas por los personeros de la sociedad capitalista, de las burocracias sindicales, etc., como sujetos peligrosos.

Es sobre esta perspectiva que peleamos e impulsamos la organización y la movilización de las mujeres trabajadoras porque junto con nuestros compañeros trabajadores, movemos los hilos de la economía mundial, y porque somos nosotras las que podemos sembrar una perspectiva de lucha anticapitalista como un objetivo político al tener en nuestras manos la posibilidad de transformar en un sentido revolucionario al conjunto de la clase obrera ya no divorciada de lo que hace a su propia reproducción.

¡El capitalismo y el patriarcado no se van a caer, al capitalismo y al patriarcado hay que tirarlos!

Notas al pie:
1. Silvia Federici, 2019. Re-encantando al mundo: Feminismo y Política de los Comunes. PM Press. Kairos books.

2. K. Marx "Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844".

3. Silvia Federici, 2016. El Calibán y la Bruja. 2da edición Autodeterminación/Kamake. La Paz, Bolivia.

Referencias

Andrea D´Atri y Celeste Murillo, 2018. Nosotras, el proletariado en Ideas de Izquierda (22/07/2018)

Paula Varela, 2018. Con los ojos de las mujeres en Ideas de Izquierda (2/09/2018)






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