Mundo Obrero Bolivia

TRIBUNA ABIERTA

A 8 meses de ser despedidos: Viva la lucha y huelga de hambre de las y los trabajadores de PROSIL

117 trabajadores y trabajadoras fueron despedidos hace 8 meses de la empresa PROSIL y a partir de aquel momento el sindicato se ha convertido en el único instrumento de organización, que posibilita la lucha diaria y unitaria. Después de 4 meses en la que la empresa cierra las puertas, ellos, asumen la medida de vigilia permanente en puertas de la misma y hace 10 días, 5 de ellos han optado por asumir la extrema medida de la huelga de hambre. En el caso de que sus demandas, pago de sueldos adeudados de 8 meses y reincorporación inmediata a su fuente trabajo, no sean escuchadas, radicalizarán las medidas de presión: “queda crucificarnos y cosernos los labios”.

Viernes 18 de septiembre | 14:26

Foto: Corresponsal LID Cochabamba

Hasta antes de la pandemia, fabricaban algunos enseres de goma que hay en casa: pisos de goma, suelas de los zapatos, tapabarros de los autos, trapeadores de goma y otros. Sus jornadas de trabajo, muchas veces duraban hasta 18 horas al día. He aquí la expresión viva de cómo el capital absorbe hasta donde más no puede la fuerza de trabajo de los obreros, éstos apenas tienen 6 horas de descanso y ya nada para la familia ni para el desarrollo personal, han sido convertidos en apéndices de las máquinas.

El proceso social productivo les ha permitido entablar lazos indisolubles. Hoy tienen organizada una olla común en el punto de vigilia; las familias que no tienen ingresos desde hace ya 8 meses llevan de este punto un plato de comida a sus familias, dicen: “nuestros hijos no pueden quedar sin alimentos, son hijos de todos”, “no se puede permitir que alguien no tenga un pan en la mesa”.

“La patronal nos ha tratado como a basura despidiéndonos de la noche a la mañana, pese a que se señaló (desde el gobierno) que no debería realizarse despidos”. El empresariado no ha dado la cara y se sabe que en otros casos similares a la de esta empresa, simplemente han desaparecido. Se analiza la posibilidad, al igual que otros sindicatos, de hacer funcionar la empresa bajo la administración y gestión directa de los trabajadores.

Se sabe que la movilización depende de la incorporación de otros obreros en similares condiciones y también del apoyo de otros sectores (comerciantes, transportistas, profesores). Instan a la Central Obrera Bolivia (COB), a la Central Obrera Departamental (COD) y la Federación Departamental de Fabriles a convocar a una lucha unitaria de los trabajadores, y que esto se exprese en ampliados y movilizaciones masivas.

A continuación, un breve resumen de vida y testimonios de los huelguistas:

Matilde Mamani
Tiene 40 años, 3 hijos, es migrante de Sucre, de padre y madre quechua - campesinos (Chayanta- Norte Potosí). A partir del trabajo que realizaba como obrera desde hace 10 años atrás, ella se constituía en el único sustento económico de sus hijos y su madre de 88 años de edad, la cual actualmente se encuentra enferma. Textualmente señala: “Estamos en esta huelga de hambre porque las autoridades no nos escuchan. Yo no tengo dinero para cuidar a mi madre y llevarla a un hospital, no tengo para comer ni comprar medicamentos, necesitamos ser escuchados, que nos apoyen los diferentes sindicatos, ahora es cuando (debemos) unirnos en esta batalla y luchar, porque hay muchos en la misma situación que nosotros; mis hijos no tienen qué comer; mis compañeros de la vigilia les están llevando alimentos, un plato de comida, con eso están mis wawas, mi único deseo ahora es retornar a mi hogar y decirles “hijitos estoy acá, ya no van a estar solos” y que ellos me digan “mami no llores, ya estamos contigo”. Me pregunto: “¿Hasta cuándo vamos a llorar?”.

Jhonny Soria
De Lallagua-Potosi, migra hacia Cochabamba siendo aún un niño, producto de la política de relocalización adoptada en 1985 – 1992 que deja a su padre sin trabajo; tiene 41 años, un hijo, y ha sido trabajador de la empresa durante 15 años. Toma la extrema medida de la huelga exigiendo la reincorporación a su fuente de trabajo, frente a un despido injustificado del empresariado que se ha declarado en quiebra. Nos dice: “Lo que estamos exigiendo es la cancelación de 8 meses de sueldo y hemos asumido la huelga cansados de no ser escuchados por el Ministerio de Trabajo, la Federación, la COB. En caso de no ser atendidos, tomaremos otras medidas como la crucifixión y nos coseremos los labios. Nosotros fabricamos todo lo relacionado con gomas: plantas de calzados, pisos, guardabarros, trapeadores. Esto se va comercializando en todos los departamentos del país, principalmente en Cochabamba, La Paz y Santa Cruz”.

Lucia Siles
Vive en Quillacollo, su madre es campesina-quechua migrante de Morochata - provincia Ayopaya, tiene 36 años. Cuando ella tenía 9 años dejó la escuela para apoyar a su madre en el cuidado de sus 5 hermanos menores. Empezó a trabajar como ayudante de cocina, ayudante de carnicería, transitó a prestar servicios de limpieza para después ser obrera en PROSIL, lugar en el que trabajó ya 9 años.

Tenía dos hijas hasta hace dos meses atrás.

Durante la cuarentena, mientras ella se encontraba con sus compañeros de trabajo en el punto de vigilia, un trágico miércoles día 22 de julio, Madelen, la hija mayor de 21 años tuvo un accidente. Vio de la noche a la mañana como su “nena” no podía ya hablar, ella sólo le iba apretando las manos, intentando de esa forma sujetarse a la vida, intentando no desvanecerse, pero fue perdiendo de a poco el brillo en los ojos, fue perdiendo de a poco la vida. Ahora sólo tiene una. Exige justicia para Madelen porque el autor del accidente ha quedado libre.

“No tenemos que comer, casi el 50% de los trabajadores somos mujeres, una mayoría somos madres solteras, debemos de la luz, debemos de alquileres, algunas están siendo desalojadas. En la vigilia se tiene una olla común, de ahí las madres están llevando comida a sus casas. Después de la muerte de mi hija mayor, estoy sólo con una hija y así voy a seguir de pie, luchando hasta el final. De la noche a la mañana la patronal nos ha echado como a perros, a la calle, sin decirnos una sola palabra. Ahora no tenemos nada, nuestros hijos están abandonados. Le digo a la señora presidenta que como madre se ponga la mano al pecho, ella dijo claramente que no iba haber despidos en esta pandemia y miren ahora donde estamos, en las calles. Acá no tenemos apoyo de la Federación ni de los de la COB; somos nosotros que estamos caminando, no estamos pidiendo limosnas, estamos exigiendo nuestros derechos, que nos paguen los 8 meses, ¿quien vive así?”.

Gustavo Rodríguez
Es de Oruro, sus padres son de Morochata y el centro minero Kami (Provincia Ayopaya), tiene 38 años y dos hijos. Ha trabajado en la empresa durante 18 años, en jornadas de trabajo que a veces empezaba a las 4 de la mañana y concluía a las 10 de la noche. Ahora se encuentra en el piquete de huelga porque está en contra de la solución que la patronal les ha propuesto: pagarles sólo el 10% de su sueldo, dotarles en producto el valor del 10% de su salario y el restante 80% pagarles en cuotas. En caso de no responderse a sus demandas, radicalizarán las medidas pese a los intentos de intimidación y trato indigno que se ha tenido hasta ahora.

“El empresariado como a perros nos ha echado, incluso ha iniciado un proceso contra nuestro dirigente principal. Nosotros vamos a masificar y radicalizar las medidas de presión. Nosotros pedimos lo justo: pago de sueldo y reincorporación a nuestra fuente laboral.

El empresario tiene una hacienda en San Ignacio de Velasco, tiene 10.000 cabezas de ganado, yo he ido a trabajar allá. El se ríe de nosotros, su esposa nos dice flojos vagos, vayan a trabajar, estamos calientes y vamos a llegar hasta las últimas consecuencias, no tenemos nada que perder”.

Waldo Avila
De Quillacollo, de padres oriundos de Potosi –Paylaviri, nieto de abuelos quechua -campesinos, tiene 33 años y 3 hijos. A 10 días de la huelga de hambre ya siente cansancio, náuseas y estirones al igual que el resto de los huelguistas.

Señala que la unidad de todos los sindicatos es importante y que la Federación debería convocar a una marcha de solidaridad y unidad de todos los fabriles de Cochabamba, como también de la población.

“Como trabajadores fabriles indicamos que esta situación no sólo se está presentado en PROSIL, esta movilización es de y para todos los trabajadores. Paremos la masacre blanca de parte de la patronal, y eso será posible con nuestra unidad. Sabíamos que en esta pandemia no debería haber despidos, pero sin embargo la patronal está ejecutando sin miedo a la parte obrera. En caso de que no responderse a nuestras demandas radicalizaremos las medidas de presión. No vamos a desmayar, tras de esto están nuestros hijos y no es justo que seamos tratados como basura”.






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