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“Bartleby” de Melville: “I would prefer not to” un repudio poderoso a la enajenación capitalista

Bartleby de Herman Melville es uno de los cuentos más importantes de la literatura de los Estados Unidos.

Sergio Abraham Méndez Moissen

México @SergioMoissens

Lunes 21 de agosto | 20:13

Una vez escuché que Moby Dick era un tratado de cetología para ser leído en el medio de alguna hospitalización. Reí a carcajadas pues consideré que las más de mil páginas podrían ser “aburridas” para el que aseveró, irresponsablemente, que Melville más que un escritor era un científico. Esa afirmación es un gran error.

Moby Dick es una genialidad. El Capitan Ahab es el personaje más obsesivo de la historia de las letras. ¿Será una exageración? Su épica fascinación y autodestrucción por pescar al cachalote legendario le llevó a ser la representación de la maldad.

Bien. Melville escribió en 1853 un cuento titulado Bartleby, el escribiente (publicado en una segunda ocasión con pequeños cambios en 1856), una de las críticas más mordaces a la vida cotidiana en el capitalismo. A diferencia de Moby Dick, escasas treinta páginas bastaron a Melville para escribir una oda a la insubordinación.

El poder de “preferiría no hacerlo”

Su texto se convirtió en un clásico del debate filosófico y despertó una polémica entre Giorgio Agamben, Lewis Mumford y Slavoj Zizek, anticipada por Gilles Deleuze. Borges aseguró que Melville anticipó a Kafka. Jacques Derrida y Ranciere también se volvieron locos al leer la profecía de Wall Street. Negri y M. Hardt no podían quedarse en silencio.

Léalo usted mismo y no se deje llevar. De su texto se desprenden irregulares debates sobre la justicia, la insubordinación, la revuelta, el derecho, la alienación. Le darán muchas ganas de pensar sobre su vida cotidiana y su relaciones humanas.

El cuento de Melville es poderoso. Cuenta la vida de Bartleby un abogado de Wall Street. Un día su jefe le pide hacer algo y Bartleby responde “I would prefer not to”: preferiría no hacerlo. No, el poder de decir "me insubordino, no quiero seguir mi vida rutinaria, detener las reglas y de reclamar el derecho a disentir: a elegir que se debe hacer". Después, el jefe le pide más cosas y Bartleby responde de tiempo en tiempo: “preferiría no, no hacerlo”.

El poderoso mensaje de Bartleby es: no. Elige otra cosa. El personaje de Bartleby termina en la cárcel, luego de ser vagabundo, muere luego de no comer. Constituye un enigma: ¿Está loco? ¿Es un esquizofrénico? ¿Tiene algún problema? No. Ninguno, simplemente disiente.

Relata Melville “supe después que cuando le dijeron al amanuense que sería conducido a la cárcel, éste no ofreció la menor resistencia. Con su pálido modo inalterable, silenciosamente asintió. Algunos curiosos o apiadados espectadores se unieron al grupo; encabezada por uno de los gendarmes, del brazo de Bartleby, la silenciosa procesión siguió su camino entre todo el ruido, y el calor, y la felicidad de las aturdidas calles al mediodía.”


Muerte de Bartleby

“Preferiría no hacerlo” es un elogio a insubordinarse: a elegir eso que llaman vida en el capitalismo. Muere, al elegir, como nadie más en el capitalismo dominado por la enajenación y la alienación de la vida moderna.

En el capitalismo se nos dice “Escoge estudiar, se una persona de bien, elige un trabajo, una familia. Tu sexualidad, normativa. Escoge un auto, ten una mascota, un jardín en casa. Llega temprano a tu trabajo y ser ejemplar. Elige una vida llena de cosas saludables."

En los tiempos que corren, un siglo después del potente texto de Melville, el capitalismo dice: “Pasa los fines de semana viendo Netflix para tener de qué hablar en la oficina, consigue un buen celular, sube tus fotos a Instagram, viaja y se vegetariano, busca tener más “likes”, consigue un crédito y paga un buen auto, el más rápido, compra ropa de marca de moda, una megapantalla un Black Friday. Saca las nuevas aplicaciones para estar a la moda (Sarahah), fotos en filtro, más filtros, más “likes”, más filtros.”

Escoge vivir, para morir. Y todos los días que seguimos el ritmo de esta vida banal, frívola y enajenante: morimos. Morimos, todos los días.

Leer: Sarahah: la nueva red social que nació del miedo a los jefes y patrones

Dice Agamben: “A veces, el blanquecino empleado rescata un anillo de dentro de un papel doblado: el dedo al que iba destinado posiblemente se descomponga en la tumba; o un billete enviado con la caridad más cuidada: aquel que debía socorrer ya no come ni pasa hambre; pide perdón por aquellos que han muerto desesperados; esperanza para aquellos que han muerto desesperados; esperanza para aquellos que han muerto desesperanzados; buenas nuevas para aquellos que han muerto abatidos por las calamidades no aliviadas. Con mensajes de vida, estas cartas se precipitan hacia la muerte. Ah, Bartleby! Ah,humanidad!”


Protesta durante el proceso de Occupy Wall Street

Bartleby rechaza el egoísmo, la frivolidad, la enajenación, la explotación y decide tomar, con el poderoso mensaje “preferiría no hacerlo”, el rumbo de su vida. ¿No acaso toda revuelta, rebelión, revolución comienza con un “no” ? Como dice un poema de Javier Raya “Una lucha comienza así: disiento.” ¿No?

La sociedad futura, la anticipadora, comienza con un “preferiría no hacerlo, colectivo” un repudio generalizado a la enajenación capitalista.






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